Con mirada eucarística (octubre 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2021.

Una experiencia transformadora

Del 5 al 12 de septiembre pasado se ha celebrado el Congreso Eucarístico Internacional de Budapest. Salvo los medios especializados, los grandes medios de comunicación de masas, con alguna excepción, apenas se han hecho eco de tan importante acontecimiento.

Así ocurrió también en el Congreso Nacional Eucarístico de Toledo, del año 2010, al que tuvimos el honor de asistir en representación de toda la Familia Eucarística Reparadora. La Eucaristía desgraciadamente no es tema noticiable. Por eso, gracias, Mónica, por tu abnegada y completa labor periodística desde Budapest.

Experiencia transformadora
A pesar de todo, para la Iglesia Católica la celebración y conmemoración de la Eucaristía constituyen su razón de ser. La Iglesia vive de la Eucaristía, afirma rotundamente san Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucharistia, por citar tan solo uno de los casi infinitos escritos al respecto. Aunque nosotros queremos destacar su aspecto de transformación individual.

La Eucaristía es un encuentro personal con Jesús de Nazaret, con su vida, con su muerte y con su resurrección; y, cuando ese encuentro se produce, marca definitivamente, cambiando para siempre a la persona en la dirección que el amor señala. Porque Dios es amor, como dice el apóstol Juan, sin olvidar que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios.

Jesús no es ninguna abstracción, se hace presente de carne y hueso en cada Eucaristía y nos invita a que lo sigamos. «Tarde te amé», reconoce san Agustín en sus Confesiones tras su tardío encuentro con Jesús. Su vida, antes disipada, alocada, confundida, se clarifica, da un giro radical ante la presencia de esa «hermosura tan antigua y tan nueva». Lo mismo le pasó a san Pablo, Pablo de Tarso que iba camino de Damasco en persecución de los primeros cristianos. Se deslumbró ante el encuentro con el Galileo, al que odiaba. Como todo el mundo sabe, a partir de ese momento cambió el odio por el amor.

La Eucaristía es una experiencia transformadora de vida, es el motor que impulsa, es el motivo que fundamenta la existencia de todo aquel que, con humildad, se acerca a ella para hacerla suya.

Vida en plenitud
Vida en plenitud alumbrada por el sentido de la trascendencia. «Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia», afirma rotundamente Jesús de Nazaret. La Eucaristía es vida en plenitud.

Así fue la vida de san Manuel González desde el día en que inclinó su rodilla ante un Sagrario abandonado allá por Palomares del Río. Toda su existencia, su gran obra social en Huelva, su obra educadora que continuó en el Seminario de Málaga, su imparable actividad fundadora, toda su actividad pastoral se fundamenta en su encuentro personal con Jesús Eucaristía. Él mismo inventó el neologismo «eucaristizar», que entregó como misión permanente a sus Marías de los Sagrarios y a sus Misioneras Eucarísticas de Nazaret. De la Eucaristía extraía la fuerza necesaria para continuar siempre, incluso para cargar con su gran noche oscura, duradera en el tiempo, que comenzó con su exilio en Gibraltar y terminó con su muerte en Palencia.

Igualmente santa Teresa de Calcuta encontró en la fuerza de la Eucaristía el sostén necesario para su dilatada actividad evangelizadora. Veía a Jesús Eucaristía en los rostros de los más pobres y necesitados, en el rictus de los moribundos sin compañía, en el desamparo de los abandonados, en los descartados de la sociedad, según expresión actual del papa Francisco. A cada una de sus fundaciones, y fueron muchas, las llamaba «Sagrario»; y cuando estaba enferma, pedía que le acercaran la «cajita», que no era otra cosa que un diminuto Sagrario. Y claro que también tuvo su noche oscura, tanto que llegó a ofrecer a Jesús el propio vacío que sentía en su interior.

Quien tiene la suerte de mirar cara a cara a Jesús Eucaristía ha encontrado la razón de vivir, a pesar de todas las noches oscuras del mundo, porque Él siempre espera ahí aunque solo sea para mirarlo y no decirle nada.

Eucaristizar
Todos los congresos eucarísticos abordan, entre otras finalidades, la de la evangelización. Pero evangelizar va mucho más allá del simplemente conocer, aunque el conocimiento de Jesús es previo y necesario. Vivimos en un sociedad donde curiosamente, a pesar de los potentes medios de difusión, la información es permanentemente manipulada, tergiversada, incluso mentirosa. Es la información de una sociedad desinformada. La comunicación informadora de las causas nobles parece no interesar a los promotores del laicismo más rancio, del economicismo como único valor y de la ideología propia como única respuesta. Podríamos, por ejemplo, hablar de Afganistán, el último monotema de estos tiempos últimos o de la pandemia que no cesa.

Pero no. Debemos hablar de Jesús Eucaristía, además con el ejemplo. La fe sin obras está muerta, sigue diciendo el apóstol Juan. Es nuestra obligación tener que demostrar permanentemente que Jesús, el del Sagrario, es la esperanza, el consuelo, la fuerza, el sostén, la alegría, el amor en nuestras vidas. Él se ha comprometido a estar con nosotros hasta el final de los tiempos. Levantemos la visera a nuestro propio egoísmo para alcanzar horizontes sin final, donde todos cabemos, donde todos somos hermanos. Todos estamos invitados al banquete de Dios, solo hace falta probar su pan de vida. Venid y veréis. Aquí no hay restricciones, no hay imposiciones, siempre está abierta la puerta para entrar, y para salir, como le sucedió al hijo pródigo. La libertad de ser hijo de Dios es la mayor dicha del hombre en su paso por esta efímera existencia.

¿A quién no le gusta el contento de estar enamorado, de estar poseído por el amor? Estar eucaristizado, padecer de locura de amor por Jesús Eucaristía. También a san Manuel González se le cae una sonrisa cómplice.

Teresa y Lucrecio, matrimonio UNER
Publicado en Con mirada eucarística, El Granito de Arena.

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