Editorial (abril 2022)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2022.

Ojos de santos para ver la verdad

En numerosas ocasiones los escritos de san Manuel González definen la Semana santa como el tiempo más propio de las Marías y de los Discípulos de San Juan. Más aún, en su libro Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario la define como «vuestra gran Semana». Y prosigue: «Marías y Discípulos de san Juan de los Sagrarios–Calvarios, ¿os habéis enterado? Para vosotros la semana de los misterios no es una semana de siete días que comienza en las palmas del domingo y termina en el resurrexit de la madrugada del otro domingo; para vosotros empezó el jueves del Cenáculo y no terminará mientras haya quien grite en torno de los Sagrarios: “No queremos que Éste reine sobre nosotros”» (OO.CC. I, n. 458).

En esa misma reflexión invita a todos los miembros de la Familia Eucarística Reparadora (¡y a cuantos hayan leído ese texto, que cuenta con decenas de ediciones!) a estar atentos a lo que esta Semana tan especial tiene que decirnos y pedir verla y oírla y sentirla como la vieron, sintieron y oyeron la Virgen Dolorosa, las Marías y el Discípulo amado.

Al llegar a la Semana santa y, sobre todo, el Viernes santo, son numerosas las llamadas a contemplar la Pasión de Jesús. Hay personas, sin embargo, que ven en esto un ejercicio difícil, casi espeluznante. ¡Cuánto odio acumulado contra un inocente! ¡Cuánta violencia gratuita e injusta (la violencia siempre lo es) destrozando cuerpos, almas e ilusiones!

San Manuel, sin embargo, nos invita a ir a la esencia de lo vivido en esos días y repetido innumerables veces en el mismo Cristo, en su presencia eucarística y en sus hermanos, sobre todo los más pequeños. Ir a la esencia no es contar gotas de sangre derramadas sino pedir luz para comprender qué resorte secreto anida en el corazón del hombre para ser capaz de entregar su vida por salvar la vida de otros. ¡Y no pensemos que solo Dios es capaz de obra tan altruista! ¡Cuántas madres y padres entregan su vida por sus hijos! ¡Con cuántos mártires cuenta la Iglesia!

En Semana santa, más que nunca, estamos llamados a mirar corazones, a bucear en lo más profundo de aquellas personas (humanas o divinas) para quienes el amor es más fuerte que la muerte, como tan bien expresa el Cantar de los Cantares (8,6). Que las atrocidades exteriores no nos cieguen el entendimiento interior.

Vivimos un tiempo donde es tremendamente fácil ver y oír situaciones extremas, de verdadera y cruel pasión humana. Pidamos, por tanto, como nos indica san Manuel, contemplar «lo que hicieron y vieron y oyeron y sintieron nuestros padres en la fidelidad reparadora». Que cada vez que nuestra mirada se cruce con el dolor, contemplemos cómo lo vivieron los santos, los que se sabían indeleblemente unidos a Dios, los que no dudaron de serle fiel a cualquier precio.

No pretendamos solucionar los problemas que escapan a nuestro ámbito doméstico, sino que estemos muy atentos a las llamadas que Dios nos puede estar haciendo en una mano extendida, en una lágrima furtiva, en el perdón no pedido pero sí tan necesitado.

Pidamos ojos de santos para ver la vida con claridad, es decir, tener su mirada para ver la realidad completa, no simples matices que a veces la distorsionan. Pidamos ojos y corazón de santos, como los que, al pie de la cruz, no le quitaron sufrimientos al Corazón que allí padecía, pero supieron que su misión era estar allí, y no huir. ¡Santa Semana santa!

Publicado en centenario MEN, Editorial, El Granito de Arena.

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