Los títulos que san Manuel da a la santísima Virgen (septiembre 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2021.

¿Cómo la llama? (y II)

Madre de Dios y Madre nuestra: he aquí dos verdades inseparablemente unidas que san Manuel proclama y vive en profundidad. Por eso el apelativo «Madre» aparece constantemente en su obra. Hemos mencionado ya los temas de la maternidad divina y espiritual de María en relación con el vocablo «Inmaculada». Veamos ahora esas mismas doctrinas expresadas por otros títulos que le da san Manuel a la Virgen.
La maternidad divina de María es parte esencial del plan divino: «En la economía redentora entraba que María fuera siempre Madre de Jesús y que Jesús fuera siempre Hijo de María» (952).

III. «Tu Jesús»: Madre de Cristo María es la «Madre augusta de Dios»
(1033, 1304, 1026), «Su propia Madre» (2531; cf. 955, 2435); «la Madre dulcísima» (936) y «bendita de Jesús» (1118; cf. 952, 1374, 2432; 2438, 2445, 2585). Jesús es «su Hijo Divino» (2104). Nuestro autor es consciente del misterio que vive María por su inefable doble relación con Jesucristo, el cual es, al mismo tiempo «su Hijo y su Dios» (1045), así como Ella es a un tiempo «Esclava y Madre de Dios» (2611; cf. LG 56, 61), «Discípula de tu Hijo» (1241). Un título que expresa la intimidad de María con su Divino Hijo es «Madre de los secretos de Jesús» (1353).

De manera similar a como lo hiciera san Ignacio de Antioquía (+c. 107; Carta de san Ignacio a los Efesios 7,2: BAC 65, pp. 451-452: «de María y de Dios»), llama a Jesús «Hijo perfecto de Dios y de María» (2613; cf. 2517), subrayando el misterio inefable de Dios Padre y María que comparten el mismo Hijo. Haciéndose eco de san Ireneo (+202; Epideixis 39; SC 62,93-94: «Primogénito de la mente del Padre… Primogénito de la Virgen»), lo confiesa en un contexto eucarístico «Primogénito de Dios y de Santa María Virgen» (2456).

San Manuel no concibe la maternidad divina simplemente como un artículo central de la fe que hay que confesar, sino como la unión íntima, permanente, rebosante de amor que se establece entre esta mujer bendita y su Dios, que quiso convertirse realmente y para siempre en su propio Hijo. Por ese motivo hace un gran uso del adjetivo posesivo para denotar esta cercanía y unión que existe entre ambos. Más de 59 veces habla de «tu Jesús» para expresar el dogma de la maternidad divina. También lo llama «tu Hijo» (976, 1125, 1374; cf. 2335) o en tercera persona: «su Hijo» (952, 1375, 2425, 2498); «su Jesús» (1307, 1636, 2498, 2600, 2619, 2908). A veces agrega calificativos alusivos a su vida terrena: «su Hijo inmolado» (2347), «su Hijo triunfante» (2564), «tu despreciado Jesús» (1308), «Madre ofendida» (1321), «Madre gloriosa» (2602, 2622).

En relación con Jesús la llama: «Su Madre» (1334, 2445, 955, 2435, 2502, 2531) y cuando se dirige a Jesús, «Tu Madre» (759, 1300; cf. 758, 3120, 958).

María está tan íntima e indisolublemente unida a su Hijo que al título «Madre» agrega eventos de la vida de Jesús descritos en el Evangelio para mostrarnos su participación en ellos: «Madre augusta del Anunciado» (2198). Nótese que comúnmente hablamos de la Anunciación, el momento clave en que María, al dar su consentimiento, se convirtió en la Madre de Dios. San Manuel, con la originalidad que lo caracteriza, lo transforma en «Madre augusta del Anunciado»: «augusta» porque es Madre de Dios; «del Anunciado» que en la Anunciación se hace finalmente presente y se convierte en su Hijo. «Madre del Jesús que nació en Belén» (2615), «Madre del sentenciado a muerte desde la cuna» (2198), «Madre dolorida del avergonzado Jesús» (1548), «Madre del Crucificado» (2550), «Madre excelsa de la Victoria» (2131).

María está también junto al Jesús eucarístico: Ella es «Madre y Señora del Santísimo Sacramento» (1140), «Madre del Jesús de nuestras Misas» (1456) y Jesús Eucaristía es «tu Hijo Sacramentado» (1117, 1139, cf. 2196). En este caso, san Manuel califica la maternidad de María con títulos que reflejan el abandono de Jesús en el Sagrario por el que tanto sufrió y se prodigó por remediar. Ella es: «Madre de ese Hijo tan despreciado» (58); «Madre del divino Abandonado» (1178). Para san Manuel, el «he ahí a tu Madre» «es la palabra más grande, solemne y generosa del Corazón de Jesús en el Evangelio» después de «esto es mi cuerpo». Son los dos pilares de la vida cristiana: «mi Sagrario y mi Madre» (2739; 1294).

