Cartel del curso UNER 2022-2023

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2022.

Contemplar un icono

El cartel de este curso UNER quiere ofrecernos un nítido icono, que se convierta en espejo donde mirarnos y aprender a vivir actitudes evangélicas y eucarísticas que nos hagan salir al encuentro, como próximos, de nuestros prójimos. Esta contemplación a la luz de la lámpara del Sagrario nos permitirá encontrarnos con el Buen Samaritano Eucarístico. Él es quien verdaderamente sale a nuestro encuentro para socorrernos, curarnos y llevarnos a la posada, que es la Iglesia. Si somos eucarísticos hemos de ser buenos samaritanos.
El cartel del curso es un fotografía de un mosaico obra del P. Marko Ivan Rupnik, s.j., quien es artista, teólogo, escritor, director del Taller de Arte Espiritual del Centro Aletti (Roma) y autor de numerosas imágenes de iglesias, santuarios y hospitales. Este buen samaritano se encuentra en la Capilla del Santísimo de la Catedral de la Almudena (Madrid). Está al lado derecho del Sagrario. Se vislumbra la unidad del misterio: El amor eucarístico de Cristo, el amor al hermano necesitado.

En su obras tiene gran importancia el colorido. Cristo es la luz que otorga belleza, vida y movimiento. El blanco representa el Espíritu; el rojo, lo divino; el marrón, lo frágil y terreno; el negro: el pecado; las partes en oro remiten a la santidad y fidelidad de Dios. Existe una fina franja negra que divide la escena entre la presencia del pecado y la vulnerabilidad humana, y Cristo rescatador de la humanidad herida.

El círculo sobre la cabeza del Jesús, el buen samaritano, nos remite a la figura geométrica perfecta, sin principio ni fin, mostrando de este modo a Dios mismo en su divinidad y santidad. Además, viste de blanco, para subrayar que Él es la verdadera luz del mundo. Ceñida la cintura, como en el lavatorio de los pies, repite la posición propia del trabajo, del quehacer cotidiano.

Con su mano izquierda, el buen samaritano acaricia, sostiene y consuela y con la derecha, bien arremangado, como en el lavatorio de los pies, cura y desinfecta con el vino nuevo de su sangre redentora.

Se deja entrever el pie izquierdo de Jesús que está dirigido hacia adelante, es la dirección que toma el Emmanuel. Está calzado, signo de dignidad, con voluntad firme y libre de dirigir siempre sus pasos hacia el encuentro con alguien. Los pies desnudos del herido nos remiten en la forma y la postura a los pies clavados de Cristo en la cruz.

El personaje herido está a ras de suelo y solo algo erguido porque es sostenido. No tiene sandalias y ha sido despojado de casi todas sus vestiduras. Su cabeza inclinada hacia Jesús nos invita a reconocer humildemente lo que somos y tenemos, la necesidad que tenemos del Otro para salir adelante.

Ambos personajes tienen heridas. Las llagas en las manos de Jesús son las que le provocaron los clavos que le sujetaron a la cruz. El hombre también tiene heridas a la altura del corazón y costado. Sus rostros, tan parecidos, nos quieren recordar la afirmación del Señor: «lo que hacéis a uno de estos a mí me lo hacéis» (cf. Mt 25,31-46).

Finalmente, la jarra de vino, desinfectante que contiene alcohol se convierte en medicina de inmortalidad (Eucaristía) y el mantel blanco, signo del Espíritu, con la línea roja, es presencia de lo divino.

Mª del Valle Camino Gago, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, San Manuel González, San Manuel González García.

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