Ponencias del Congreso Eucarístico (Hartl)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2022.

La fascinación de la belleza (I )

Del 5 al 12 de septiembre del año pasado Budapest acogió el 52º Congreso Eucarístico Internacional. Durante esa semana se ofrecieron numerosas y valiosas ponencias que, desde El Granito de Arena, consideramos de crucial importancia para nuestros lectores. Tras haber publicado dos de las intervenciones del Simposio Teológico previo, ofrecemos hoy la primera parte de la presentación de Johannes Hartl, laico alemán, fundador de la comunidad de la Casa de Oración, que lleva por título «La fascinación de la belleza. El descubrimiento de la belleza de Dios en la oración y la adoración».

Me alegro mucho de estar aquí, sobre todo porque creo que no hay muchos alemanes. Es un gran honor y una gran alegría. Esta tarde quisiera compartir una historia muy personal, que considero, a su vez, muy esperanzadora, si bien Alemania y esperanza parecen términos incompatibles. Cuando se habla de Alemania, de la Iglesia y de la fe generalmente es para decir que en Alemania ya no hay mucha gente creyente.

Estando en Polonia hace algunos años, me hicieron una entrevista para un periódico católico y la primera pregunta fue: «Ah, es usted alemán. Pero, ¿es que puede venir algo bueno de Alemania?». Sin embargo, tengo buenas noticias hoy. En el Antiguo Testamento Dios habló a través de un asno, por lo tanto, ¡Dios puede utilizar incluso a los alemanes para transmitir su mensaje!

Deseo compartir una parte de mi historia personal y hablar de la fascinación de la belleza. Tengo 42 años, casado y con cuatro hijos. Hace algunos años mi mujer y yo nos embarcamos en una aventura nueva. Yo todavía iba a la universidad y teníamos la impresión de que debíamos fundar una casa de oración. ¿Qué es una casa de oración? Una casa que, en nuestro caso, antes era un gimnasio. Lo compramos y ahora allí se practica otro tipo de ejercicio. En ella hay una sala principal de oración, donde entran unas cien personas más o menos. Es bastante grande. A veces hay muchísima gente, a veces hay unas pocas. Lo que la hace sala principal no es tanto el tamaño cuanto que allí nunca se detiene la oración. Si vamos a las 3 de la tarde hay un grupo, a las 8 de la mañana también. Incluso a las 3 de la mañana también hay gente orando allí. Cada sábado celebramos un día especial y el próximo sábado será muy especial ya que celebraremos el décimo aniversario de oración ininterrumpida allí.

Tenemos un grupo de oración que aproximadamente está orando allí desde hace 100.000 horas. Para nosotros es muy especial sobre todo porque se ora en la noche en los 365 días del año, y en la mayoría de los casos son jóvenes que están orando. Son cristianos que pertenecen a varias Iglesias, por lo cual es una comunidad ecuménica. Tenemos otro tipo de encuentro, por ejemplo celebración eucarística, pero en esta sala lo más importante es la oración libre que fluye en esta espiritualidad ecuménica, muchas veces con música de fondo. También hay salas para seminarios y aulas, y un oratorio hermoso, una capilla. Podría surgirnos la pregunta respecto a quién le interesa que haya un grupo de jóvenes en Alemania rezando a las cuatro de la mañana.

Hace más de diez años pensamos primeramente en quedarnos escondidos, para vivir como ermitaños en una montaña. Y para ello tuvimos una primera conferencia a la que invitamos a algunos amigos para comentarles nuestra idea. Asistieron unas 120 personas. Quedamos maravillados. Un año después, a la misma conferencia, donde nuevamente se iba a hablar de la oración, fueron 250 personas; al tercer año ¡mil personas! No comprendíamos cómo esa pequeña casa de oración con la que habíamos soñado después de algunos años acogió a más de tres mil personas. El año pasado, nuestro encuentro de oración contó con doce mil participantes… y seguía siendo en Alemania. Por supuesto que no es para gloriarnos personalmente, pero, ¿cuál es el secreto?, ¿qué podemos aprender de todo esto?

Esta tarde quisiera compartir con ustedes los principios que aprendí sobre cómo sentirnos Iglesia, cómo vivir una vida cristiana, especialmente en un país tan secularizado como Alemania. Son como cinco principios, cinco lecciones que yo he podido sacar de esta historia.

1. Fascinación
En una ocasión nos visitó uno de los principales canales de televisión generalista [no religiosa] que quería informar sobre nuestro encuentro y puso por título de la noticia «La santa fascinación reúne a más de 10.000 personas». Lo que más me gustó fue que afirmaran que a los cristianos se los reconoce por aquello que los fascina, porque muchas veces se nos reconoce a nosotros, católicos, por aquello a lo que nos oponemos. Los católicos son aquellos que se oponen a esto, a aquello y a aquello otro. Y es cierto que estamos en contra de algunas situaciones o principios que no concuerdan con nuestra fe, pero yo sueño con una Iglesia que sea conocida y reconocida por aquello que la apasiona, por aquello que la fascina, por aquello que la hace vibrar. El mundo está lleno de negatividad y son numerosos los grupos que luchan unos contra otros. También los cristianos están luchando en muchos lugares pero, ¿cuántos son los que vibran por aquello que les apasiona, que les fascina?

El término «fascinación» no aparece en la Biblia, pero estoy personalmente convencido que, sobre todo el Nuevo Testamento, rebosa fascinación en cada párrafo, aunque utilice otras palabras para describirlo. Por ejemplo, cuando los miembros del Sanedrín prohibieron severamente a Pedro y a Juan predicar en el nombre de Jesús: «Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo: ¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído» (Hch 4,19-20). No es que dijeran «como hemos estudiado teología tenemos que hablar de teología». Por el contrario, se sentían fascinados, «no podemos menos de contar», no podían permanecer callados. De igual manera, cuando alguien tiene un encuentro con Jesús, no puede desviar su mirada, por la atracción que siente. Mi teoría es que la fascinación está en el centro de la vida cristiana.

Podemos preguntarnos: ¿nos sentimos fascinados por Jesucristo? Es curioso, por ejemplo, que el Evangelio cuenta que cuando algunos oficiales son enviados para detener a Jesús, al volver con las manos vacías dicen: «no hay nadie que haya hablado como este hombre». ¡Ni siquiera sus enemigos pueden resistirse a su palabra!, tal era la fascinación que irradiaba la persona de Jesús.

¿Por qué es tan importante la fascinación? Porque no se refiere primeramente a lo que haces sino a lo que amas. También porque es la forma en que los humanos hemos sido hechos y es lo que nos mueve. Un elefante no puede crear nada, ni una cebra. Los animales no pueden pintar, ni bailar, ni escribir novelas, ni componer música. Solo el ser humano es capaz de crear arte, porque en nuestro interior está ese deseo que es una de las motivaciones más antiguas de la Humanidad.

Los edificios más antiguos del planeta estaban bellamente adornados. El ser humano es el único que es capaz de construir tales edificios porque tenemos algo en nuestro corazón que nos atrae hacia la belleza y la fascinación. Pero, ¿de dónde nace esto? De nuestro corazón que queda fascinado ante la belleza.

[Continuará]

taller pronunciado por Johannes Hartl. Traducción y edición de texto: Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n., y Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Iglesia hoy.