Cordialmente, una carta para ti (febrero 2022)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2022.

Triunfadores y perdedores

Amigo lector: Como bien sabes, en las modernas sociedades competitivas es muy corriente catalogar a los hombres como triunfadores o como perdedores. Los primeros son los que ocupan altos cargos públicos o privados, son los que tienen poder, influencias y dinero; en una palabra, son los que han triunfado en la vida.
Frente a ellos están los que han fracasado, los que ocupan los cargos más bajos o, lo que es peor, no ocupan ninguno porque no encuentran un trabajo. Algunos, por no tener, no tienen vivienda propia ni pueden pagar una de alquiler. En ciertos casos son los marginados, los desheredados de la fortuna.

Aparte de esto, conviene tener en cuenta que en los momentos de crisis económica, como el que actualmente atravesamos, suele suceder que los ricos se van haciendo más ricos mientras que los pobres se van haciendo más pobres. De esta manera, está aumentando la distancia que ya existía entre triunfadores y perdedores, entre los ricos y los pobres.

Como también sabes, lector amigo, en muchos países del mundo existe una clase social, llamada por los sociólogos clase media–media, la cual no está formada ni por triunfadores ni por perdedores. En su mayoría la forman personas que ganan un sueldo, con el que pueden vivir dignamente, y también pequeños comerciantes o autónomos que viven de su negocio. Pero con la llegada de la crisis económica, iniciada en el año 2008 y recrudecida por la actual pandemia, esta clase media–media está desapareciendo poco a poco. Es un fenómeno social bastante lamentable, porque esta clase se ha venido caracterizando por ser respetuosa con los valores tradicionales.

Apreciaciones equivocadas
Dejando a un lado estas consideraciones socioeconómicas, es lo cierto que en el mundo de hoy encontramos algunos triunfadores y muchos perdedores. Sin embargo, no es menos cierto que podemos equivocarnos en nuestra apreciación. En efecto, puede que a quien consideramos como triunfador sea en realidad un fracasado en muchos aspectos de su vida, por lo que quizá él no se sienta feliz ni satisfecho de sí mismo. Por el contrario, puede que a quien tenemos por un perdedor, él se considere a sí mismo un hombre feliz, lleno de satisfacciones personales, familiares y profesionales… No olvidemos que las apariencias engañan.

Precisamente, sobre las apariencias debemos recordar, lector amigo, al escritor y jesuita aragonés Baltasar Gracián (1601-1658), cuando aseguraba que «nada es lo que parece». El Padre Gracián nos permite ver que existe una gran diferencia entre la verdad de las cosas y lo que aparentan, diferencia que muy pocos saben apreciar. Con estas palabras nos lo dice el escritor aragonés: «Son muy pocos los que saben mirar por dentro a las cosas y a las personas». Lo normal es que nos quedemos en la parte superficial de las cosas y de las personas, sin penetrar en su interior, es decir, sin mirar por dentro. De aquí que tengamos muchas probabilidades de equivocarnos a la hora de juzgar.

Lo más importante
Hay otro hecho, estimado amigo, que también conviene tener en cuenta. Y es que todos conocemos hombres que se pasaron la mayor parte de su vida luchando para ser unos triunfadores, para ser más y para tener más; pero muchos de ellos demasiado tarde se dieron cuenta de que lo único que consiguieron fue ser menos felices y tener menos tranquilidad… Tiene que ser decepcionante encontrarse con esto después de haber luchado tanto. En cierto modo y muy a su pesar, lucharon no para ser triunfadores, sino para ser unos perdedores.

Por otra parte, podríamos añadir a lo anterior que quienes alcanzaron el éxito, es decir, los triunfadores, deberían tener muy presente que la vida es un bien vulnerable, que todo puede acabar en un momento, que la muerte nos lo puede arrebatar todo, sin darnos explicaciones de nada.

Y una última consideración, amigo lector. Aunque no nos hayamos equivocado, aunque el que vemos como un triunfador lo sea de verdad, tendremos que preguntarnos si realmente ha conseguido lo más importante de esta vida. En este sentido, es bueno recordar estas palabras de Jesús: «Y ¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?» (Mt 16, 26). ¿De qué le sirve al triunfador haberlo conseguido todo en este mundo, si al final pierde su alma? Al que vemos como un gran triunfador, puede que sea el mayor de los perdedores. No olvidemos que las apariencias engañan.
Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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