Clausura del Jubileo M.E.N.

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2022.

Un Corazón de puertas siempre abiertas

El 3 de mayo de 2020, en plena pandemia, la Familia Eucarística Reparadora celebraba con gozo interior el inicio del Jubileo con motivo del I Centenario de fundación de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Por las circunstancias excepcionales que se vivían, la Santa Sede concedió que durante dos años (el doble de lo solicitado) cuatro templos mayores y todas las capillas de la congregación fueran lugares donde ganar la indulgencia plenaria y conocer con mayor profundidad la infinita misericordia de Dios. Al concluir este Jubileo la Superiora general ha enviado una Carta a todas las hermanas, de la que reproducimos un amplio resumen.
El Centenario de nuestra Congregación ha sido una oportunidad para gustar de manera especial la misericordia del Señor. La Puerta Santa de los cuatro Templos Jubilares, así como la de que cada una de nuestras Capillas, ha sido de hecho una Puerta de la Misericordia. Quienes hemos tenido la gracia de atravesar ese umbral hemos sido llamados a sumergirnos en el amor misericordioso del Padre con plena confianza; ha sido una verdadera oportunidad para profundizar en el misterio de la bondad de Dios.

«El Espíritu del Señor está sobre mí […] me ha enviado a proclamar […] un año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19). Estas palabras ponen de manifiesto que, aunque el motivo inmediato del Jubileo haya sido conmemorar un acontecimiento: los cien años de la fundación de Nazaret, es evidente que todo tiene su sentido en Cristo y se ha querido proclamar un tiempo de gracia del Señor. Hemos entrado a través de la Puerta abierta que es Cristo, donde nos esperaba Él mismo, el Salvador, para ofrecernos una vida nueva y gozosa. «La señal de Cristo está en nuestra frente y en nuestro corazón… en nuestra frente para confesarle siempre, en nuestro corazón para amarle… y en nuestro brazo para hacer el bien» (S. Ambrosio, De Isaac et anima, 75: PL 14, 556-557).

Abraza toda la vida
Varios peregrinos hemos cruzado las Puertas Santas. Damos gracias por ello y recordemos que hemos sido agraciados de misericordia para revestirnos de sentimientos de misericordia, para ser también portadores de misericordia, porque la misericordia no está reservada solo para momentos particulares, sino que abraza toda nuestra experiencia cotidiana (cf. Papa Francisco, Audiencia, 12/10/2016). La misericordia tiene ojos para ver, oídos para escuchar, manos para levantar.

Este tiempo pascual que estamos viviendo nos ofrece una gracia especial, al igual que les pasó a los discípulos, quienes después de la Resurrección «se llenaron de alegría al ver al Señor» (Jn 20,20), y ya no piensan más en sí mismos y en sus fallos, sino que se sienten atraídos por sus ojos, donde no hay severidad, sino misericordia (cf. Papa Francisco, Homilía, 24/4/2022). De igual modo, cada uno de nosotros, como decía san Manuel González en una de sus cartas, empapando nuestra «vista en las bondades y misericordias de Él» (OO.CC. IV, n. 5800), y atraídas por esa mirada del Señor, nos sentimos invitados a vivir la misericordia con alegría.

El Jubileo ha sido también una ocasión para reconocer las semillas de vida que, sembradas en el corazón bueno y generoso de nuestro Padre Fundador, de nuestra Madre Mª Antonia, de nuestra Madre Mª de la Concepción y de tantas hermanas, dieron fruto. «El espíritu de Nazaret es de hecho el espíritu del Padre que le dio vida y aliento. Era tan exuberante y tan pletórica la vida que esta Institución tenía ya en el corazón del Fundador, que al brotar de sus labios y de su corazón en aquel año de 1921, salió con tanta fuerza, con tanto espíritu sobrenatural, que todavía se respira íntegramente el aliento de vida que el Espíritu Santo le diera por medio de aquel sacerdote tan lleno de Dios» (M. González Ruiz, «Nazaret en el pensamiento del Fundador», en El Granito de Arena, 20/05/1946, n. 895).

