Editorial (octubre 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2021.

«Yo hago nuevas todas las cosas»

Ha finalizado el verano en el Hemisferio Norte y, con él, también algunas actividades que se realizan solo en los meses estivales. Un tiempo de merecido descanso, viajes, reencuentros, novedades. En muchas zonas la vacunación contra el covid ha permitido recuperar algunas costumbres pre–pandemia que, desde hacía más de un año, estaban vetadas. Un respiro en medio de la angustia.

La otra mitad del mundo, el Hemisferio Sur, o aquellas regiones en las que el curso escolar se desarrolla entre febrero y diciembre, está entrando en la recta final antes del verano y las vacaciones.

En unos y otros, sin embargo, puede presentarse la tentación del desánimo ante lo repetitivo, aquello que quizás no siempre atrae y que puede cansar por su monotonía. No es esta una novedad de estos tiempos. Desde siempre el ser humano ha buscado lo nuevo, lo que es noticia. No en vano los medios de comunicación pueden llegar a saturarnos de información. Saben que nos agrada. Criticamos, justamente, el que se quiera ser noticia a cualquier precio y también el que los medios falten a principios éticos como la privacidad o el derecho al honor por aumentar su audiencia y sus ventas.

Dios nos conoce (¡porque nos ha creado!) y sabe de este anhelo interior. ¡Es él quien ha puesto en nuestros corazones el deseo de conocer la verdad, de contemplar la belleza, de realizar el bien! Somos nosotros los que, quizás, no sabemos encauzar nuestros anhelos y lo buscamos en lugares equivocados. No, no es en la televisión donde es más fácil saciar nuestra sed. Tampoco las redes e internet, que pueden llegar a engañarnos porque, al menos, hacen pasar más rápido el tiempo cuando nos encontramos apáticos ante todo.

Ya lo dijo el salmista: «descansa solo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza» (Sal 62,9). Más aún, es el mismo Señor quien afirma de sí mismo: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Sí, no se trata de buscar nuevas emociones, sensaciones, actividades… ¡Al contrario! Solo Dios puede hacer nuevo lo de siempre, lo que ya no atrae, lo que parece aburrido. Y no solo puede hacerlo sino que, como lo afirma en el libro del Apocalipsis ¡lo hace! No dice «yo puedo hacer nuevas todas las cosas» sino yo «hago» nuevas todas las cosas.

Todo lo que en nuestra vida pueda parecer monótono, gris y aburrido, está cargado de la novedad que Dios quiere infundirle, porque nada escapa de su mano. Y cada uno de nosotros, tenemos capacidad para descubrir la novedad. Hace falta abrir con confianza los ojos del alma y, por supuesto, confiar en el Señor, ponernos en su presencia, abrirnos a la oración, saberlo operante a nuestro lado.

Jesús afirmó que era necesario hacerse como niños para poder entrar en el Reino de los Cielos (cf. Mt 18,3) porque son ellos, los que recién van conociendo la vida, los más capacitados para sorprenderse ante las pequeñas alegrías de la vida. Y Dios, eterno creador, no cesa de mostrarse en nuestra vida, sea cual sea el camino que recorramos, incluso los que pensamos que están alejados de Él. Él siempre acompaña.

En el Sagrario mora el que es eterna novedad, el que colma de ilusión y serena alegría nuestra vida. Ir a contemplarlo es una buena decisión porque, al conocerlo cada vez más, con mayor facilidad podremos reconocerlo en nuestro día a día y, así, desbordar de gozo al comprobar que, efectivamente Él hace nuevas todas las cosas, sobre todo, las más sencillas y cotidianas.

Publicado en centenario MEN, Editorial, El Granito de Arena.

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