También se refiere a la Virgen María y san José como «los propios Padres de Jesús» (1065, 1170). Con ellos también usa el adjetivo posesivo: «su Jesús» (1065), «su divino Hijo» (2328).

IV. «Madre querida»: maternidad espiritual
La maternidad espiritual de María la presenta vista bajo diferentes ángulos relacionales complementarios: Ella sola como Madre de Jesucristo, de nosotros, de san Manuel, del sacerdote, de las Marías, de la Iglesia, de la Eucaristía. Ella junto con Dios Padre como los padres de Jesucristo y «nuestros padres del cielo» (4270). Ella junto con san José como los padres de Jesús (1065; 1170; 2328; 2540). Ella como Madre conjuntamente de Jesús y nosotros, de Jesús y san Manuel, de Jesús Sumo Sacerdote y los sacerdotes de Jesús, del Jesús físico y el Jesús místico, la Iglesia. Como Madre de los miembros de la Iglesia junto con Jesús–Eucaristía–Madre, la Iglesia–madre y la parroquia–madre que la representa (1541; 2174-2175). De Cristo y nosotros en relación con la Eucaristía.

También expresa la maternidad de María tomando en cuenta ambos puntos de vista, por ejemplo: «Hijo de María Inmaculada» (572) y «Madre Inmaculada de Jesús» (933), «nuestra Madre» (2606, 2612) y «tus hijos» (3268), «Madre querida» (649) y «ser amante hijo de María» (954).

Todo se fundamenta en nuestra unión e identificación con Jesús. Por eso María es «Madre del Jesús que nació en Belén y el que le nació en los dolores del Calvario» (2615) y por eso le dice: «Madre Inmaculada, que por serlo al mismo tiempo de Jesús y mía tienes tanto interés en que nos conozcamos y entendamos los dos hijos» (1361). Por eso san Manuel está convencido de que él (sobre todo en su calidad de sacerdote) es «de Jesús y de María» (2416, 2440, 2620), María es de Jesús y de él: «la Madre buena de Él y mía» (1293; cf. 1262, 1321, 1334, 1366) y Jesús es de María y de él: «nuestro Jesús» (2538), «del Jesús tuyo y mío» (1308). Una identificación semejante se encuentra en Orígenes (+253), para quien María puede considerar hijo suyo al cristiano perfecto en quien Cristo vive (cf. In Ioh. I,4: PG 14,32).

IV.a. Madre nuestra
Numerosos son los textos en que se refiere a María como «nuestra Madre» (2606, 2612; cf. 2908, 3029) con diferentes matices: «Madre del cielo» (4270), «Madre buena» (2475; cf. 3419), «nuestra Madre la Virgen de los Dolores» (738), «tu madre» (del alma) (1305), «vuestra Madre» (de las almas que han perdido a Jesús) (2474). El fundamento es claro: «Madre de Dios y Madre mía» (1381): la Madre de la Cabeza lo es también de los miembros. Ella colabora para darnos la Vida misma en la persona de Jesucristo y la vida sobrenatural de la gracia. Ella es, en palabras suyas características por su fuerza y originalidad: «la gran sembradora de la vida de Dios y del Dios de la vida» (957, 958).

Como siempre, recurre al adjetivo posesivo para expresar la mutua relación entre María y nosotros. Por un lado, «nuestra Madre» (2606, 2612, 2924); por otro, «nosotros sus hijos» (2606). O en tercera persona: «los hijos de María» (3267; cf. 1298, 1332). A Ella se dirige para hacerle ver nuestra indigencia: «tus frágiles hijos de la tierra» (3038; cf. 1117, 1508, 1140); «tus hijos que no son limpios ni puros» (3268; cf. 2961); «este pobre hijo tuyo» (1476). Y María, por su parte, es «la Madre que siempre brinda imitación, protección y consuelo» (1541).

San Manuel presenta conjuntamente a Dios Padre como nuestro Padre y a María como nuestra Madre. Ellos son «nuestros padres del cielo» (4270, 3038). Está convencido de que «junto a ese Padre tan bueno y tan poderoso, tienen a una Madre, hermosísima, riquísima, santísima, que se llama María» (4269). Es más, «yo, cristiano, tengo familia: Padre, Madre, Hermano mayor y muchos hermanos… ¡Qué feliz soy con mi familia sobrenatural!» (3029).

