Enseñanzas de san Manuel sobre san José (abril 2022)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2022.

San José nos lleva al Corazón de Jesús

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es medular en la vida, obra y espiritualidad de san Manuel. Dentro de este contexto aparece san José. En el presente artículo veremos algunas de sus enseñanzas al respecto.
1. María y José, «los que mejor supieron y saborearon el Corazón de Jesús»
El propósito de san Manuel en su obra Así ama Él. El Corazón de Jesús en el Evangelio y en la Eucaristía es «hacer sentir las palpitaciones del Corazón de Jesús en su Evangelio y en la repetición perenne y viva de Él, que es su Eucaristía», y «ayudar a las almas de buena voluntad hambrientas y sedientas de encontrar, ver y tratar a Jesús en las intimidades de su Corazón… o sea, llevarlas al conocimiento, amor, trato personal e imitación de su Corazón» (OO.CC. I, n. 363; para facilitar la lectura se ofrecen, a continuación, solo la numeración de las Obras Completas de san Manuel).

Para lograrlo, propone dos medios: la oración y la meditación o «conversación afectuosa» diaria con Jesús Sacramentado, «tomando el tema del Evangelio y mirando su Corazón en el Sagrario a través de ese mismo tema» (365).

En relación con el primer medio, hace varias peticiones al Espíritu Santo (364). La última dice así: «Espíritu Santo, danos sobre todo el don de Sabiduría para ver, saber, amar y saborear de todos los modos que pueda ser visto, sabido, amado y saboreado el Corazón de Jesús» (364).

Inmediatamente después viene nuestro texto: «Madre Inmaculada y patriarca san José, los que mejor supieron y saborearon el Corazón de Jesús en la tierra, dadnos parte en vuestras intimidades» (365).

Luego de pedirlo al Espíritu Santo, pasa a pedirlo a la Virgen y san José, repitiendo dos de los verbos que utilizó con el Divino Espíritu: saber y saborear. Se trata de un texto corto pero muy profundo.

En primer lugar, se dirige tanto a la Virgen como a san José. En segundo lugar, hace una afirmación capital sobre su conocimiento de Jesús, su cercanía e intimidad con Él: «los que mejor supieron y saborearon el Corazón de Jesús en la tierra».

«Saber»: conocimiento intelectual. Sobre este conocimiento insigne de María y José del misterio de su Hijo se refiere también, por ejemplo, cuando alaba la «bendita y feliz ignorancia poseedora de la gran sabiduría de saber hablar con Dios y hacerse oír y atender de Él» de la mayoría de los que hacen en el Evangelio «hermosas oraciones», «si se exceptúan la Madre bendita de Jesús, ilustrada con todas las luces del cielo y de la tierra; san José y san Juan Bautista y Nicodemus y algún que otro discípulo oculto» (1118).

«Saborear»: conocimiento afectivo. Es más, las palabras «sabiduría» y «saborear» tienen la misma raíz. El don del Espíritu Santo más alto de los siete, la sabiduría, es un saborear a Dios de la manera más excelsa posible en esta tierra. Pues nadie en esta tierra ha conocido ni saboreado a Jesús tan bien como la Virgen y san José. Y nótese que pudo haber mencionado solo a la Virgen; pero no, menciona también a san José junto con ella. Se trata de una de las alabanzas más ciertas, bellas e importantes que se le pueden hacer al bendito patriarca. Pues, ¿qué puede haber más alto que ese conocimiento e intimidad que él tuvo con Jesús? Ahora bien, precisamente a ellos san Manuel les pide: «dadnos parte en vuestras intimidades». ¿Quién puede alcanzar una unión con Jesús; una comprensión de su persona, su misión, su misterio; quién puede gozar de su presencia y su amor como su Madre y su padre nutricio? Por consiguiente, ¿quiénes mejor que Ellos nos pueden ayudar y enseñar a «ver, saber, amar y saborear» el Corazón de Jesús? ¿A quién le pertenece con mayores títulos ese Corazón si no es a su Madre Virgen, en cuyo vientre virginal se formó y por cuyo Inmaculado Corazón fue amado con pureza y fidelidad incomparables, y a su padre virgen, que con tanto amor y solicitud lo cuidó y sirvió toda su vida?

Este gran texto lo termina con una súplica a los ángeles de nuestra guarda y de nuestros Sagrarios, en la que expone de manera sintética y magistral los tres aspectos de la Eucaristía: «Ángeles de nuestra guarda y de nuestros Sagrarios, dadnos a gustar algo de lo que siente el Corazón sacerdotal de nuestro Jesús ofreciéndose inmolado en nuestras Misas, dándose sin reserva a los comulgantes buenos y malos, y viviendo oculto y callado en nuestros Sagrarios, singularmente en los abandonados» (365). San Manuel también habla de «saber y saborear tu Sagrario» (2331) y de «saborear lo que era Nazaret» (Pláticas a las Hermanas [PH], p. 54). En una plática sobre su vida oculta en Nazaret, y dirigiéndose esta vez a los tres: Jesús, María y José, dice: «Pues pidamos al Niño Jesús, que es el encanto de Nazaret, a la Sma. Virgen que es la Reina y al glorioso S. José, que hizo de jefe o cabeza de esa Sagrada Familia, que nos enseñen a meditar, saborear y entrar muy dentro de los grandes misterios de esa vida oculta, para que con la gracia divina practiquemos en cuanto podamos tan santos ejemplos» (p. 94).

