Cordialmente, una carta para ti (diciembre 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2021.

Navidad, verdad histórica y religiosa

Amigo lector: Recordarás que hace poco te decía en una de mis cartas que la acedia, un mal de nuestro tiempo, tenía solución. Y también te decía que, según el cardenal Robert Sarah, fue santo Tomás de Aquino quien encontró en la Navidad el remedio a ese mal. Lo encontró en la venida de Dios a este mundo, es decir, en la Encarnación. Cuando celebramos la Navidad, como auténticos cristianos, desaparece la tristeza, la acedia, que llevamos dentro del alma, sobre todo por esta pandemia que nos sigue amenazando y que no conoce final.
Te animaba en aquella carta a comenzar la preparación de la Navidad, aunque faltasen dos meses. Si la angustia se ha apoderado de nosotros, lo mejor será recurrir a la Navidad, que ahora sí ya está muy cerca. Esta es una verdad que nadie puede negar. Es tiempo de Navidad, tiempo de celebrar la venida de Dios al mundo y de proclamar que estamos ante una gran verdad histórica y religiosa. Esto hay que decirlo muy alto, porque hoy se hace difícil saber dónde está la verdad.

Distinguir la verdad de la mentira
Como sabes, lector amigo, cada día cuesta más trabajo distinguir la verdad de la mentira. La manipulación intencionada de la información es hoy moneda corriente. Buena prueba de ello es la campaña que hace algún tiempo se inició para asesorar al público sobre cómo identificar las noticias falsas, las llamadas fake news. Y hemos llegado a esta situación porque se está imponiendo la concepción relativista de la verdad. Se busca que no haya verdades absolutas, que todas las verdades sean relativas. Se quiere que la verdad dependa de las circunstancias en que se formuló, que todo dependa de cierta situación o de determinado momento. Se busca que triunfe el relativismo.

Tal relativismo hace que no podamos hablar de verdades eternas y absolutas, lo mismo que no podemos decir que algo sea bueno o malo de un modo absoluto. Todo depende del momento y de las circunstancias. Es fácil comprobar que el relativismo está invadiendo todos los ámbitos de la vida. Actualmente, se ha acuñado el término «posverdad» para significar algo muy similar al relativismo, esto es, que no hay verdades absolutas, que la verdad siempre es relativa, dependiendo de las circunstancias en que se ha formulado. Estamos en plena era de la posverdad.

Pero es el caso que la posverdad también está invadiendo el ámbito religioso. Verdades que tradicionalmente se tuvieron como tales, hoy se ponen en duda o se niegan. Hay verdades religiosas que están siendo consideradas como una posverdad. Al no aceptar que hay verdades absolutas, se duda de todo o se niega casi todo. Son los nuevos tiempos, en los que se pretende que el relativismo y el racionalismo supriman todo vestigio de fe. Lo mismo se podría decir de las verdades morales. Así, el bien y el mal están adquiriendo un valor meramente relativo. Todo depende de las circunstancias, de la situación o de un determinado momento para que algo sea bueno o malo. Nada es bueno ni malo en sí mismo, sino en función de otros factores que poco o nada tienen que ver con la bondad o la maldad.

La clave de la celebración
Sin embargo, estimado lector, pese a estar en plena era de la posverdad y pese al triunfo del racionalismo y del relativismo, hay verdades que son innegables y que se imponen con fuerza. Una de estas verdades es que hace dos mil años, en un humilde portal de Belén, Dios se hizo hombre. En aquel humilde portal tuvo lugar uno de los acontecimientos más grandes de todos los tiempos: el nacimiento del Niño Dios, el nacimiento de Cristo, una gran verdad histórica y religiosa. Precisamente, en ese nacimiento está la clave de la Navidad.

Por tal razón, destacaba en uno de sus artículos monseñor Cañizares, cardenal arzobispo de Valencia, que aunque nos empeñemos en ir contra el hombre, en establecer violencia y mentira, en cercenar su libertad y eliminar la vida en cualquiera de sus fases, aunque nos empeñemos en pisotear la dignidad del hombre, en negar sus derechos fundamentales y tratemos de sumirlo en un nihilismo destructor o en el abismo del sinsentido, a pesar de todo esto, y por lo acontecido hace dos mil años en un humilde portal de Belén, «Dios seguirá apostando por el hombre. Esta es la gran verdad de la Navidad: Dios se ha hecho hombre»… Si olvidamos esta gran verdad histórica y religiosa, si olvidamos que Dios se hizo hombre, quizá haya de todo, pero no habrá Navidad.

Mis mejores deseos de paz y de felicidad, amigo lector, para esta Navidad y para el nuevo año. Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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