Crónica del X Encuentro mundial de las familias

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2022.

El amor familiar, vocación y camino de santidad

Del 22 al 26 de junio se celebró en Roma el X Encuentro mundial de las familias, cuyo tema fue: «El amor familiar: vocación y camino de santidad». El papa Francisco, que en su magisterio pontificio ha dado prioridad a fortalecer la institución familiar, se hizo presente en el Festival (día 22) y en la Eucaristía (día 25). A las miles de familias, venidas de todo el mundo, que se desplazaron hasta Roma, se le unieron decenas de miles más, ya que era deseo del santo padre que todas las familias pudieran hacerse presentes en este evento de una u otra forma.

Los medios de comunicación actuales hicieron realidad el deseo del papa Francisco y, aun a día de hoy, es posible escuchar las intervenciones en los canales YouTube del Vaticano y de la televisión EWTN.

Festival de las familias
El festival de apertura del miércoles 22 de junio contó con el testimonio de cinco familias. En primer lugar narraron su historia Serena y Luigi, padres de tres hijos, convivientes desde hace muchos años y con el deseo de poder casarse cristianamente. A continuación Roberto y María Anselma, con lágrimas en los ojos, recordaron a su hija Chiara, fallecida hace diez años a causa de un tumor, del que había retrasado el tratamiento porque estaba embarazada de su hijo Francesco. Hoy Chiara es una Sierva de Dios: «Nos encontramos como María al pie de la cruz –afirmaron–, aceptamos sin comprender, pero la serenidad de Chiara nos abrió una ventana a la eternidad y todavía hoy nos sigue iluminando. Nos costó acompañarla hasta el umbral del Cielo y dejarla ir, pero desde ese momento emanó una gracia tal que nos hizo vislumbrar el plan de Dios y nos ha impedido caer en la desesperación».

Con un auditorio embargado de emoción, los tres tenores del grupo «Il Volo» –que habían abierto la velada con las notas de Grande amore– amenizaron la velada junto a la Marchigiana Philharmonic Form-Orchestra y al Coro diocesano de Roma, dirigido por Mons. Marco Frisina.

Después, Paul y Germaine, congoleños, contaron que estaban casados desde hace 27 años pero que habían enfrentado, y superado, un período de separación.

En cuarto lugar tomó la palabra la familia de Pietro y Erika, con seis niños y con los brazos abiertos para recibir de nuevo en su hogar a mamá Iryna con su hija Sofía, quienes huyeron de Ucrania: «La decisión de irme no fue fácil, me causó mucho sufrimiento –afirmó Iryna, mientras se izaban en el público unas banderas amarillas y azules de su país–. Por un lado, quería estar en un lugar seguro con mi hija y poder dormir sin el miedo y los ruidos que escuchábamos por los enfrentamientos, sin las sirenas… Por otro lado, no sabíamos qué situación encontraríamos en Italia. Estaba insegura, triste y llena de dudas. Hoy doy gracias a Dios porque ha enviado en nuestro camino a tantas personas buenas que nos han ayudado y han mostrado un gran corazón dándonos ayuda y esperanza».

Por último, habló Zakia Seddiki, viuda del embajador Luca Attanasio, muerto en un atentado en el Congo. Acompañada por sus tres hijas y su madre, que siempre ha estado cerca de ella en estos meses tan difíciles: «Es un honor para mí compartir y contar esta gran historia de amor en presencia del papa Francisco –ha iniciado diciendo-: nuestras tres niñas que no conocían la figura del papa, la primera vez que lo encontraron, al verlo vestido de blanco, pensaron que era un médico. Y no estaban del todo equivocadas: porque el papa es un médico que cura las almas de todos los cristianos, que cura siempre a todos los que necesitan consuelo. ¡Gracias!».

Discurso del papa
Queridas familias: Para mí es una alegría estar aquí con vosotros, después de los impactantes acontecimientos que, en los últimos tiempos, han marcado nuestras vidas. Primero la pandemia y, ahora, la guerra en Europa, que se añade a otras guerras que afligen a la familia humana […] Por eso ahora me dirijo tanto a vosotros aquí presentes como a los esposos y a las familias que nos escuchan en el mundo. Quisiera haceros sentir mi cercanía precisamente allí donde os encontráis, en vuestra condición de vida concreta. La palabra de aliento es sobre todo esta: partir de vuestra situación real y desde allí intentar caminar juntos, juntos como esposos, juntos en vuestra familia, juntos con las demás familias, juntos con la Iglesia. Pienso en la parábola del buen samaritano, que encuentra a un hombre herido en el camino, se le acerca, se hace cargo de él y lo ayuda a reanudar el viaje. Justamente esto quisiera que la Iglesia fuera para vosotros. Un buen samaritano que se os acerca, cercano a vosotros, y os ayuda a proseguir vuestro camino y a dar «un paso más», aunque sea pequeño. Y no os olvidéis que la cercanía es el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura. Este es el estilo de Dios […]

