Ponencias del Congreso Eucarístico (Johannes Hartl)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2022.

La fascinación de la belleza (II)

Proseguimos con el taller que Johannes Hartl, laico alemán, ofreció en el 52º Congreso Eucarístico Internacional de Budapest, en el que profundiza en la persona de Dios, suma belleza y fuente de toda fascinación humana.Todo en la Creación es bello y todas las criaturas están llenas de belleza. El mar, el cielo, las montañas, todo es bello. Más aún, seguramente todos recordamos imágenes que nos han conmovido por su belleza. Y si vemos algo feo en la naturaleza, posiblemente sea consecuencia de los actos de los hombres. Y si comparamos lo que Dios crea (la naturaleza, el universo) y lo que el hombre crea (por ejemplo, un edificio) hay una gran diferencia. ¿Por qué? Porque Dios creó todo bello. Nosotros, los seres humanos, en cambio, tenemos este deseo de fascinación en el fondo del corazón, porque Dios nos fascina, Él es fascinante.

Los seres humanos no tendríamos sed si no hubiera agua. El hecho de que los seres humanos tengamos sed es la prueba de que el agua existe. De igual modo, todos tenemos un gran deseo de fascinación porque el Creador, la fuente del universo, es la esencia misma de la fascinación. Esta máxima está en el centro de los Evangelios.

Aunque no es un texto tan conocido, san Pablo, en una de sus cartas a Timoteo, afirma que sus palabras son «según el Evangelio de la gloria del Dios bienaventurado, que me ha sido confiado» (1Tm 1,11). Es un texto muy breve pero sumamente interesante. En primer lugar, suena a algo muy religioso, porque utiliza palabras propias de la religión (Evangelio, gloria, Dios bienaventurado). Pero déjenme traducir esto: el Evangelio es un mensaje que se refiere a Dios (no a los humanos), a su gloria y a su bienaventuranza (la de Dios). Además, define dos cualidades de Dios: su gloria y su felicidad, porque afirma que Dios es bienaventurado.

La palabra «gloria» proviene del griego doxa y significa radiante, esto es, algo que emana, que irradia. Curiosamente Pablo no está utilizando el lenguaje eclesial sino el lenguaje utilizado por la plebe. En este sentido la palabra «gloria» sería la utilizada cuando, de repente miramos el sol y nos asombramos y maravillamos de su luz, de su esplendor, al reconocer algo verdadera y sumamente brillante. Pablo afirma que Dios es así: glorioso, luminoso, hermosísimo, nos deja boquiabiertos y maravillados.

Pero Pablo también añade que Dios es bienaventurado. ¿Se referirá a que es bendecido, o a que es muy santo? Nuevamente recordemos que el apóstol está utilizando un lenguaje no religioso ni eclesial. La palabra griega utilizada es makarios y significa «feliz», en el sentido más cotidiano, lleno de gozo.

En resumidas cuentas, este pasaje afirma que Dios es hermoso y que está lleno de gozo. Y ese debe ser nuestro mensaje.

2. Teocéntrico
Los teólogos a veces utilizamos palabras muy difíciles para describir verdades muy simples, como la que voy a definir a continuación: «teocéntrico», que significa que Dios está en el centro. Amigos: es urgente que pongamos a Dios en el centro de nuestro mensaje, porque el Evangelio es una Buena noticia que habla de un Dios hermoso y feliz.

Voy mucho a la Iglesia y he escuchado muchos sermones en mi vida, pero la mayoría se refieren a las personas: qué es lo que debemos hacer, qué es lo que no deberíamos hacer, qué es lo que decimos y, sobre todo, en contra de qué estamos. Pero el mensaje central del Evangelio, el corazón de la Buena Nueva es responder a la pregunta de quién es Dios, cómo es Dios, hablarnos de Él, explicarnos quién es Él.

