Cordialmente, una carta para ti (marzo 2022)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2022.

In memoriam

Amigo lector: Por medio de esta carta quisiera recordarte que el día 11 de marzo del pasado año fallecía en Chiclana de Segura (Jaén) Mons. Domingo Muñoz León, añorado amigo y asiduo colaborador durante más de 25 años en El Granito de Arena. Ya ha pasado un año desde su partida a la Casa del Padre, y quienes le hemos tratado de cerca no acabamos de acostumbrarnos a vivir sin su compañía. El vacío que ha dejado es muy difícil de ocupar.
En una carta anterior (El Granito de Arena, mayo-junio 2021, n. 1736, p. 29) te decía que había sido Mons. Domingo quien me animó a colaborar en estas páginas. Él fue quien me puso en contacto con la directora de la revista, en aquel entonces la Hna. Ana María Diosdado. Por ello, gracias a él puedo comunicarme contigo y gracias a él he podido conocer la vida y obra de nuestro san Manuel, algo que tanto ayudó a mejorar mi manera de ser y de pensar… ¿Cómo podría no estarle agradecido? ¿Cómo podría olvidarlo?

En aquella misma carta te daba a conocer, lector amigo, algunos detalles de su vida. Así, te decía que había nacido en Chiclana de Segura (Jaén) en el año 1930. Ordenado sacerdote en 1954, se doctoró en Sagrada Escritura y en Filología Bíblica Trilingüe. Fue profesor de Sagrada Escritura en el Seminario de Jaén y en la Universidad de Granada. Durante las sesiones del Concilio Vaticano II acompañó en calidad de asesor al obispo de Jaén. Además, era miembro de la Pontificia Comisión Bíblica y Canónigo de la Catedral de Jaén. Fue uno de los principales artífices de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española y presidente de la Sección de Teología de la Real Academia de Doctores de España. Desempeñó también otros importantes cargos que sería prolijo enumerar.

Pero tanto sus cargos como sus muchas obligaciones no le impidieron escribir numerosas obras, entre ellas, Dios Palabra. Memrá en los Targumín del Pentateuco; Derás. Los caminos y sentidos de la Palabra Divina en la Escritura; Predicación del Evangelio de San Juan, Guía para la lectura y predicación; El Reinado de Dios y de su Cristo. Estudio Derásico del Apocalipsis de San Juan; El Don de Dios Amor (publicado por la editorial EGDA), etc. Por otra parte, ha sido autor de numerosos artículos de investigación y de divulgación bíblica, como los publicados en El Granito de Arena.

Amigo excepcional
Con motivo de su fallecimiento, la Hermandad Virgen de Nazaret, de Valencia, publicó un entrañable panegírico, firmado por Antonio B. Olivas Nevado, comentando la vida y obra de Mons. Domingo. Entre otras cosas, decía el autor del escrito que «fue una persona buena, un buen sacerdote, un hombre sabio y un santo». Totalmente de acuerdo, pero yo añadiría que también fue un amigo excepcional, fuera de lo común. Mons. Domingo poseía un alto concepto de la amistad, razón por la que dejó una profunda huella y un recuerdo imborrable en quienes tuvimos la suerte de ser sus amigos.

Él era ese buen amigo que ayuda en los momentos en que se le necesita. Cuando yo tenía alguna duda sobre una expresión en latín o sobre determinada cita bíblica acudía a él, llamándole por teléfono. Siempre atendía mi llamada, y mi duda quedaba solucionada al instante. Cuando tuve un problema de salud, al igual que cuando lo tuvo algún familiar mío, él pedía por nosotros en la Misa que diariamente oficiaba en la iglesia de san Vicente de Paúl en Madrid. Era ese amigo que siempre estaba dispuesto a echar una mano. Jamás fallaba.

Fueron muchas, amigo lector, las cosas buenas que pude ver en Mons. Domingo, pero ninguna me impresionó tanto como su incondicional entrega a la voluntad divina. Era ejemplar su resignación cristiana. Ante cualquier situación difícil siempre decía lo mismo: «No hay que preocuparse. Será lo que Dios quiera». Sobre esto mismo comentaba la Hermana Ana Mª Palacios: «Su buen espíritu y entrega a la voluntad de Dios fueron siempre un distintivo suyo. En una ocasión llamó por teléfono para decir que lo iban a operar de cáncer. Al oír de esta parte del teléfono una exclamación de dolor, contestó con toda sencillez y serenidad: “¡Nada! No pasará más que lo que Dios quiera”» (El Granito, n. 1736, p. 19). Así era él, siempre resignado y siempre confiando en la voluntad divina.

Que desde la Casa del Padre, su actual morada, interceda por quienes elaboran y leen El Granito de Arena, la revista que él tanto amaba.

Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *