Editorial (septiembre 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2021.

El encanto de lo cotidiano

La mayoría de los lectores de El Granito residen en el hemisferio norte, por lo tanto, están finalizando el periodo estival–vacacional. Posiblemente haya sido un tiempo de descanso y reencuentro, y así lo deseamos y pedimos a Dios, para todos, desde la administración y redacción de esta revista. Al igual que el año pasado, este verano ha estado marcado por la pandemia, si bien en general ha sido posible realizar más encuentros y viajes que en 2020. Sin embargo este tiempo parece llegar a su fin (el otoño está cerca) y quizás no deseamos volver a la cotidianeidad.

Nuestro Dios, sin embargo, nos demuestra una y mil veces que Él está siempre cercano a nosotros, en lo cotidiano o en lo extraordinario, de lunes a viernes y en los fines de semana. Ningún acontecimiento como la encarnación del Hijo nos demuestra que Dios quiere hacerse uno de nosotros, sobre todo en el día a día. ¡Cuántas enseñanzas nos dejan, en ese sentido, los 30 años de vida oculta de Jesús! Las palabras de sus vecinos «¿no es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María? ¿De dónde saca esa sabiduría y esos milagros?» (Mt 13,55. 54) nos hablan a las claras que el ser humano, desde siempre, ha imaginado un Dios poderoso y casi ajeno al hombre, que viene desde fuera a arreglar lo que está roto o arruinado. No es este, sin embargo, el Dios cristiano.

La revelación y la contemplación de la vida de Jesús nos llevan, ineludiblemente, a encontrarnos con un Dios del día a día, de las pequeñas cosas; un Dios que tiene oídos y corazón para atender a nuestras pequeñeces. ¡El Dios cristiano no es un superhéroe justiciero! ¡Muy por el contrario, es el Dios que «hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos» (Mt 5,45)! ¿No es esta la mejor de las noticias? ¿No es esta la mayor garantía de cercanía divina providente, amorosa, segura, fiel…?

Estamos retomando los quehaceres habituales, las tareas cotidianas. Seguramente el verano nos ha dado muchas ocasiones de encuentro con Dios, sea a través de la contemplación de la naturaleza, sea en la liturgia, sea en el cariño de los seres queridos. Volvemos al día a día con la gran alegría de saber que Dios sigue estando junto a nosotros. «Entre los pucheros también anda Dios» decía, con gracia y santidad, Teresa de Jesús. Toca volver a los pucheros, toca volver al encuentro con el Dios de lo cotidiano, el que siempre está atento, el que nos da su paz y su consuelo.

En nuestros días, esta certeza del amor divino en lo cotidiano es el mayor tesoro que podemos ofrecer como evangelizadores y eucaristizadores. ¡Cuántas personas buscan solo lo extraordinario, convencidos de que allí está el éxito! ¡Cuántos jóvenes buscan la felicidad por caminos arriesgados, erróneos y peligrosos! Los cristianos, más aún los miembros de la Familia Eucarística Reparadora, sin embargo, sabemos dónde mora el único que puede sembrar la felicidad verdadera en nuestro corazón: en el Sagrario, en la Eucaristía, en nuestros corazones, en los pequeños acontecimientos cotidianos, en el hermano que nos necesita e, incluso, en el que nos ignora o hiere.

Hemos conocido a Dios porque lo comulgamos a menudo, porque le hablamos en la oración, porque lo adoramos en la Eucaristía y porque lo sabemos y creemos presente a nuestro lado, en el día a día. ¡Qué maravilloso nuestro Dios, que llena de vida las pequeñas cosas! El Dios eucarístico es quien quiere, cada día, hacer nuevas todas las cosas.

Publicado en centenario MEN, Editorial, El Granito de Arena.

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