Como suele hacer, subraya no solo que María es madre nuestra, sino que es la madre conjunta de Jesús y nuestra: «Su Madre y nuestra Madre» (2494; cf. 5208), y así se lo dice al Señor: «María, Vuestra Madre y nuestra Madre» (959). También lo expresa hablando de «su Hijo Dios y sus hijos los hombres» (952; cf. 2615). La propia María exclama: «¡Mis hijos! refiriéndose a los dos, al natural y al adoptivo» (2739).

No falta tampoco la conexión eucarística. A María «deben los hijos de la tierra tener al Hijo del Cielo hecho su Pan de cada día» (1301). Ella es «Madre del que entra y del que recibe» (1274). He aquí su gran anhelo: «¡que no queden mis hijos de la tierra sin mi Hijo del Cielo!» (1301).

También se refiere a la maternidad de María con respecto a la Iglesia: «María es no sólo la Madre del Jesús físico del Evangelio, sino también del Jesús místico, que es la Iglesia» (2614). Asimismo, se refiere a la maternidad conjunta de María y la Iglesia. Un texto que resume bien su pensamiento es el siguiente: «Nuestro Hermano Mayor es Jesús, no sólo nos ha dado Padre en su Padre Dios, sino que también nos ha dado Madre en su Madre, la Virgen María, y en su Esposa la Santa Iglesia» (2174).

Es común que agregue al vocablo «Madre» el adjetivo «querida» (649, 1139, 1241, 1274, 1294, 2514, 2917, 2921): «Madre querida del eterno condenado a destierro y muerte» (455; cf. 3282, 1179, 1415), «Madre querida de los coronados de espinas» (2529), «Madre querida de los dolores» (1285).

Convencido de que María es Madre nuestra, también lo está de que es su Madre: «mi misma Madre» (1333), «mi Madre del cielo» (1334), «Madre mía y Señora del Santísimo Sacramento» (1301). La fórmula más común es «Madre mía» (1179, 1207, 1302, 1307, 1308, 1405; cf. 1294, 2412, 3029). Con «mi Madre sola» (1375) deja entrever su delicada compasión por su Madre dolorosa. Por su unión con Jesús, es la Madre de ambos: «nuestra Madre» (1334), «Madre querida de mi Jesús y mía» (1262, cf. 1293, 1321, 1361, 1366, 1381).

V. Madre Sacerdotal
Del título «Madre sacerdotal» (2429, 2465, 2487, 2621), tan propio de san Manuel y que encierra una riqueza doctrinal tan grande, mencionamos brevemente solo algunas pistas.

Dentro de su teología excelsa sobre el «Sacerdote–Hostia Jesús» (2575, 2569), el sacerdocio y el ser del sacerdote, aplica a Jesús títulos muy significativos en su calidad de Sacerdote sumo (2563): «el Cordero siempre inmolado, el Pontífice de la gloria suprema de Dios, la Hostia de la Redención universal y el altar de la más grata propiciación» (2568), «Hostia viva y callada del altar» (2569).

Jesús es el «Hijo sacerdote» del Padre (2600) y de la Virgen (2599). María es «Madre del Sacerdote sumo» (2497; cf. 2422-2423, 2197, 2484 2568); «Madre del Cordero Inmaculado» (1331). Como «Madre sacerdotal de Jesús Sacerdote» (2573), está íntimamente unida a Él en calidad no solo de Madre sino de «Corredentora» (1285, 2605), «Madre Sacrificadora» (2461), «Recuperadora y Reparadora» (2475) por «su gran ministerio de Madre sacerdotal y coofrecedora del gran Sacrificio» (2460; cf. 2619). Está asociada a Cristo en su sacrificio dolorosísimo y en el espléndido estipendio celestial con que el Padre los recompensa (cf. 2592-2602).

La Virgen es, asimismo, «la por dos veces Madre sacerdotal» (2614), porque es «Madre Inmaculada de Jesús Sacerdote y de los sacerdotes de Jesús» (2479; cf. 2428). Ella es «Madre del sacerdocio y de todos los sacerdotes» (2423; cf. 2496, 2550) y el sacerdote es, de hecho, «más hijo de María por ser sacerdote» (2425). Junto con el tradicional «Madre de los Apóstoles» (2430), he aquí una denominación típica suya: «Madre del Sacerdote y de la Hostia del Calvario y de todos los sacerdotes y hostias de todos los altares cristianos» (2600).

Tan íntima es la relación maternal de María con los sacerdotes que, así como habla de «tu Jesús», así también habla de «tus sacerdotes» (2439, 2487, 2550, 2574, 2621, 2573, 2566). Así como es Madre, Maestra, Reina, Modelo y Compañera de las Marías (759, 1178, 1194, 1415, 648), así es «Madre suya, Reina, Modelo y Mediadora de sacerdotes» (2435, 2414).