Y es bueno preguntarnos si en la Iglesia hablamos de Dios o hablamos de otros temas. Más aún, cuando hablamos de Dios, ¿hablamos de Él como habla el apóstol san Pablo, que afirma que Él es hermoso, fascinante, apasionante? La verdad central del Evangelio no es que tengamos que ser buenas personas, ni que tenemos que ir a la iglesia cada domingo y no cometer adulterio. Obviamente son cosas buenas ir a la iglesia los domingos y no cometer adulterio, pero no es lo esencial en el Evangelio. Lo nuclear del Nuevo Testamento es quién es Dios. Personalmente me gusta mucho que en este Congreso Eucarístico tengamos toda una semana para hablar de Jesús, para ponerlo en el centro. A Él y a su Eucaristía que es el centro de la vida cristiana.

Y si me preguntan por qué en nuestra comunidad se reza noche y día la respuesta es: porque Dios se lo merece. Dios merece que lo amemos, que lo alabemos, que le hablemos, que oremos… Por eso en nuestras conferencias pasamos tanto tiempo hablando de Él, poniéndolo en el primer lugar. En efecto, es más importante conocerlo y amarlo que los muchos quehaceres que tenemos entre manos, porque Él es bueno, nos ama de verdad y quiere que lo conozcamos en plenitud.

3. Ámbitos para el encuentro
Necesitamos espacios, habitaciones, lugares donde la gente pueda encontrarse con este Dios. Como esa conferencia, por ejemplo, a la que me referí anteriormente. Necesitamos lugares a donde poder invitar a nuestros contemporáneos diciéndoles: «ven y verás». Hay muchos libros escritos sobre este tema, sin embargo necesitamos los espacios para encontrarnos con la fascinación, para encontrarnos con Jesús.

Es curioso, pero en una perfumería cercana a mi casa, usan muchos carteles con claras reminiscencias religiosas: hay una estatua que parece de Buda, hay carteles con una modelo con las manos juntas, como en actitud orante. Más aún, el nombre del negocio es «Rituals» (en español «Ritos»). El ambiente es atractivo, la decoración es muy bonita. Cada vez que paso por allí no puedo evitar pensar que nuestras iglesias no siempre se ven así de bonitas, atractivas y cálidas.

De igual modo, cuando voy a una fiesta, sobre todo si hay muchos jóvenes, veo que se sienten felices de estar allí, se les nota que están celebrando algo. En cambio, muchos encuentros religiosos parecen demasiado sobrios, un poco aburridos, no son bonitos ni atractivos. Si Jesús realmente nos fascina, todas nuestras conferencias, nuestros seminarios, nuestros encuentros, nuestros sermones, nuestras Misas, deberían asemejarse a Jesús, que es atrayente, que tiene un corazón siempre abierto, que es acogedor y que, por lo tanto, hace fácil acercarse, sobre todo a la gente que está alejada.

Me emociona ver que un gran porcentaje de la gente que se acerca a nuestras conferencias aún no es cristiana. Me gusta porque son las personas más importantes para nosotros, porque es indispensable ofrecerles un espacio en el que ellos, que no son parte de esta familia, pasen a formar parte de nuestra familia. ¿Por qué? Porque esto es lo que hizo Jesús durante toda su vida: celebrar fiestas con los no creyentes. Es en este sentido que nos sentimos especialmente llamados a ofrecer un espacio, una habitación, una organización, que facilite a las personas no creyentes el poder experimentar la fascinación por Dios, por Jesús.

4. Belleza
Partiendo de todo lo afirmado anteriormente (Dios es hermoso, nos fascina y que nos sentimos atraídos por él) quiero compartirles una historia, si bien es un poco triste, es muy bella. Un amigo mío trabajaba en un bar muy exclusivo y caro que estaba en la playa. Él no era creyente. Muchas personas famosas y ricas frecuentaban ese lugar, bebían champagne y tomaban cocaína. Como os decía, mi amigo trabajaba en ese lugar donde los otros estaban siempre de fiesta, y en un momento de su vida le sobrevino una crisis, todo se colapsó en su interior y empezó a dudar de lo que lo rodeaba hasta entonces. Se convirtió al catolicismo, dejó su trabajo y comenzó a preguntarse si no tendría que ser cura. Buscando discernir su vocación visitó muchos monasterios y lugares religiosos. Después de dos años volvimos a vernos y me hizo una pregunta que me dolió mucho, incluso hasta hoy en día. Me dijo: «Johannes, ustedes los cristianos hablan de la belleza, de lo hermosa que es la creación, de que Dios es amor, etc. etc. etc. Pero, fíjate, cuando miro mi vida anterior y pienso en aquellos restaurantes, hoteles, bares, repletos de personas que quizás aún no han encontrado un sentido para sus vidas, que están tomando champagne y fumando cocaína, veo que cuando abren un restaurante es muy bonito, cuando abren un bar es del nivel más alto, el personal es acogedor y lo hacen con amor y prestando atención al detalle». Y concluyó: «Johannes, ustedes cristianos están hablando de la belleza y de Dios, pero luego voy a sus casas de retiro y compruebo que la comida no está rica, que el suelo es tétrico, que las paredes son grises y todo se ve como si hubiera sido construido en 1951, que el personal no es amistoso, y tampoco es especialmente barato. Entonces, ¿qué es lo que está mal? ¿Qué os pasa?». Obviamente, yo no tengo la respuesta para esta pregunta. Pero viajo mucho por esas casas de retiro, y es verdad, algo no funciona bien.

