Editorial (mayo 2022)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2022.

Emoción y gratitud que comprometen

El 3 de mayo de 2022 ha concluido el Jubileo con ocasión del I Centenario de fundación de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Son innumerables los actos, celebraciones y festejos que se han tenido durante este tiempo en todo el mundo, sobre todo en aquellas ciudades donde hay comunidades de Nazarenas.

Ha sido, como es de imaginar, una celebración muy diversa a como estaba organizada allá por febrero de 2020, cuando apenas se oían noticias de una nueva enfermedad. Sin embargo, tal como afirma santa Teresa de Jesús: «Dios no se muda». Más allá de los cambios de actividades o fechas, la gracia de Dios se ha derramado a raudales, con infinita generosidad, como a Él le gusta darlo todo y darse a sí mismo.

Tal como afirma la Superiora general de las Misioneras Eucarísticas en la Carta que con este motivo dirigió a las Hermanas, y que ofrecemos íntegramente en este número de El Granito, «aunque el motivo inmediato del Jubileo haya sido conmemorar un acontecimiento: los cien años de la fundación de Nazaret, es evidente que todo tiene su sentido en Cristo y se ha querido proclamar un tiempo de gracia del Señor. Hemos entrado a través de la Puerta abierta que es Cristo, donde nos esperaba Él mismo, el Salvador, para ofrecernos una vida nueva y gozosa».

¡Todo tiene su sentido en Cristo! O, en estilo paulino, «a los que aman a Dios, todo les sirve para el bien» (Rom 8,28). ¡Cuántas personas han podido gozarse en la misericordia de Dios, profundizar en su amor eterno al peregrinar a los más de 30 templos jubilares diseminados en nueve países! ¡Cuántas lágrimas de gratitud se han derramado y cuántas conversiones tienen en este tiempo su explicación y causa. Dios sigue actuando, siempre. Como dijo Jesús «mi padre sigue actuando y yo también actúo» (Jn 5,17).

Las Misioneras Eucarísticas de Nazaret celebramos juntas la clausura del Jubileo en el II Encuentro congregacional virtual, en el que estuvieron presentes todas las comunidades de la congregación. Fue una reunión emocionante y cargada de gratitud. ¡Cuánto hemos recibido! ¡Cuántas gracias divinas se han derramado personal, comunitaria, congregacional y eclesialmente! ¡Cuánto cariño sincero nos ha hecho llegar el Señor a través de las personas más cercanas! «Este amor no se parece a ningún otro amor» (OO.CC. I, n. 17) escribió san Manuel, quien tanto saboreó, en primera persona, el saberse cuidado, más aún, mimado, por Dios; el que se conmovió ante la mirada de Jesús Eucaristía en un Sagrario abandonado. Emoción y gratitud que se proyectan, es decir, que desembocan en un compromiso gozoso y apasionado, coherente y fiel.

Cumplir 100 años puede parecer una meta, sin embargo, para la congregación ha significado una renovación, «una vida nueva y gozosa» la definía la Superiora general. Ya somos una congregación centenaria, no tanto por los galones que institucionalmente se puedan vestir sino por los abandonos que se han reparado en este siglo de vida; no tanto por la cantidad de Hermanas que forman el Nazaret de la tierra y del Cielo, cuanto por las semillas de cercanía que se han sembrado en cada Sagrario y en cada corazón humano, porque allí está también latiendo el Corazón divino: lo que «hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40); no tanto por los aplausos recibidos, cuanto por el cariño sincero que Él ha querido hacernos llegar. ¡Gracias a todos los que habéis sido cauce de este amor infinito!

Publicado en centenario MEN, Editorial, El Granito de Arena.

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