Enseñanzas de san Manuel sobre san José (mayo 2022)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2022.

«Sustitutos de María y de José»

En este artículo sobre las enseñanzas que nos ofrece san Manuel sobre san José, analizaremos un texto de su libro Florecillas de Sagrario, que comienza analizando «qué buena escuela […] es Belén y qué buenos Maestros Jesús, María y José!» (OO.CC. I, n. 706), y que muestra bien el puesto singular que le da al glorioso patriarca en su vida y Obra.
San Manuel afirma en su libro Nuestro barro que «El buenísimo Jesús está solo en el Sagrario y no debe estar así» (OO.CC. II, n. 3107; para facilitar la lectura, a continuación se ofrece solo la numeración de las Obras Completas de san Manuel).

1. «Abandono y compañía. Esa es toda nuestra Obra» (61)
Este convencimiento de san Manuel, grabado con fuego en su corazón y en su alma un día en Palomares del Río, será la fuerza motriz de su ingente labor eucaristizadora y la espiritualidad que inculcará a su «familia Nazarena del Corazón Eucarístico de Jesús» (Pláticas a las hermanas, p. 167; cf. pp. 151, 165. En adelante, las páginas citadas se refieren a las Pláticas a las hermanas). «Yo no pido a las Marías más ciencia que ésta: ¡Saber que el Sagrario está solo y no debe estarlo!» (795). Lo mismo le dice a las Marías Nazarenas (cf. p. 81).

La pandemia del covid–19 ha agudizado la tristísima realidad de las personas solas. San Manuel diría: solas porque Jesús está solo en el Sagrario. Si acudiéramos a Jesús en el Sagrario, no nos sentiríamos solos. Si visitáramos a Jesús Sacramentado, visitaríamos también al prójimo necesitado.

«Mira que un Sagrario abandonado es para mi Corazón la más cruel de las contrariedades y para sus vecinos la fuente de todas sus desdichas» (54; cf. 143, 150, 161, 613-614). Hay otros «males que ofenden a Dios y afligen a nuestros hermanos [pero] no son sino efectos o síntomas de aquel gravísimo y trascendental mal del abandono» (149).

Las Marías deben unir los dos polos: «los Sagrarios sin almas y […] las almas sin Sagrario» (795). Su gran misión es «dar testimonio al mundo del amor del Corazón de Jesús hasta el sacrificio perenne de la Eucaristía […] darles a conocer hasta dónde ha llegado su amor, para buscarle infinitas compañías si posible fuera» (p. 106-107; cf. 609).

Por eso les insiste a los miembros de su Obra: «Todo lo nuestro, ya lo sabéis, está contenido en estas dos palabras: abandono y compañía. En esas dos palabras están el principio, los medios, el carácter y el fin de nuestra Obra» (p. 168; cf. pp. 89, 171).

«Contra el abandono injusto, cruel, funesto» del Sagrario han nacido las Marías y Marías Nazarenas «para oponerle el remedio, el consuelo y el desagravio de la compañía grata, delicada, constante, fidelísima» (p. 168).

2. Un texto muy importante
La importancia de san José en la Obra de las Marías y Juanes de los Sagrarios–Calvarios la podemos constatar en la primera florecilla del capítulo V del libro Florecillas de Sagrario (706).

Se trata de un texto muy significativo por varios motivos. En primer lugar, presenta la unión de los tres miembros de la Sagrada Familia entre sí («qué buenos Maestros Jesús, María y José») y de María y José con respecto a Jesús.

En segundo lugar, en él aparecen varias veces tres términos clave de san Manuel:

  • Sagrario: «en multitud de Sagrarios […] sigue siendo el desconocido»; «en esos Sagrarios no tiene quien sustituya a […] María y José»; «abandonado en el portal de tantos Sagrarios».
  • Acompañar: «A los veinte siglos de acompañarnos» Jesús, María y José «son los únicos […] que lo acompañan»; «sus únicos acompañantes»; que ellos nos enseñen para que Jesús «se sienta acompañado».
  • Abandono: «Jesús abandonado en el Portal de tantos Sagrarios»; que gracias a nuestra imitación de María y José «casi no eche de menos el abandono de los demás».

