Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (febrero 2022)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2022.

El punto fuerte de mi conversión fue la confesión

Guillermo Esteban (Grilex) es un joven madrileño que se dedica a hacer rap cristiano. Hace poco tiempo ha sacado su último CD, Kamikaze, y le ha puesto este título porque considera que así podría definirse a un cristiano en el mundo actual, como una persona capaz de ir contracorriente, de perdonar, de apostar por la vida. A través de un encuentro decisivo con el Señor percibió con mucha fuerza que Dios restauraba su corazón y se decidió a seguirlo. Estudia magisterio y también hace un curso de radioterapia y dosimetría, dos cosas que considera totalmente diferentes, pero que para él tienen un sentido, ya que ambas se orientan al trato personal, ya sea en la educación de los niños como en la atención a personas enfermas.

Grilex, sabemos que eres una persona pública y que tu testimonio personal de encuentro con Dios cada vez se va haciendo más conocido a través de distintos medios, sin embargo, para aquellos a los que llegarás por primera vez mediante El Granito de Arena, ¿te gustaría contarnos cómo ha sido tu experiencia de conversión?
¡Claro que sí! Yo estaba alejado de la Iglesia y, como la mayoría de las personas que lo están, me sentía lleno de heridas y no sabía que Dios es misericordia. Tenía mucha sed de Dios, lo que pasa es que no sabía que aquello era sed de Dios. Probé muchas cosas en la vida, además tuve un éxito muy temprano en el mundo del rap, me fui poniendo muchas protecciones alrededor y no quería saber nada de la fe. Pensaba que Dios era impasible y yo había sido muy rebelde desde pequeñito (hasta el punto de haber pasado por nueve colegios) y había hecho muchas cosas que sabía que no estaban bien. En este contexto, el Señor se fue encontrando conmigo a través de personas, circunstancias, palabras, actos. Así, empecé a ver que Dios era amor y a mí eso me chocaba mucho porque yo no pensaba que fuese así.

Sin embargo, el punto potente de mi conversión, puesto que a día de hoy sigo en ese proceso, fue la confesión. En cuanto yo descubrí este don tan grande que ofrece la Iglesia me sentí liberado. Además, lo vi muy claro, lo único que Dios quiere de nosotros, que no viene de Él, es nuestro pecado. Creo que hacerme consciente de todo esto y poder sacar de mí todo lo que llevaba dentro, me permitió experimentar una fuerte restauración interior y me dije: «¡Esto es otro nivel!» Porque la gente trabaja la mente y sana la mente, trabaja el cuerpo y sana el cuerpo, pero el alma ¿quién lo trabaja y quién lo sana? Así aprendí que es una dimensión que hay que saber trabajarla y sanarla con el Señor.

Actualmente sigo caminando, yo estoy en el mundo y caigo, meto la pata, fallo en muchas cosas, pero frente a las caídas no me conformo con estar en el suelo, sino que prefiero decir: «Señor, he metido de nuevo la pata, dame tu mano». En mi canción «Ven» lo digo así: «Señor, mírame a los ojos, sé que no soy digno, pero tú me quieres y eres fiel desde el principio». Me parece fascinante, ver mi pobreza interior, mis limitaciones y saber que Dios me ama. Además esto me hace poder empatizar con la gran mayoría de las personas, sobre todo con los jóvenes. Yo a ellos les digo: «Tus heridas son mis heridas, tú te has sentido seguramente muchas veces despreciado, te habrás sentido un fallo en mal de amores, habrás sentido el vacío existencial, el no saber dónde está Dios, que te falle un amigo… todas estas cosas que también yo he vivido y vivo, pero encuentro la solución en Dios».

De ahí que creo que tenemos que estar muy cerca de las personas que están alejadas de la Iglesia, porque la gran mayoría de ellas son personas buenas, pero con muchas heridas, y eso les impide muchas veces acercarse a Dios. Es algo así como pensar: «¡Cómo me va a querer Dios si yo he hecho esto, esto y esto!» Lo que no saben es que existe la confesión, el arrepentirse de los pecados, el dejar esa mochila que cargamos. En cuanto estas personas descubren eso es como si Dios les diera unas gafas especiales, yo las llamo «gafas cristocéntricas», porque empiezas a ver las cosas con otra luz, das sentido al sufrimiento, a la vida, a la entrega, a la fidelidad y a muchas otras cosas.