De suma importancia es la unión indisoluble entre Jesús, María y el sacerdote, fundamentada en la unión entre Jesús y María y entre «el Jesús de los sacerdotes y los sacerdotes de Jesús» (2414; cf. 2413, 2416). Como ya vimos, la expresa de la manera característica suya: el sacerdote es «de Jesús y de María» (2416; 2440), Jesús es «de María y del sacerdote» (2330) y María es «de Jesús y del sacerdote» (2428, 2479).

VI. Mediadora, Maestra y Reina
He aquí otros tres títulos importantes presentes en san Manuel.

VI.a. Mediadora
Partiendo de la premisa fundamental de que Jesús es «el Intercesor y el Mediador supremo entre Dios y los hombres» (952; 953), san Manuel llama a María «la Intercesora y Mediadora universal entre su Hijo Dios y sus hijos los hombres» (952; cf. 1140). En el contexto de sus enseñanzas sobre la intercesión (904-959), Ella brilla como «¡La gran Abogada!, ¡La gran Intercesora! ¡La gran Mediadora!» (959).

Para expresar la mediación mariana, recurre a las comparaciones tradicionales del «cuello»: «María es el cuello y nosotros el cuerpo unido a la Cabeza por ese cuello» y el «canal» (2413). También explica cómo «Dios… causa primera de todas las causas», ha constituido a María «la causa material de su ser humano» y «causa segunda suprema» (955). En la Visitación, María es «intermediaria, órgano y agente de la primera obra sacerdotal» de Jesús (2435). Es «intermediaria entre las madres y Jesús» para acercar a los niños a su Hijo (936). ¿Y qué mejor definición de María mediadora que la siguiente: «La que se sienta en el Cielo y pasa por la tierra derramando caricias y dones de Dios» (959)?

VI.b. Maestra
Jesús es «siempre Maestro»: en Belén, la sinagoga, el Calvario o el Sagrario (997; cf. 998, 2300, 2593, 1443, 1461, 1471). María es la «Madre querida del Maestro callado» (1443) que se convierte en «nuestra Madre y Maestra» (1045; cf. 449, 1248). «Maestra de la Cruz», que nos enseña a tomar nuestra cruz (1292). Maestra por ser «la primera y mejor discípula de Jesús» (1241, 1454), la «primer evangelista y evangelio vivo de Jesús» (2431), «la más amiga, leal y unida» a Jesús (958).

De manera especial, enseña «a sus hijos los sacerdotes de Jesús» (2573; cf. 2414) y a las Marías (cf. 448, 449, 624, 795, 1178), «sus discípulas», a quienes les enseña «a imitar a la Hostia callada del Sagrario y a unirse a su perpetua y silenciosa inmolación» (1415). Significativo también el hecho de que llame «buenos maestros» a «Jesús, María y José» (706).

VI.c. Reina
María, la «Madre querida del Rey que nos anuncia la estrella» (2196; cf. 3162), es llamada «Reina» por san Manuel generalmente en combinación con otros títulos: Madre, Modelo, Mediadora y Maestra. La proclama «Reina de cielo y tierra» (1033, 2619), «Reina de misericordia» (3038), «Madre y Reina de los sacerdotes» (2620; cf. 804, 2411), «Reina y Maestra de todas las Marías» (624), «Reina de todos ellos» (los amigos y leales de Jesús) (958). Es un reinado forjado en el dolor: «Reina de los mártires» (85, 1026); «Reina de los Dolores» (2538, 2550); «Madre sacerdotal y Reina ungida del dolor» (2487), porque María es «testigo principal y participante primera y mayor de los dolores de su Hijo Sacerdote» (2487).

Conclusión
El ángel llama a la Virgen «Kejaritomene» (Lc 1,28), ¡una sola palabra con la cual dice tanto sobre la Inmaculada y toda santa! Isabel confiesa su maternidad divina llamándola «Madre de mi Señor» (Lc 1,43). Jesús la llama dos veces «Mujer» (Jn 2,4; 19,26) para indicar que ella es la Madre y colaboradora del Redentor (Gén 3,15) y Madre de todos los redimidos (Is 60,3-5; Bar 4,36-37).
Habiendo llegado al final de nuestro recorrido por algunos de los títulos que san Manuel le da a la Virgen hemos comprobado cómo, detrás de cada uno, late el Misterio sublime de esta Madre que tiene un papel tan importante en la economía divina y en la vida de cada uno de nosotros. ¡Quiera Dios que podamos decir con san Manuel: «Siento tan intensamente la suavidad y seguridad de esta palabra: ¡Mi Jesús, mi Madre!» (1294).

Deyanira Flores
Publicado en El Granito de Arena, San Manuel González, San Manuel González García.

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