En tercer lugar, san Manuel explícitamente invita a las Marías y Juanes a ser «sustitutos» de María y José precisamente en su oficio esencial de acompañar a Jesús abandonado: «en honor y en desagravio y en predicación del Amor, que está abandonado y no debe estarlo» (609).

3. Belén y el Calvario reflejados en el Sagrario
San Manuel subraya el trágico hecho de que tanto el inicio como el final de la vida terrena de Jesús están marcados por el rechazo y abandono. En Belén: «no había sitio para ellos» (Lc 2,7) y en el Calvario: «abandonándole, huyeron todos» (Mc 14,50; cf. 155). Es más, ese abandono recorre toda su vida terrena y se prolonga ahora, «con creces» (60), en su vida de Sagrario.

Relacionados con estos dos momentos hay dos grupos de personas que propone para la imitación de su familia Nazarena, llamada a remediar ese perpetuo abandono que Jesús sigue sufriendo en los Sagrarios: Belén–Nazaret, con Jesús, María y José como los modelos por excelencia, y al pie de la Cruz, con la Virgen, la Magdalena, las Marías y Juan como los modelos a seguir.

En este texto se concentra en Belén y el Sagrario. Por «Belén» entiende no solo el rechazo sufrido por sus padres cuando el Niño Dios estaba por nacer, sino también la persecución de Herodes y consecuente huida a Egipto.

4. «¡Qué buenos maestros!»
San Manuel utiliza la terminología del «enseñar y aprender» para relacionar a la Sagrada Familia de Nazaret con su «familia Nazarena». El texto que estamos examinando inicia precisamente diciendo: «Marías, ¡lo que se aprende en Belén! ¡Qué buena escuela para vosotras es Belén y qué buenos Maestros son Jesús, María y José!» (706).

Aunque solemos localizar a las Marías al pie de la cruz, san Manuel las remite asimismo a Belén, donde también tienen mucho que aprender. Algo parecido les dice a las Marías Nazarenas: «Pido y deseo para vosotras como medio de que os enteréis del Sagrario por dentro, el que os enteréis de las interioridades de Belén» (6540; cf. p. 169).

En una escuela lo fundamental para que el niño aprenda bien son los maestros. Belén es «buena escuela» por sus maestros: «¡qué buenos Maestros Jesús, María y José!». Es significativo que hable de los tres unidos. San Manuel no excluye a san José, sino que le atribuye el mismo título y función pedagógica: un «buen maestro» a quien debemos acudir junto con Jesús y María.

En sus Pláticas a las Marías Nazarenas (cf. pp. 48-53), san Manuel apela varias veces a la enseñanza que les ofrece la Sagrada Familia para aprender bien su oficio, en particular «el gran oficio» de «estar con Jesús» (cf. p. 137-138). No en vano quiso darle el nombre de Marías Nazarenas a la rama consagrada de su familia reparadora. Por eso insiste en que deben «contemplar», tratar de «comprender» (p. 49), «saborear» (p. 54), «investigar en cuanto esto nos sea posible el gran misterio de Nazaret» (pp. 50-51; cf. p. 48). Afirma, por ejemplo: «Todos los que vivimos en esta casa o participamos en alguna manera de ella debemos estudiar la vida de las tres santísimas Personas de la Sgda. Familia, para imitarles en todo lo que podamos» (p. 91; cf. pp. 46, 48).

También se refiere específicamente a san José: «parece conveniente y muy conveniente que en Nazaret se piense y se medite mucho sobre S. José» (p. 91). «Estudiemos la persona y la vida de San José. La grandeza de este Santo siempre ha sido la misma; pero su figura se agranda cada día más […] ¡qué grandeza la suya! y ¡cuánta confianza le merecería al Señor puesto que le encargó tan sublime misión!» (p. 91).

La meditación debe ir de la mano de la invocación, pidiendo que «nos enseñen a meditar, saborear y entrar muy dentro de los grandes misterios» de Nazaret (p. 94; cf. pp. 32, 49, 50, 103). «Pidamos a la Sagrada Familia, que nos den a conocer el misterio de su vida oculta, para que enamorándonos de ella, podamos imitarles» (p. 40).