En tu testimonio nos hablas mucho de las heridas, de la fragilidad, de sentirnos rotos y de saber acercarnos a los que están rotos. Esto parece ser un eje en tu vida porque también tú te has sentido así. Por tanto, en un mundo donde parece que no podemos menos que ser perfectos, ¿qué le dirías tú a alguien que se siente roto?
Yo le diría que no se fustigue por sus fallos. El Señor, solo Él, es juez. Nosotros no debemos ser jueces de nadie, ni siquiera de nuestra propia vida. A veces pienso que nos fustigamos mucho frente a las caídas, frente al ser imperfectos, nos fijamos mucho en nuestros errores. Puede ayudarnos el pensar que todos esos latigazos, los clavos, la corona de espinas, la lanza… ya los ha asumido Dios, de nada sirve que estemos nosotros dándonos golpes. Al final también es eso lo que quiere el enemigo, que una persona pierda la esperanza y que baje su autoestima y su confianza en el Señor. Hay una frase que me gusta mucho: «El demonio conoce tu nombre pero te llama por el pecado, Dios conoce tu pecado, pero te llama por tu nombre», creo que hay una diferencia muy grande, uno te lleva hacia abajo, haciéndote ver solo lo malo, y Dios, al contario, te lanza hacia arriba.

Nuestra misión como cristianos es reconocer que todos tenemos heridas, a Cristo mismo le rechazaron, le escupieron, le juzgaron, le hicieron de todo, quién mejor que Él para poder entendernos.

Finalmente le diría: «No estás solo, hay una comunidad que te espera, que te quiere aceptar, que es madre y se llama Iglesia. Está compuesta por personas imperfectas, que metemos la pata, pero queremos apostar por tu vida, por tu salvación, por tu alegría, por tus valores. Y por supuesto, está Dios».

¿Cómo te encuentras con Cristo hoy, en el presente de tu vida? ¿Cuáles dirías que son tus pilares en el camino de la fe?
Sobre todo me sostiene la oración, la comunicación con Dios. Él se ha hecho pan para poder estar con nosotros. Pienso que es muy importante poder tener un contacto directo con el Señor, porque estar delante de la Eucaristía es como ponerse al sol. Cuando el sol te da, ya sea que estés sentado o de pie, sabes que el sol te está tostando la piel. Si hay nubes piensas que el sol no está, pero sigue estando y te sigue tostando la piel. Estar delante del Señor es igual, te va tostando el alma. A veces hay momentos de nubes, de preocupaciones, despistes, pero te sigue tostando. Por eso mi primer pilar es la oración personal.

El segundo es la dirección espiritual. Para mí este punto es clave, porque como humano y como joven que soy muchas veces me equivoco, entonces me parece fundamental tener un buen director espiritual, alguien que me anime y me diga las cosas claras, que me tire de las orejas con amor y me ayude a ordenar mi vida y mi corazón.

El tercer pilar es la comunidad. Contar con gente que te potencie, que apueste por los mismos ideales que tú, que puedas hacer piña, hablar sin miedo, compartir… Otro pilar principal es la confesión, como he dicho antes. Y el quinto es el Evangelio. Leer la Palabra de Dios es fundamental porque nos dice muchas cosas de cómo es Dios, de cómo actúa Él, cómo perdona, qué es lo que quiere, y es curioso, porque conforme lo vas leyendo te dice una cosa, pero dentro de un mes seguramente las palabras te dicen algo nuevo. Eso refleja que la Palabra de Dios está viva y que actúa constantemente en cada período de nuestro crecimiento personal.

Esos son los cinco pilares que yo considero esenciales a día de hoy porque sé que aún me quedan muchos por conocer. Considero que la batalla de hoy en día es espiritual y hay que estar bien preparados, para que cuando lleguen los golpes te puedas caer pero haya quién te levante o te haga de escudo.

Grilex, ¿cómo nace en ti la inquietud por el rap y el rap cristiano? Y unido a esto, ¿tienes alguna canción que sea tu favorita, de la que puedas decir que refleja con mayor intensidad todo lo que llevas dentro?
Yo empecé con el rap cuando tenía 17 años. Fue un proceso oscuro porque tuve un éxito muy rápido y me llené de orgullo, de vanidad, de soberbia. Me dejé llevar por eso y descubrí una fórmula muy buena del mundo del rap que es: «Haz daño y crecerás». Entonces empecé a hacer daño y crecí mucho, pero a medida que iba creciendo estaba cada vez más solo, más vacío, más roto, sin sentido. Vivía como en dos mundos, redes sociales, conciertos, mucha gente, pero, a nivel personal, completamente solo.

Cuando estaba al borde del precipicio, cuando parecía que ya tenía un pie para lanzarme, llegó la misericordia. Siempre lo digo, el Señor buscó la grieta perfecta para atravesar mi corazón, porque yo no quería abrírselo. Y lo hizo con amor. Yo era una persona que vivía estando muerta y de repente me encuentro con algo que no sabía qué era y que me hacía sentir vivo. Descubrí que era Cristo quien me daba la vida y a partir de ahí me planteé si merecía la pena poner los dones que Dios me había dado a disposición de los demás o si me lo debía quedar para mí y seguir el camino de éxito que estaba llevando. Así fue como tomé la decisión de hacer solo una canción en formato cristiano, la saqué y los comentarios fueron muy impactantes. Hubo alguien que me dijo: «Gracias a esta canción no me llegué a suicidar». Para mí eso fue una clara confirmación de que el Señor me quería por aquí.