2. Domiciliadas dentro del Corazón de Jesús
En una conmovedora carta a sus Marías Nazarenas, les dice que ha metido sus corazones junto con el suyo «en el Sagrario y dentro del copón» y las invita a vivir dentro del Corazón de Jesús: «Os consagraré de nuevo al Amor no amado y abandonado y formando vuestros corazones con el mío uno solo lo meteré en el Sagrario y dentro del copón y con muchas ganas le pediré a Jesús que, así como me ha concedido poder para abriros y abrirme la puerta del Sagrario y la tapa del copón para meternos dentro, que también se digne abrir la puerta de su llaga para que vivamos dentro de su Corazón… Y como estoy seguro de que me va a decir que sí, os doy el encargo, el gran encargo de que desde las siete de la mañana del día del Sdo. Corazón os hagáis cuenta de que, si corporalmente vivís en Villa Nazaret, espiritualmente vivís dentro del real palacio del Corazón de Jesús y que desde allí salís a hacer vuestros trabajos y ministerios, y desde allí hacéis oración y mortificación, vuestros desagravios y compañías… ¡Qué buena casa y qué buen taller de Marías santas y santificadoras!» (6155).

Algo parecido, pero en relación con el Inmaculado Corazón de María, propone san Antonio Mª Claret a sus Hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, que tendrán el Corazón de María por su claustro (Publicaciones Claretianas 1990, pp. 48-52). A continuación san Manuel termina la carta con su típica originalidad: les dice a las hermanas que avisen de su nuevo domicilio a tres personas para que las «acompañen»: su Madre Inmaculada, su ángel de la guarda y san José: «Dad parte de vuestro nuevo domicilio a vuestra Madre Inmaculada, al Ángel de vuestra guarda y a S. José para que os acompañen y al demonio para que no pierda el tiempo buscándoos» (6155).

Como muchas de sus menciones de san José, esta es muy breve, pero muy importante. San Manuel quiere que las hermanas vivan dentro del Corazón de Jesús, pero no sin la compañía y la asistencia tanto de la Virgen como de san José. Es una manera de afirmar el papel indispensable, aunque a menudo no nos demos cuenta, del santo patriarca, junto con María, en nuestra vida espiritual.

3. Peticiones a san José
San Manuel hace varias peticiones a lo largo de sus obras a san José que ,aunque son cortas, son muy significativas. Mencionamos algunas

3.1. Súplica que podría preceder a los ratos de Sagrario
En la oración que se debe hacer en las visitas al Sagrario, le pide al ángel de la guarda y a san José «que le enseñen a oír y a hablar a Jesús» (560). Vale la pena hacer notar que el recurso conjunto al ángel de la guarda, que tiene «el oficio de llevar mi alma a Jesús y a Jesús a mi alma» (1194), y a san José es común en san Manuel y aparece en varias de sus oraciones: «Corazón de Jesús Sacramentado: Con mucha pena de ser como soy y con muchas ganas de ser como Tú quieres que sea, vengo a tener contigo este rato de conversación afectuosa para tu mayor gloria, honor de mi Madre Inmaculada y provecho de mi alma. Ángel de mi Guarda y san José: Enseñadme a oír y a hablar a Jesús» (560). El saber oír a Jesús callado en el Sagrario y saber hablarle es un tema fundamental en el pensamiento de nuestro Santo (cf. 218, 1311, 1465, 2684). Un ejemplo entre muchos: «Amor callado, silencio solemne del Sagrario cristiano ¡cuánto haces y enseñas! ¡Bienaventurados los que Te entienden y se abisman en Tus misterios!» (2682). Por eso es tan significativo que acuda a san José para que le enseñe a oír y hablar con Jesús en el Sagrario.

3.2. Pedir a san José el parecerse a Jesús
El primer paso para ver y parecernos a Jesús es desearlo sinceramente y pedírselo vivamente, entre otros, a san José, tal como afirma san Manuel en su libro Camino para ir a Jesús, en el que dialogan un discípulo con su maestro: «Discípulo: ¿Qué haría yo para llegar a ese supremo bien de parecerme a Jesús, mi Hermano mayor, el Hombre perfecto y modelo de todos los predestinados? Maestro: El primer paso para ver y parecerte a Jesús es desearlo sinceramente como los gentiles del Evangelio: “Queremos ver a Jesús” y pedirlo vivamente al Padre celestial, al Espíritu Santo, a la Madre Inmaculada, al Ángel de la guarda y a San José, que son los más íntimos de la Familia» (812).

Lo más relevante aquí es la afirmación de que san José es uno de «los más íntimos de la Familia», siendo los otros nada menos que la Santísima Trinidad, la Virgen y el ángel de la guarda. Por eso le pedimos a él también el ver y parecernos a Jesús.

