Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (abril 2022)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2022.

«Permanecer» con esperanza y gozo

El papa Francisco, en su exhortación apostólica postsinodal Christus vivit, especialmente dirigida a los jóvenes, expresaba: «Para discernir la propia vocación, hay que reconocer que esa vocación es la llamada de un amigo: Jesús (…) Este discernimiento de amistad es el que propongo a los jóvenes como modelo si buscan encontrar cuál es la voluntad de Dios para sus vidas» (n. 287).
Desde hace algunos años, en Santa Fe, Argentina, un grupo de jóvenes, acompañados por las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, emprendieron un camino vocacional desde la clave de discernimiento que propone el papa Francisco para toda la Iglesia: una experiencia que nace de la amistad con Jesús. A día de hoy, son varias las hermanas y los jóvenes que han ido formando parte del grupo «Permanecer», como desde el principio eligieron llamarse, precisamente, con el deseo de permanecer en la amistad con Cristo, para descubrir a su lado la propia vocación. Cada quince días se reúnen para compartir diferentes experiencias: formación, trabajo personal, oración, acompañamiento espiritual, retiros. Entrevistamos a algunos de los jóvenes de dicho grupo. Ellos iniciaron su camino de búsqueda vocacional en torno a la fiesta de Pascua del 2021; al cumplirse casi un año y, al comienzo de la segunda etapa, comparten con nosotros su experiencia.

Caren, ¿cómo conociste el grupo?
Yo formaba parte de una congregación religiosa. Estuve en ella hasta el 2019. Al salir supe por medio de una chic,a que estaba haciendo un proceso de discernimiento vocacional, que existía este grupo los sábados y me pareció una buena herramienta para esta nueva etapa de mi vida.

En lo cotidiano, en el trabajo, en medio de la sociedad, fui cambiando poco a poco mi modo de ser y en los encuentros de Permanecer el Señor me fue recordando que estoy llamada a más. Son para mí un espacio para conocer y compartir la vida consagrada.

Julieta, ¿qué ha significado para ti el proceso vocacional vivido en «Permanecer»?
La verdad que el proceso que fui atravesando a lo largo del año tuvo para mí sentimientos encontrados. En un primer momento, significó poder pedir ayuda a alguien que tuviera experiencia en este camino, ya que yo sola no podía. Decidí hacerlo porque había algo que Dios me estaba suscitando internamente.

Por otro lado, significó hacer muchos cambios en mi vida: aprender a hacer silencio, tanto exterior como interior; poder conocerme verdaderamente, tanto mis dones como mis debilidades y todo lo que soy, para poder ser auténtica.

También trajo mucho desorden en mi vida, pero un desorden necesario para que Jesús pudiera ordenarlo a su manera. Un desorden que me ayudó a renovarme internamente. Sin embargo, lo más importante de este proceso es que me ayudó a tener esperanza en la voluntad de Dios y a aprender a dejarme modelar por Cristo.

Luciana, ¿te ha parecido importante el acompañamiento personal que ofrece esta experiencia de discernimiento?
Me pareció necesario y muy importante poder compartir con confianza y desde el amor, con un hermano, aquello que Dios me fue regalando. Es fundamental para mí poder confrontar con mi acompañante las experiencias, los sentimientos, las emociones e ilusiones que se me van presentando a lo largo de este camino de oración, autoconocimiento y reflexión. Desde el principio, eso me exigió un compromiso y me ayudó a permanecer cuando aparecieron los miedos, la tristeza, la pereza y la incomprensión. Su sola escucha fue reparadora, sus palabras de aliento fueron alimento de esperanza; su alegría por mis pequeños pasos y su reconocimiento me ayudaron a ver mi progreso, que me acercaba cada vez más a Jesús.

A través del acompañamiento pude experimentar cómo Jesús me invitaba a perseverar en el camino de fe y a seguir creciendo en el amor, pude sentir su pastoreo paciente, silencioso y compasivo y, finalmente, hacerme consciente de mi necesidad de compartir mi vida con Dios.

Noelia, ¿invitarías a un amigo a realizar este itinerario vocacional? ¿Por qué?
Sí, sin lugar a dudas. Creo que todos los jóvenes que aman a Jesús deberían pasar por la experiencia de Permanecer. Así se podría abrazar el camino vocacional con una verdadera libertad, entendiendo que solo la voz del Espíritu Santo es la que nos da la certeza de saber que vamos por donde Dios quiere. Además, porque todo lo bueno se comparte y, personalmente, en esta experiencia aprendí a mirarme en profundidad, descubrí a Dios desde otro lugar y a mis hermanos desde la misericordia y el amor. Es un gran desafío, pero teniendo la certeza de que Dios camina con nosotros se puede cumplir su sueño, y yo puedo transmitir a los demás la alegría de saberme amada siempre.