5. «El desconocido, no buscado, desechado, fugitivo»
«Jesús empieza ya a ser el desconocido, el no buscado, el desechado, el fugitivo», precisamente «de aquellos que amaba y venía a salvar», incluso antes de nacer, en Belén. Como dice san Juan: «Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron» (1,11). Hoy sigue presente en el Sagrario, y los suyos siguen sin darse por enterados.

En Belén hay una sola excepción: María y José. Ellos «son los únicos seres humanos» que «conocen» al «desconocido», «acompañan» al «no buscado», «reciben» al «desechado» y «huyen» con el «fugitivo».

Notemos que san Manuel dice que María y José conocen a Jesús, algo que ya ha afirmado otras veces (cf. 365). No solo lo buscan, como los que le buscan para pedirle un milagro, sino que lo acompañan, que es algo muy diferente; y lo acompañan sirviéndolo fielmente y acudiendo solícitamente a todas sus necesidades durante treinta años. La Virgen y San José no solo lo reciben, como algunos recibieron a Jesús en su casa, sino que la Virgen lo recibió en su propio vientre virginal hecho hombre de su carne y sangre, y san José lo recibió en su casa en calidad del hijo que Dios mismo le confiaba. En esa misma línea, María y José «huyen» con Él, no solo compartiendo su suerte hasta las últimas consecuencias, sino salvándolo del peligro en que se encontraba.

Enseguida san Manuel repite lo que sufre Jesús, pero ahora refiriéndose al Sagrario: «Jesús lleva viviendo entre nosotros en su Iglesia y en su Eucaristía veinte siglos y en multitud de Sagrarios y de pueblos sigue siendo el desconocido, el no buscado, el desechado, el fugitivo».

Todo lo que Cristo sufrió en el Evangelio, se repite en el Sagrario. Por tanto, ¡cuánto necesitamos de María y José para hacer ahora por Jesús Sacramentado lo que ellos tan perfectamente hicieron por Jesús! ¡No podríamos conseguir mejores maestros!

6. «Sustitutos de María y de José»
Pero san Manuel no se queda en una simple imitación. ¡Habla de ser «sustitutos de María y de José»!

Aunque se repite la historia evangélica, hay «una diferencia grande de su primer día de Belén» con lo que sucede hoy en los Sagrarios: «que en esos Sagrarios no tiene quien sustituya a sus únicos acompañantes de entonces, María y José […] ¡Solo! ¡A los veinte siglos de acompañarnos!». ¡Qué trágica realidad! Mientras por un lado Jesús, fiel a su promesa de estar siempre con nosotros (cf. Mt 28,20), no ha dejado ni por un instante de estar presente en todos los Sagrarios de la tierra, acompañándonos por veintiún siglos, nosotros lo dejamos a Él solo la mayor parte del tiempo en la mayoría de los Sagrarios.

Y para colmo de males, a María y José, sus únicos acompañantes de entonces, hoy no hay quien los sustituya. Algo parecido dice en relación con el Calvario: allí había unas cuantas Marías acompañándolo, ¡pero en cuántos Sagrarios no hay ni una! (cf. 57-58).

De esta realidad saca san Manuel su propuesta para las Marías y Juanes: «Marías, Discípulos de San Juan, ¿os gusta ese oficio? ¡Sustitutos de María y de José cerca de Jesús abandonado en el Portal de tantos Sagrarios!» (706).

Central en el pensamiento de san Manuel son los «Sagrarios–Calvarios», porque son Sagrarios donde Jesús está abandonado como lo estuvo en el Calvario, con excepción de la Virgen, las Marías y san Juan. De ahí que a los llamados a remediar ese abandono los llame «Marías» y «Juanes».

Aquí habla de «el Portal de tantos Sagrarios», casi como decir Sagrarios–Portales, o sea, Sagrarios donde Jesús es tan rechazado como lo fue en el Portal de Belén. Y por eso en este caso insta a quienes combaten este rechazo a seguir el ejemplo de María y José. Es más, a tener por oficio el ser «sustitutos de María y de José cerca de Jesús abandonado».

