La FER en el mundo (Ejercicios espirituales para jóvenes)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2022.

Un día imposible de olvidar

Hay días que marcan la vida de un modo especial, que se convierten en fechas difíciles de olvidar. Probablemente el 18 de febrero sea uno de esos días para un grupo de jóvenes, que desde distintos puntos de España llegaron a Málaga.
Para algunos el viaje supuso atravesar el país de un extremo al otro, para otros solo significó un breve rato en coche. Lo cierto es que en la cara de todos se podía percibir alegría, expectativa y también un poco de incertidumbre.

En Málaga, en un lugar tan especial para la Familia Eucarística Reparadora, junto al Seminario fundado por san Manuel y en el primer Nazaret de la Congregación de Misioneras Eucarísticas, los esperaban tres días de ejercicios espirituales. Con mayor o menor experiencia en el tema, para todos significaba una oportunidad diferente, un espacio de silencio, de descanso, de búsqueda, de encuentro.

Jesús llama
Esas fueron algunas de las palabras que más resonaron desde el principio. Sin embargo, la que tuvo más fuerza y le fue dando sentido a todo fue esta: «Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20). Raquel, María, Teresa, Jesús, Lourdes, Manuel, Lorena, Marta y Paula escucharon esa llamada y le abrieron la puerta al Señor. La capilla, el monte, el Seminario, se convirtieron en lugares oportunos para la búsqueda de Dios, para el diálogo y la escucha, para la oración personal y comunitaria, para el acompañamiento, para una vivencia alegre y profunda de la liturgia, de los sacramentos.

Fue fundamental en todo momento la ayuda de Cristian Peralta, sacerdote jesuita, quien no solo preparó con ilusión e interés el material previo a los días de retiro, los puntos, las sugerencias de lectura, etc, sino que desde el momento que acogió la invitación a dar los ejercicios, acompañó a los jóvenes con su oración y cercanía, como también lo hizo durante toda la experiencia.

Más regalos de Dios
De igual manera, fue un regalo el cuidado de las hermanas Misioneras Eucarísticas del Nazaret de Málaga, quienes estuvieron pendientes de cada detalle, y fueron también, en este sentido, instrumentos de Dios para que cada uno de los jóvenes pudiera disfrutar al máximo de cada momento. Quienes tuvimos la dicha de estar cerca de estos nueve jóvenes y percibir el paso de Dios por sus vidas, no podemos menos que dar gracias a Dios por el don que significa para la Iglesia la experiencia de los ejercicios espirituales, que desde hace tantos siglos ha alimentado el camino de fe de tantos cristianos.

Por mucho tiempo, seguramente, para estos jóvenes, el Nazaret de Málaga les recordará la huella del paso de Dios. Un paso sereno, callado, respetuoso, de esos que marcan la vida y nunca dejan indiferente.

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, San Manuel González, San Manuel González García.

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