Podemos decir que cuando un hombre y una mujer se enamoran, Dios les ofrece un regalo: el matrimonio. Un don maravilloso, que tiene en sí mismo el poder del amor divino: fuerte, duradero, fiel, capaz de recuperarse después de cada fracaso o fragilidad. El matrimonio no es una formalidad que hay que cumplir. Uno no se casa para ser católico con la etiqueta, para obedecer a una regla, o porque lo dice la Iglesia o para hacer una fiesta; no, uno se casa porque quiere fundar el matrimonio en el amor de Cristo, que es sólido como una roca. En el matrimonio Cristo se entrega a vosotros, para que vosotros tengáis la fuerza de entregaros mutuamente. Ánimo, pues, ¡la vida familiar no es una misión imposible! Con la gracia del sacramento, Dios la convierte en un viaje maravilloso para emprender con Él, nunca solos. La familia no es un hermoso ideal, inalcanzable en la realidad. Dios garantiza su presencia en el matrimonio y en la familia, no solo en el día de la boda sino durante toda la vida. Y Él os sostiene cada día en vuestro camino […]

El deseo que hay en lo más profundo del corazón de cada uno es que el amor no se acabe, que la historia construida juntos con la persona amada no llegue a su fin, que los frutos que esta generó no se pierdan. Todos tienen este deseo. Nadie desea un amor a corto plazo o a tiempo determinado. Y por eso se sufre mucho cuando los fallos, las negligencias y los pecados humanos hacen naufragar un matrimonio. Pero incluso en medio de la tempestad, Dios ve lo que hay en el corazón. […]

El perdón, hermanos y hermanas, el perdón cura todas las heridas; el perdón es un don que brota de la gracia con la que Cristo colma a la pareja y a toda la familia cuando lo dejamos actuar, cuando recurrimos a Él.

En la familia se vive una dinámica de acogida, porque sobre todo los esposos se han acogido el uno al otro, como se lo dijeron mutuamente el día del matrimonio: «Yo te recibo a ti». Y después, trayendo hijos al mundo, han acogido la vida de nuevas criaturas. Y mientras que en los contextos anónimos se suele rechazar al que es más débil, en las familias, en cambio, es natural acogerlo: un hijo con discapacidad, una persona anciana que necesita cuidados, un pariente en dificultad que no tiene a nadie. Y esto da esperanza. Las familias son lugares de acogida y qué problema sería si faltaran. ¡Un verdadero problema! Una sociedad sin familias acogedoras se volvería fría e invivible. Estas familias acogedoras y generosas son un poco el calor de la sociedad […]

Queridos amigos, cada una de vuestras familias tiene una misión que cumplir en el mundo, un testimonio que dar. Los bautizados, en particular, estamos llamados a ser «un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo» (GE 21). Por eso os propongo que os hagáis esta pregunta: ¿cuál es la palabra que el Señor quiere decir con nuestra vida a las personas que encontramos? ¿Qué le pide hoy a nuestra familia? A mi familia, debe decir cada uno. Poneos a la escucha. Dejaos transformar por Él, para que también vosotros podáis transformar el mundo y hacerlo casa para quien necesita ser acogido, para quien necesita encontrar a Cristo y sentirse amado. Tenemos que vivir con la mirada puesta en el cielo, como le decían los beatos María y Luis Beltrame Quattrocchi a sus hijos, afrontando las fatigas y las alegrías de la vida «mirando siempre por encima del techo».

Oración y reflexión
Los días 23 y 24 de junio comenzaron con la celebración eucarística para ofrecer, a continuación, una serie de conferencias y paneles que abordaron temas de especial fuerza, como por ejemplo: «Identidad y misión de la familia cristiana», «Ser cristianos en la era digital», «Iglesia doméstica y sinodalidad» y «Jóvenes y personas mayores juntos para la Iglesia del mañana», entre otros.

La mañana del sábado 25 fue muy especial ya que comenzó con un prolongado tiempo de adoración eucarística en el Aula Pablo VI. Por la tarde, en la Plaza San Pedro tuvo lugar la celebración eucarística en la que el papa Francisco volvió a dirigirse a las miles de familias reunidas en Roma como así también a quienes lo hacían desde los cuatro puntos cardinales.

Homilía del papa
En el ámbito del X Encuentro mundial de las familias, este es el momento de la acción de gracias. Hoy presentamos ante Dios con gratitud –como en un gran ofertorio– todo lo que el Espíritu Santo ha sembrado en vosotras, queridas familias. Algunas de vosotras habéis participado en los momentos de reflexión e intercambio aquí en el Vaticano; otras los habéis animado y vivido en vuestras respectivas diócesis, en una especie de inmensa constelación. Imagino la riqueza de experiencias, de propósitos, de sueños, y tampoco habrán faltado las preocupaciones y las incertidumbres. Ahora presentamos todo al Señor, y le pedimos a Él que os sostenga con su fuerza y con su amor. Sois papás, mamás, hijos, abuelos, tíos; sois adultos, niños, jóvenes, ancianos; cada uno con una experiencia diferente de familia, pero todos con la misma esperanza hecha oración. Que Dios bendiga y proteja a vuestras familias y a todas las familias del mundo […]

¡Qué importante es para los padres contemplar el modo de actuar de Dios! Dios ama a los jóvenes, pero no por eso los preserva de todos los peligros, desafíos y sufrimientos. Dios no es ansioso ni sobreprotector. Pensad bien en esto: Dios no es ansioso ni sobreprotector; al contrario, confía en ellos y llama a cada uno al sentido de la vida y de la misión. Pensemos en el niño Samuel, en el adolescente David, en el joven Jeremías; pensemos sobre todo en aquella jovencita, de 16 o 17 años, que concibió a Jesús, la Virgen María. Se fía de una jovencita.

Queridos padres, la Palabra de Dios nos muestra el camino: no preservar a los hijos de cualquier malestar y sufrimiento, sino tratar de transmitirles la pasión por la vida, de encender en ellos el deseo de que encuentren su vocación y que abracen la gran misión que Dios ha pensado para ellos […] Si ayudáis a vuestros hijos a que descubran y acojan su vocación, veréis que ellos estarán «aferrados» a esta misión y tendrán la fuerza de afrontar y superar las dificultades de la vida.

Quisiera agregar también que, para un educador, el mejor modo de ayudar a otro a seguir su vocación es el de abrazar la propia vocación con amor fiel. Fue lo que los discípulos vieron hacer a Jesús, y el Evangelio de hoy nos muestra un momento emblemático, cuando Jesús «se encaminó decididamente hacia Jerusalén» (Lc 9,51), sabiendo bien que allí sería condenado y moriría. Y en el camino hacia Jerusalén, Jesús sufrió el rechazo de los habitantes de Samaría, un rechazo que suscitó la reacción indignada de Santiago y Juan, pero que Él aceptó porque formaba parte de su vocación […]

Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de la liturgia de hoy, todas, providencialmente, hablan de vocación, que es justamente el tema de este décimo Encuentro mundial de las familias: «El amor familiar: vocación y camino de santidad». Con la fuerza de esta Palabra de vida, os animo a retomar con decisión el camino del amor familiar, compartiendo con todos los miembros de la familia la alegría de esta llamada. Y no se trata de un trayecto fácil, no; no es un camino fácil. Habrá momentos de oscuridad, momentos de dificultad en que pensaremos que todo se acabó. Que el amor que vivís entre vosotros sea siempre abierto, extrovertido, capaz de alcanzar a los más débiles y a los heridos que encontráis a lo largo del camino; frágiles en el cuerpo y frágiles en el alma. El amor, en efecto, también el familiar, se purifica y se refuerza cuando se da.

La apuesta por el amor familiar es valiente; hace falta valor para casarse. Vemos a tantos jóvenes que no tienen el valor de casarse, muchas veces alguna mamá me dice: «Haga algo, hable con mi hijo, ¡ya tiene 37 años y no se casa!». «Pero, señora, no le planche las camisas, empiece a alejarlo un poco, deje que salga del nido». Porque el amor familiar empuja a los hijos a volar, les enseña a volar y los anima a volar. No es un amor posesivo, sino de libertad; siempre. Y luego, en los momentos difíciles, en las crisis –todas las familias tienen crisis, todas pasan por ellas –, por favor, no tomes la salida fácil: «Regreso con mamá». No lo hagáis. Seguid adelante, con esta apuesta valiente. Habrá momentos duros, habrá momentos difíciles, pero hay que seguir adelante, siempre. Tu marido, tu mujer, tiene esa chispa de amor que habéis experimentado al principio; dejad que salga de vuestro interior, descubrid de nuevo el amor. Esto os ayudará mucho en los momentos de crisis.

La Iglesia está con vosotros, es más, la Iglesia está en vosotros. De hecho, la Iglesia nació de una Familia, la de Nazaret, y está formada principalmente por familias. Que el Señor os ayude cada día a permanecer en la unidad, en la paz, en la alegría y también en la perseverancia en los momentos difíciles, esa perseverancia fiel que nos hace vivir mejor y que muestra a todos que Dios es amor y comunión de vida.

Enviados con regocijo
El programa del X Encuentro mundial de las familias concluyó con el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro el domingo 26 de junio, donde, además, las familias presentes recibieron el mandato misionero del santo padre. En este contexto, se anunció que el XI Encuentro mundial de las familias se celebrará en 2028 si bien en 2025 el santo padre se reunirá nuevamente con las familias con motivo del Jubileo por el Año Santo.

Crónica: Ana Mª Fernández Herrero y Mónica Mª Yuan Cordiviola
Publicado en El Granito de Arena, Iglesia hoy.