Una idea semejante en relación con san José se encuentra en otro gran apóstol de Jesús Eucaristía, san Pedro Julián Eymard, quien en su obra Mes de San José (Pequeña Biblioteca Eucarística, Santiago, 1911), lo presenta como «el primero y más perfecto adorador de Nuestro Señor después de la Santísima Virgen» (p. 33) y propone a los adoradores del Santísimo Sacramento «ser yo el José de la Eucaristía» (p. 35), o sea, tener la misma actitud de amor, contemplación, adoración, gratitud, protección y servicio para con Jesús Sacramentado que tuvo san José para con Jesús encarnado (cf. pp. 34-35; p. 3; p. 90).

Para ser «sustitutos de María y de José», las Marías y Juanes deben recurrir directamente a sus «sustituidos» para que les enseñen a hacerlo todo como ellos: «Pues andad, decid a vuestros sustituidos que os enseñen a pensar, a sentir, a querer, a trabajar como ellos para que con todo eso se sienta acompañado vuestro Jesús hasta el punto, ¡oídlo bien! de que casi no eche de menos el abandono de los demás» (706).

Ser «sustitutos de María y de José» implica «pensar, sentir, querer y trabajar» como ellos; solo así brindarán a Jesús la compañía que merece. ¡He aquí todo un itinerario espiritual! Sintonizar nuestros pensamientos, sentimientos, deseos y obras con los de la Virgen y san José. ¡Qué bien amaríamos y serviríamos a Jesús!

7. «La tristeza mansa de la Virgen y san José»
¿Cómo reaccionaron la Virgen y san José ante el rechazo experimentado en Belén? San Manuel contesta por medio de un epígrafe. Al describir el Sagrario de su capilla privada, explica tres epígrafes que muestran lo que el Corazón de Jesús da, busca y encuentra (5206-5211).

Refiriéndose a lo que busca, afirma que es «Una sola cosa: Dame tu corazón […] El corazón nuestro entero y por siempre. Él, buscado y amado antes que todo; lo demás buscado y amado sólo por Él, por medio de la Madre Inmaculada conforme a la enseñanza y al ministerio de la Iglesia» (5209).

Esta verdad la representa por la cristalera localizada del lado del Evangelio: «con María Inmaculada y san José presentando en medio de una floresta […] al Niño Jesús, que da su Corazón a cambio del que el pueblo cristiano, precedido por su sacerdote, le ofrece.

Es un cuadro de una dulzura y suavidad que arrastra al que lo contempla a arrodillarse junto a aquellos sencillos aldeanos y juntarse a la ofrenda de su corazón» (5209).

Son precisamente la Virgen y san José quienes presentan a Jesús, el cual nos da su Corazón a cambio del que nosotros debemos ofrecerle.

Pasa luego a referirse a lo que encuentra el Corazón de Jesús: «De ordinario, lo mismo en su vida mortal que en la de Iglesia y de Eucaristía, puertas cerradas de ojos para no mirarlo, de oídos para no escucharlo, de pensamientos para no creerlo, de corazones para no quererlo, de familias para que no viva entre ellas y de pueblos para que no reine en medio de ellos. Representado en la cristalera del lado de la Epístola por la escena de Belén: No había sitio para ellos» (5210).

Las palabras escritas por san Manuel en los años 30 parecieran propias del año en que estamos, 2022. El mundo parece más decidido que nunca a eliminar a Dios de todos los ámbitos de la vida. ¿Cómo debemos reaccionar? Como la Virgen y san José: con una «tristeza mansa» que mueva a la «tristeza reparadora»: «La tristeza mansa de la Virgen y san José ante la cara repulsiva del posadero […] ¡qué oleadas de tristeza reparadora levantan en el alma!» (5210). Bendita la hora en que vinieron al mundo las Marías, los Discípulos de S. Juan y los Niños Reparadores, para que con la asistencia constante y la imitación fiel de la Virgen y san José trabajen incansablemente por la eucaristización del mundo, único camino a la paz y felicidad que todos anhelan.

«Que se aumente Madre Inmaculada, que se aumente cada día esta familia Nazarena, que no deje de aumentarse para que el Jesús solo de muchas partes empiece a ser el Jesús acompañado» (p. 151).

Deyanira Flores
Publicado en El Granito de Arena, Enseñanzas de san Manuel, San Manuel González, San Manuel González García.

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