Allí empezó un camino que no es fácil, es muy exigente, porque lo que hacemos es competir con el potencial que hay en el mundo, lo que nosotros hacemos no es componer música para gente cristiana, sino que hacemos música universal con contenido cristiano. A veces es duro porque no somos del agrado de todo el mundo, pero eso significa que vamos por buen camino y que no estamos prostituyendo lo que es nuestra identidad cristiana. No queremos maquillar ni negociar la verdad, queremos ser sólidos y contar la verdad con amor.

Respecto de mi canción favorita, sin duda digo que es «Ven», porque es una oración que nace desde mi lugar más oculto. Empiezo diciendo: «Ven, Señor, te invoco en este día haz que la tristeza se transforme en alegría, que mis pasos puedan caminar contigo, que tus ojos me miren como a un hijo». Me siento muy identificado con esta canción, porque no solo cuando la escucho y la veo me ayuda a hacer oración, sino porque hay ciertas partes de ella en las que siento que Dios me está hablando directamente al corazón.

Sabes que El Granito de Arena es una revista eucarística, y aunque algo has mencionado ya, ¿te gustaría decirnos qué significa en tu vida la Eucaristía?
Para mí la Eucaristía es como una «diálisis espiritual». Cuando uno se pone delante del Señor, lo que debe hacer, desde mi punto de vista, es soltar todo lo que tiene dentro. Dios es Padre, por tanto, no hay que ponerse máscaras porque Él nos entiende. Hay que expulsar los miedos, los traumas… todo. Y una vez que todo esté fuera, guardar unos minutos de silencio para que eso que era tóxico, Él lo trabaje y lo convierta en algo puro y lo vaya devolviendo al cuerpo lleno de vida.

Es necesario hablarle, pero también escucharle. El Señor siempre habla aunque haya momentos en que pensemos que no dice nada, lo que pasa es que su lenguaje es complicado. Además diría que no es solo diálisis, porque puede ser que lo vivamos así cuando llevamos más carga por dentro, pero cuando una persona está bien, estar ante la Eucaristía se convierte en un momento de descanso para disfrutar serenamente de la presencia del Señor.

Conociendo que tus predilectos son los jóvenes, ¿qué le dirías a un joven que está dentro de la Iglesia y a uno que está más alejado o no ha tenido la experiencia de encuentro con Dios?
Al que está dentro le diría que no pierda el tiempo, que sea fuego, que la vida es una y no estamos aquí para andarnos en tonterías, que nos jugamos mucho y que hay almas muy necesitadas. Cuando conocemos la verdad no podemos guardarla por miedo al qué dirán, al juicio, a parecer raro. No, no tengamos miedo. El cristiano no está nunca solo, la vida es efímera y merece la pena quemar las cuerdas que nos atan y decir sí a Dios como la Virgen María, para que muchas personas puedan conocer el amor de Dios. Si no lo hacemos estamos perdiendo el tiempo.

Al que está fuera le diría que da igual si piensa que Dios no lo quiere, porque lo sigue amando, y que da igual que piense que Dios no existe, porque sigue existiendo. Le diría que hay un Dios que le espera, que no le juzga, que le quiere abrazar, restaurar, potenciar y dar las «gafas cristocéntricas».

¿Cuál es la huella que te gustaría dejar en este mundo?
La de Cristo, porque el día de mañana nadie se va a acordar de mi cara, de mi nombre, de mi música, pero la gente se va a acordar de Cristo. Todo lo demás pasará, pero la Palabra de Dios permanecerá. A lo mejor me equivoco y la música dura mucho más, pero no es eso lo principal, no quiero marcar la historia con la huella de Grilex, sino con la de Cristo. Quiero contar las maravillas que el Señor ha hecho con este muchacho y que la gente se pueda sentir identificada. Que se vea que no es mi mérito sino el de Dios.

¿Un mensaje final?
Que la gente puje por vivir una vida plena y no conformista, que no nos conformemos con ser mediocres o con quedarnos donde estamos cómodos. Que no tengamos miedo. Seguro que habrá personas que lean esta entrevista y sean muy mayores, a ellos les diría que a través de las circunstancias de su edad pueden ofrecerlo por nosotros, los jóvenes.
Seguro nos leerán personas enfermas, a ellos les digo: «Por favor, sed nuestros pulmones, ofreced por nosotros vuestro sufrimiento, por las generaciones que queremos evangelizar, por los que queremos tocar los corazones con el Señor». Sobre todo os pido que lo ofrezcáis por las personas que están perdidas, nadie quiere estar perdido y sufrir; también por los que tienen miedo, para que empiecen a dar testimonio. ¡Gracias!

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en centenario MEN, El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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