Generosidad y entrega
La vuelta a las fuentes de nuestra historia congregacional nos ha permitido recordar y valorar la generosidad y entrega de nuestro Nazaret. Así mismo, todo lo vivido en este Jubileo nos ofrece la posibilidad de continuar el camino con arrojo y vigilancia, con el carácter profético de nuestra identidad consagrada. El profeta recibe del Señor la capacidad de observar la historia en la que vive y de interpretar los acontecimientos: es como un centinela que vigila por la noche y sabe cuándo llega el alba.

El Espíritu nos recuerda la gracia del presente, no hay otro espacio mejor para nosotros. Ahora, justo donde nos encontramos, «es el momento único e irrepetible para hacer el bien, para hacer de la vida un don» (Papa Francisco, Homilía, 23/5/2021). Durante este tiempo jubilar a todas las hermanas nos ha acompañado el lema «Nacidas para eucaristizar», y sentimos cada una la llamada del Señor: «Reaviva el don de Dios que hay en ti» (2 Tim 1,6). Ahora, después de su celebración confiamos en el rescoldo que ha avivado, en la semilla que ha sembrado, en las posibilidades que ha despertado para seguir llevando con valentía «la antorcha que encendieron nuestros Padres».

Cuidar el brote nuevo
Una Misionera Eucarística de Nazaret, renovada por el Espíritu de Cristo Resucitado, ha de volver siempre al origen y beber de las fuentes carismáticas, a una «acción esencialmente eucarística» (OO.CC. III, n. 4804), tal como nos pedía san Manuel. Mantener la gracia del germen primero es indicio de una presencia viva del espíritu fundacional. Pero, a su vez, estamos llamadas a cuidar el brote nuevo que los tiempos nuevos requieren. La Iglesia y el mundo necesitan la aportación espiritual y apostólica de una vida consagrada renovada y fortalecida. «El Señor hará en nosotras, en Nazaret, esa renovación que Él y todas deseamos, si nos abrimos con sencillez, sin querer otra cosa que saber su voluntad para cumplirla» (M. Mª de la Concepción González, Noticias Nazarenas, Madrid, 3/4/1974). Dejemos que en nuestros corazones resuene esta petición: Concédenos Señor la gracia de una verdadera renovación. No permitas que se apague tu luz entre nosotras. Afianza nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, para que podamos dar frutos buenos en el aquí y ahora de nuestra historia congregacional (cf. Benedicto XVI, Homilía, 2/10/2005).

Un momento crucial
«En este momento crucial para la historia, nuestro puesto en la nueva evangelización requiere sensibilidad y entrega» (Hna. Mª del Pilar López-Negrete, «Ante un gozoso aniversario», en El Granito de Arena, 05/1996, n. 1465, p. 19). Este mensaje al celebrar el 75º aniversario de la fundación de Nazaret sigue siendo una urgencia para el hoy. Así mismo, en el horizonte se vislumbra una era que nos pide que seamos sal, luz y levadura, que impregnemos desde dentro este mundo con la inspiración carismática que hemos recibido como vocación. Ha acabado el tiempo de la luz proyectada desde el exterior, nos sumergimos en el día cuyo sol viene desde dentro, como la Eucaristía.

La Virgen María nos conduce en nuestro caminar cotidiano. Ella se dejó guiar por el Espíritu, en un itinerario de fe, hacia un destino de servicio y fecundidad. Nosotras hoy fijamos en ella la mirada, para que en esta etapa que iniciamos al concluir el Jubileo nos ayude a anunciar el Evangelio de la Eucaristía y a ser portadoras de misericordia. «Que Ntra. Madre Inmaculada sea tu modelo y tu compañera inseparable, desea y pide tu afmo. P. que cariñosamente te bendice, +Manuel» (OO.CC. IV, n. 6570).

Mª Teresa Castelló Torres, m.e.n.
Superiora general
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, San Manuel González, San Manuel González García.

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