3.3. Oración preparatoria para la meditación anterior y posterior a la Comunión
La oración preparatoria de la meditación para preparar y agradecer la Comunión está dirigida a Jesús Sacramentado, la Madre Inmaculada y las Marías del Evangelio, el ángel de la guarda y san José, al cual le pide: «Glorioso patriarca san José, que tuviste la dicha de ganar y dar el pan de cada día a Jesús en Nazaret, ¡que la tenga yo de ganar y dar su consuelo de cada hora al Jesús de mi Sagrario! (1194).

Se trata de un texto que une a san José con la Eucaristía. Inspirado en el José del Antiguo Testamento, que alimentó al mundo durante la hambruna con el trigo que había guardado (Gén 41,53-56), el beato Pío IX afirma que san José «con cuidado solícito alimentó al que el pueblo fiel comería como pan bajado del cielo para la vida eterna» (Quemadmodum Deus; cf. RC 16).

San Manuel, por su parte, lo que hace es un paralelo entre José que gana y da «el pan» a Jesús en Nazaret y nosotros que debemos ganar y dar «consuelo» a Jesús en el Sagrario.

3.4. Agradecer la Comunión y preparar muchas más santas
En una oración compuesta para un niño en su primera Comunión, luego de dirigirse a la Trinidad Santa y a la Inmaculada, le pide lo siguiente al ángel de la guarda, san José y san Ignacio (por ser el santo del niño): «Santo ángel de mi guarda, san José, san Ignacio, agradeced mi comunión y preparadme muchas y cada vez más santas comuniones. Amén» (4580).

Este texto es importante porque relaciona a san José con la Eucaristía, no solo por el hecho de que en el pasado alimentó a Jesús, que hoy se nos da como alimento en la Eucaristía, sino porque en el presente tiene una función en favor nuestro: agradecer dignamente nuestra Comunión y prepararnos «muchas y cada vez más santas comuniones». En otras palabras, san José nos ayuda en el acto más importante de nuestro día y de nuestra vida que es comulgar. Nos ayuda a prepararlo y a agradecerlo. ¡Sin duda alguna esta ayuda suya aumenta muchísimo el fruto de nuestras Comuniones!

3.5. Petición por las vocaciones sacerdotales
Entre los modos que menciona san Manuel de fomentar las vocaciones sacerdotales (cf. 2407-2411), considera la oración como el más importante. Por eso compuso e indulgenció unas preces para que sus diocesanos las utilizaran con este fin. En una de ellas invoca a san José: «Ángeles de la guarda de los niños y de sus padres, san José, patrón de la Iglesia universal, pedid y trabajad por el fomento de las vocaciones sacerdotales» (2411).
He aquí otro campo más en que san Manuel contempla la acción eficaz de san José: las vocaciones sacerdotales. Siguiendo su ejemplo, no debemos olvidarlo cuando le pedimos al Señor que envíe más operarios a su mies.

3.6. Peticiones en las fiestas litúrgicas de san José
En una carta enviada a Josefa Segovia Morón durante la octava en preparación de la fiesta del patrocinio de san José, que se celebraba el tercer miércoles de Pascua, le desea tres cosas, la primera de las cuales es «el trato íntimo y confiado de S. José con Jesús»: «A Pepita Segovia en el día VIII del Patrocinio de S. José una bendición que la lleve a tres cosas muy buenas: 1ª el trato íntimo y confiado de S. José con Jesús. 2ª el olvido de sí para no pensar más que en Él y 3ª la alegría de que cuanto haga, sufra sea alimento y gusto de Jesús y su Madre Inmaculada» (6687).

Dos afirmaciones: que san José tenía un trato «íntimo y confiado» con Jesús, y que nosotros debemos aspirar a tenerlo también; se sobreentiende que con su ayuda.

En una carta a su amigo el P. José Ariza González le desea para la solemnidad del 19 de marzo «mucho parecido con tu S. José» (6261).

El imitar el trato que tenía san José con Jesús en Nazaret en nuestro trato con Jesús Eucaristía lo encontramos también en otro apóstol de la Eucaristía, san Pedro Julián Eymard, el cual desarrolla en detalle las virtudes de san José en su relación con Jesús, que los adoradores del Santísimo Sacramento deben imitar (Mes de san José, Día 2, pp. 5-6; Día 11, p. 33; Día 28, pp. 87-88).

3.7. Jaculatorias a san José
Finalmente, son muy significativas las tres jaculatorias que san Manuel redactó y como obispo indulgenció para las Marías Nazarenas. Precisamente es a san José a quien le pide «el espíritu reparador y nazareno» de su Obra: «Jesús mío, no te vayas de mí, que me muero sin Ti. Madre mía Inmaculada, enséñame la vida interior. Padre mío san José, lléname del espíritu reparador y nazareno» (6196).

Deyanira Flores
Publicado en El Granito de Arena, Enseñanzas de san Manuel, San Manuel González, San Manuel González García.

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