Pamela, ¿has descubierto el paso de Dios por tu vida durante este año?
La respuesta es un «SÍ» con mayúsculas, aunque no ha sido de la noche a la mañana. El Señor me regaló muchas luces en el camino: dirección espiritual, hermanos, familia, Sacramentos. Todo fue preparando el camino y sanando mi corazón para poder ver y tener la certeza de que jamás estuve sola. Más bien, era mi corazón el que estaba cerrado y mis ojos tapados por estar tan lejos de Dios, pero como su ternura es más grande y no se deja ganar en generosidad, me dio el regalo más hermoso: devolverme a la vida.

Jimena, ¿cuáles son los aspectos de tu vida que este proceso vocacional te ha ayudado a descubrir para agradecer?
Durante todo este año me encontré con muchas cosas que me sorprendieron de mí misma, de Dios, de las relaciones con el mundo. Y para dar gracias por ellas, les comparto las palabras claves que resonaron en mi corazón durante todo este tiempo: identidad (dones, miedos, personalidad), signos (esas señales que Dios me fue dando en el camino, algunas que vi, otras no), historia (recorrer mi vida y detectar los momentos en los que Jesús fue parte de ella y en los que no pude verlo), procesos (mi vida, mi vocación, mi ser está en proceso siempre, aprendiendo que tengo que saber ser paciente), comunidad (todos somos distintos y sola no puedo nada) y finalmente, perseverancia (la que tuve hasta hoy y la que quiero tener siempre).

No tengo dudas de que el proceso vocacional me ayudó a crecer mucho como persona y como hija de Dios, y por eso le doy infinitas gracias a Dios por haberme elegido para formar parte de «Permanecer». También le doy gracias por todo lo que de su mano y a través de sus mediaciones aprendí.

Ivana, descubrir y vivir la propia vocación es fundamental para nuestro desarrollo humano ¿El itinerario vocacional «Permanecer», te ayudó a hacerlo? ¿En qué lo has notado?
El itinerario vocacional me ayudó mucho. Para mí es una herramienta más para responder a preguntas que tenía sin respuestas y poder discernir en cada momento. También me ayudó a ordenar las distintas voces en mi cabeza y las que vienen de fuera, aprendí a pasar momentos diarios de calidad con el Señor, que antes no aprovechaba al máximo. Lo noto en el crecimiento de mi relación conmigo misma, con Dios y con los que me rodean, en el asumir responsabilidades y salir de mi comodidad, en el tomar decisiones conscientes, en el ir descubriendo el verdadero rostro de Dios y también el mío, aceptándome como soy, con todo lo que tengo.

El mayor fruto que descubro del itinerario vocacional en mi vida es el poder escuchar la voz de Dios en mi día a día y asombrarme con su presencia y originalidad. Todo esto me supone un gran crecimiento espiritual, más allá de que los pasitos que voy dando son pequeños, yo los percibo como gigantes. La alegría, mis emociones, el poder servir con amor y la paz que siento me confirman que voy por el camino correcto.

Gisela, ¿cómo ha sido tu experiencia en «Permanecer»?
Mi experiencia en «Permanecer» realmente fue de gran ayuda en todos los aspectos de mi vida. Experimenté por primera vez lo que es tener un acompañante espiritual, poder abrirme y expresar lo que siento, lo que me pasa por dentro.

«Permanecer» me dio herramientas, me hizo ver las cosas de otra manera, no centrarme en un Dios paternalista, sobreprotector, sino un Dios amigo, que me ama tal cual soy, con mis defectos y virtudes, ese que no ve las apariencias sino el corazón. Sin duda, «Permanecer» fue un regalo de Dios para mí.

Santiago, ¿cómo ha sido tu camino para descubrir tu vocación?
Podría decir que mucho tiempo estuve buscando una respuesta. Mi deseo era: «Descubrir mi propia vocación». Finalmente, así lo siento y expreso yo, se corrió la niebla. Ahora ya sé cuál es el camino y en esta etapa tengo que aprender cómo seguir.

Sol, ¿en qué te ha ayudado formar parte del grupo «Permanecer»?
Ser parte de «Permanecer» me ayudó muchísimo durante este último año, tanto en lo humano como en lo espiritual. Fue un sostén de fe cuando tuve altos y bajos en mi camino de fe.

En los altos de fe me ayudó sosteniéndome y ayudándome a atesorar todo lo que iba descubriendo. Pero sobre todo, en los momentos bajos y de incertidumbre, me ayudó a encontrar respuestas y me dio paz. Fue una gran herramienta espiritual para crecer y para seguir permaneciendo, siguiendo la voluntad del Padre. Cada actividad me ayudó a poner en concreto lo que no tenía resuelto y sobre todo a dejar mi vida en manos de Dios.

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en centenario MEN, El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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