Nacidas para eucaristizar (octubre 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2021.

San José, padre amado en Nazaret

Con motivo del 150º aniversario de la declaración de san José como patrono de la Iglesia universal, el papa Francisco nos invitó a redescubrir su figura, regalándonos la Carta apostólica «Patris corde» y todo un Año dedicado a él. Como un pequeño homenaje, colmado de gratitud, queremos unirnos a su invitación compartiendo algunos testimonios.
La figura de san José es muy especial para el pueblo fiel de Dios, por ser el custodio del Redentor y el patrono de toda la Iglesia. También nuestra historia personal puede estar marcada por su cercanía e intercesión. Es la experiencia de la Hna. Mª Emilia, que con la sonrisa que la caracteriza y que contagia, nos cuenta: «Mi mamá se llama María Josefina, somos seis hijos de los cuales cinco llevamos el nombre de José después de nuestro primer nombre, o sea, que todos somos devotos de san José. Actualmente se sigue la devoción, ya que los hijos de mis hermanos también llevan el nombre de José, lo que quiere decir que el 19 de marzo es una fiesta familiar, donde damos gracias en la Misa, compartimos juntos la comida, torta, película, etc. Hice mi Juniorado en Roma y la casa también estaba dedicada a san José. Por mucho tiempo rezamos de rodilla el rosario a san José pidiéndole una casa propia en la ciudad eterna. Después de muchos años, nos la concedió. Actualmente vivo en la comunidad de Carayaca, estado la Guaira, Venezuela, y el patrón es san José. Como verán, ha sido una bendición en mi vida, en mi vocación como Misionera Eucarística de Nazaret, tener, amar, conocer su devoción. Estoy muy contenta de que en nuestro año Jubilar providencialmente celebremos el año dedicado a san José. ¡Viva san José!».

Custodio de las vocaciones
Además de ser custodio de Jesús y de la Iglesia, san José cuida de modo especial las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa. Así lo demuestran estas vivencias: «El P. Paco, sacerdote vicentino, fue mi catequista, y él nos transmitió la devoción a san José. Nos enseñó que era un personaje bíblico especial por su delicadeza, su vida sencilla, su silencio, escucha y confianza plena en Dios. Al empezar el proceso de discernimiento me encomendé a su intercesión. Cuando ya había visto claro que la vocación era en nuestra congregación, le compartí a una amiga la experiencia vocacional que estaba viviendo y me dijo: “Yo lo veía venir, sabía que el gusanito de la vocación te había picado, por eso le estaba pidiendo a san José que te ayudara a ver el camino que el Señor quiere para ti”. Providencialmente, hice mi ingreso a Nazaret en vísperas de su fiesta, en el año 2007. Es uno de mis compañeros de camino más cercano en el seguimiento al Señor» (Hna. Teodosa Mª).

«No era devota de san José hasta que llegué a Nazaret. Mi entrada fue el 19 de marzo, día de san José, fiesta en la parroquia de San José de Carayaca, y también me enteré que a él se le encomiendan las futuras vocaciones. Todo nuevo para mí en mi comienzo como religiosa. Desde allí le fui encomendando mi vocación y la de las jóvenes con inquietud a la vida religiosa. San José nos habla en el silencio de cada día. La enseñanza de san José para mí es confiar totalmente en Dios según sus planes. De él aprendo el encuentro personal con Jesús y María» (Hna. Mª Blanca).

Servir en la sombra
La espiritualidad de Nazaret nos invita a estar atentos a la vida ordinaria, descubriendo la presencia del Señor a cada paso: en la sencillez del día a día, en las relaciones con los demás, en el trabajo silencioso y escondido. Hoy vemos cómo el fuerte influjo de los medios y las redes sociales en la vida diaria conducen muchas veces al exhibicionismo, al deseo de ser admirados y de marcar tendencia. Por el contrario, las redes que entreteje la familia de Nazaret están hechas de hilos casi invisibles, de gestos pequeños y delicados, de servicio amoroso y gratuito. Cada uno de los miembros que viven en Nazaret realizan diferentes labores, pero todo lo que hacen está al servicio del bien común. Y esto se puede ver perfectamente encarnado en la figura de san José.

Como nos cuenta la Hna. Mª Antonia Moreno: «En el noviciado leí un libro sobre san José titulado Sombras a lápiz. Me llamó mucho la atención y muchas veces lo he recordado, pues hablaba de la discreción y sencillez de alguien que no fue nunca el importante, sino que iba detrás. Sin embargo, estaba siempre a punto para asumir lo que Dios le pedía. En mi experiencia congregacional, especialmente durante el tiempo de mi servicio en el gobierno de la congregación, lo he recordado mucho, pues procuraba estar para lo que se me pedía, pero consciente de que mi puesto era siempre atrás. No es que sea fácil, pues hay momentos en los que se ven las situaciones desde una realidad que no ve quien tiene la última palabra. Pero se experimenta mucha paz y alegría de servir desde la sombra».

Silencio elocuente y habitado
Contemplar a san José nos lleva a descubrir un manantial de virtudes que, si no prestamos atención, pueden llegar a pasar desapercibidas, ya que están rodeadas del silencio de la interioridad que lo acompañó durante toda su vida. En ese sentido, san José es un modelo excepcional en nuestra vida consagrada. Fue lo que experimentó la Hna. Ana Mª Cayuso al dar los primeros pasos en Nazaret: «San José es una figura que me ha acompañado desde casi el principio de mi camino vocacional. De hecho, recuerdo una anécdota durante mi postulantado: en Navidad hicimos una dinámica para ver qué personaje del Belén nos tocaba imitar en ese tiempo. A mí me tocó san José y en seguida relacioné su figura con ese papel secundario, silencioso y humilde en la historia de la salvación. Creo que eso era lo que el Señor me pedía en ese momento, al inicio de mi recorrido, y en cierta manera creo que quiso que san José fuera mi modelo para llegar a ser la Misionera Eucarística de Nazaret que Él sueña».

Sí, un silencio y un respeto profundo hicieron de José el hombre de confianza de Dios, elegido para cuidar, proteger y acompañar al Hijo y a su Madre. Respecto a este papel tan especial de san José en el seno de la Sagrada Familia, la Hna. Mª Jesica nos comparte: «Lo que más me ha ayudado este último tiempo a aumentar mi devoción a san José es el contemplar sus virtudes: custodio, acogedor, valiente, entregado en la sombra, justo, y pedirle que sea mi modelo. En mi vocación, tener como referencia a la Sagrada Familia de Nazaret significa tenerlos como ejemplo a seguir, significa tratar de ser lo más agradecida posible por el don que esto implica. La mayor parte de la vida terrena de Jesús fue vida oculta en Nazaret, reflejando luego en su misión todo lo que aprendió y vivió junto a sus padres».

¡Cuánta riqueza tiene la vida de los santos! ¡Cuánto nos enseñan! Que estos bienaventurados hombres y mujeres de todos los tiempos, que se dejaron moldear por Dios, como lo hizo sin duda y de un modo tan luminoso nuestro glorioso Patriarca san José, intercedan por nosotros. Y que el Señor nos conceda acrecentar las características que destaca de él el papa Francisco: el amor, la ternura, la obediencia, la acogida, la valentía creativa, el trabajo y el amor en lo escondido de cada jornada. San José, ¡ruega por nosotros!

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, Nacidas para eucaristizar, San Manuel González, San Manuel González García.

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