Esta realidad, sin embargo, no ocurre solo en el ámbito cristiano. En Alemania hicieron una lista de las universidades más feas del país. Esto demuestra que, como sociedad, hemos perdido algo, hemos perdido el sentido de la belleza. Desafortunadamente como Iglesia también hemos perdido el sentido de la belleza. Todo en nuestros templos tiene que ser barato, simple, mínimo. ¿Qué es lo que hemos perdido? ¡La fascinación! Cuando estamos fascinados, enamorados de otra persona, no le compramos flores baratas, sino las más hermosas porque el amor quiere darse. Más aún, el amor crea cosas hermosas. Por eso Dios creó cosas hermosas: ¡porque Él es amor! Yo no creo en un amor que no se muestra a sí mismo, que no se hace patente. Si de verdad amamos a Jesús, entonces debemos tomarnos en serio la belleza. Tenemos que recuperar la belleza, la música bonita, la arquitectura hermosa… ¡Y no me digan: «pero Johannes, es muy caro». No, no es cierto, porque no siempre es caro. La belleza no siempre es cuestión de dinero, pero siempre es cuestión de amor. Lo feo, en realidad no es lo barato sino aquello de lo que nadie se ocupa.

Les quiero contar algo muy triste pero que es verdad y se refiere a que el verdadero amor busca manifestarse. Cuando organizamos nuestras conferencias, nuestros encuentros masivos de oración, generalmente no contratamos a cristianos, porque se sienten en la obligación de hacerlo gratis y, por eso mismo, lo hacen de poca calidad, con poca profesionalidad. ¡Pero si es para Dios! ¡Es necesario que sea hermoso! En cambio, los no cristianos se sorprenden cuando ven que montamos todo esto, ¡y los contratamos a ellos!, porque es para Dios. Es triste admitirlo, pero este personal externo que no pertenece a la Iglesia, va allí a hacer su trabajo y da lo máximo, lo hace con profesionalidad, lo hace bien. Y, ¿sabéis? hay gente que participa en nuestras conferencias y que tiene, en ese ambiente, un encuentro especial con Jesús y que allí entienden, como me decía uno, «por qué Cristo se entregó por mí». ¡Y esta persona que era el responsable de las luces en nuestra conferencia, y antes era ateo, se convirtió en nuestra conferencia! Porque vio y se sintió tocado, conmovido, por la belleza que allí contempló.

A nuestro mundo occidental actual no le interesa la moral, no le interesa la verdad, pero es especialmente sensible a la belleza. Y no me refiero solamente a la estética externa (la ropa, cosas superficiales). Los jóvenes de hoy en día te ven y se dan cuenta simplemente si eres auténtico por fuera y por dentro también. Se trata de un concepto de belleza más profundo, se trata de comprobar si tu exterior concuerda con tu interior, si estás en armonía, porque el corazón tiene ese deseo de lo bonito, de Dios. Y si encuentran esta autenticidad, desearán conocer más. Desearán conocer a Dios, a Jesús, que es la única respuesta. Por lo tanto, es menester que nos tomemos muy en serio la belleza.

taller pronunciado por Johannes Hartl. Traducción y edición de texto: Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n., y Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Iglesia hoy.