La FER en el mundo: Convivencia JER en Valencia

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2022.

Compartiendo momentos sencillos y únicos

El fin de semana posterior al 4 de marzo, la JER de Valencia organizó una convivencia en Benitachell. Comenzó el sábado 5 por la mañana, bien temprano, y finalizó el domingo por la tarde. Una vez más, los jóvenes pudieron comprobar que Dios siempre sale al encuentro y muestra su amor con cariño, ternura y, sobre todo, ¡con maravillosas sorpresas!
El inicio, como muchas veces ocurre, puso a prueba el entusiasmo de los asistentes, ya que no funcionaba la puerta, la casa no estaba en condiciones, etc. Sin embargo, ¡qué agradable quedó todo gracias al trabajo de cada uno! Un verdadero hogar conseguido por el esfuerzo de todos.

Las actividades consistieron en dinámicas para conocer la realidad juvenil actual, reflexionar sobre la santidad, aquí y ahora, en nuestros días, momentos de oración y adoración y talleres. Pero dejemos que los mismos jóvenes nos cuenten cómo lo vivieron.

Carlota Soriano Ortiz
¿Oléis eso? Aquí huele a felicidad, y es que esta última convivencia en Benitachell nos ha hecho más felices a todos y a cada uno de los que hemos asistido. La verdad es que no confiábamos mucho en que fuera a salir bien, por el hecho de que el covid nos había impedido ir a todos los miembros del grupo y solo éramos tres, pero ha sido totalmente lo contrario, nos lo hemos pasado genial de principio a fin. Nos ha encantado poder compartir momentos tan sencillos pero al mismo tiempo tan únicos. El Señor nos ha demostrado una vez más que abrir el corazón y confiar en quienes somos siempre es la mejor opción, y es que no importa la cantidad sino la calidad. Si algo nos caracteriza al grupo de la JER (Juventud Eucarística Reparadora) es nuestra apertura y nuestra buena acogida, somos una fraternidad y así se lo hacemos sentir a todo el que pasa por nuestras vidas. Las hermanas nos ayudaron a descubrir que este es uno de nuestros dones y que podemos hacer mucho bien compartiéndolo a nuestro alrededor. También pudimos disfrutar de la compañía de Jorge, quien nos prestó la ermita de San Sebastián para que fuera nuestro hogar durante esos días, y con quien tuvimos el placer de celebrar la Eucaristía del domingo, en la que participamos como coro. Ver a Jorge, a quien conocimos por su estancia en la parroquia como diácono hace unos años, convertido en sacerdote fue todo un honor para nosotros.

Estamos muy orgullosos de todo lo que estamos construyendo como grupo, en medio de tantas dificultades. Tanto le pedimos y cantamos al Señor ser una fraternidad que este fin de semana nos lo ha concedido. Volvemos siendo familia y con mucha energía para seguir adelante.

Esto ha sido un signo de que es posible, Dios quiere que la JER se mantenga y cuenta con nosotros para algo grande. De corazón os decimos que esperamos que no termine la alegría y la fiesta en lo cotidiano, queremos seguir tan unidos como lo hemos estado este fin de semana. Deseamos que los que no hayáis venido, a la próxima no faltéis (para que no os arrepintáis) y seáis tan felices como lo hemos sido nosotros en este pedazo de fin de semana.

Ignacio Bayarri
Cuando la hermana Mª Daniela me pidió hacer un escrito sobre mi experiencia en la convivencia que realizamos, no supe por dónde empezar ni cómo expresarlo. Ya que desde el primer momento en que nos dijo la idea de realizarla, no hubo muchos ánimos para llevarla a cabo, además de ser pocos los que nos apuntamos. Aun así, embarcamos hacia allí movidos por algo que nos invitaba a superar todos los miedos y contratiempos.

Durante ese fin de semana no faltaron la música, las risas y alegría. Todas esas actividades en las que la alegría nos acompañó me gustaron mucho, pero hubo una en la que abundó un especial silencio y concentración, esta fue la dinámica de los santos, que trataba de que mediante un dibujo plasmáramos cómo nos imaginábamos si llegáramos a ser santos y nos tuvieran que poner en los altares, y qué elemento nos identificaría… En verdad en ese momento no me llamó mucho la atención, pero días después pienso que me ha ayudado mucho, debido a que he podido comprender que realmente la santidad no siempre consiste en altares, extensos hábitos y caras largas, sino que es muy sencillo: «Servir con alegría, sencillez y acogida», como decía Madre Francisca, fundadora del colegio donde crecí.

En otra parte de la convivencia fuimos a ver un mirador enclavado en una pequeña cala. Como salimos un poco tarde, pronto anocheció y nos vimos envueltos por un gran manto de estrellas. Allí fue un momento mágico y de lo que más me gustó, porque como si nada empezamos a sincerarnos y a contarnos nuestras preocupaciones, problemas… Pero estos parecía llevárselos el viento y nos quedamos con gran calma, que solo fue interrumpida por nuestras canciones, este fue sin duda el momento que más me gustó. También días después comprendí varias cosas de ese momento.

La primera frase que se me vino a la mente fue aquella de san Francisco: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas». Es que realmente no nos paramos a comprender la belleza de las pequeñas cosas que nos envuelven. La segunda es que tenemos que ser como ese manto sencillo y acogedor, acogiendo a todo el que llame a nuestra puerta, dar amor y consuelo al necesitado, al que sufre, al desvalido. Porque el amor de Dios que no se expansiona en el prójimo es una tragedia también debemos ser como esas estrellas, luz y alegría en la oscuridad de este mundo.

También me gustaría destacar el momento vivido durante la exposición del Santísimo y la Misa; en ambos descubrimos cómo es Él quien actúa en nuestras vidas. Él nos espera ahí en el Sagrario. Da igual que vayan a verle dos viejitas o que le vaya a ver el obispo, Él sencillamente nos espera, nos escucha, nos ve… Realmente debe ser ese el centro de nuestras vidas, el motor que nos mueve. Ahora, todas las mañanas, antes de empezar la jornada en el colegio, paso por la capilla y hago una genuflexión o una pequeña oración.

A lo largo de la convivencia también descubrimos un gran tesoro, un gran don, el de la fraternidad. Esto es algo fundamental en la vida y más en la de un cristiano. Gracias a esta convivencia y viéndola días después me he dado cuenta de que son tiempos nuevos y difíciles. La única alternativa que tenemos los jóvenes hoy en día en este mundo individualista, egoísta, falto de valores, de sensibilidad y de amor, es ¡salir! Debemos construir fraternidad y familia con alegría y corazón misericordioso. La verdad es que nuestro grupo de la JER no estaba en uno de sus mejores momentos. Pero este proyecto no es nuestro sino de Dios y en Él debemos confiar.

Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, San Manuel González, San Manuel González García.

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