Ecos del Centenario de las Misioneras Eucarísticas

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de de 2021.

El auténtico encuentro con el Señor nos impulsa a anunciarlo

El 3 de mayo de 2021 fue vivido con gran intensidad en todas las diócesis y ciudades donde tienen comunidad las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Dios no deja de derramar su amor sobre nosotros, sus hijos, y en este Centenario se hace especialmente presente a través del cariño y la presencia de tantas personas que a lo largo de todos estos años han vivido una especial cercanía con la congregación. Ofrecemos hoy la homilía que D. David Santapau Gorrea, párroco de la colegiata de San Bartolomé, pronunció en la Misa del 3 de mayo.
En distinta medida que el Apóstol, también nosotros podemos hacer nuestras sus palabras. Se nos anunció y aceptamos el Evangelio: Cristo muerto por nosotros y resucitado para nosotros; se apareció a muchos hermanos y también nosotros nos hemos encontrado con Él. Un encuentro que ha marcado nuestra vida y que está en el origen de nuestra vocación. La acción de gracias a Dios es el acto primero y fundamental de nuestra fe. Todo lo recibimos de Dios. Nuestra historia puede definirse como la acción de Aquel que no ha cesado de buscarnos, que ha encontrado todas las rendijas que había en nuestras vidas para colarse, que se ha servido de acontecimientos de dolor y de gozo, que ha hallado las mediaciones adecuadas para llegar a lo más íntimo de nuestro corazón.

Serena gratitud
Cuando nos detenemos a darle gracias con calma y revisamos nuestra historia no podemos menos que asombrarnos de cómo el Señor ha visto la manera de servirse de todo tipo de acontecimientos, algunos de los cuales nunca los habríamos nosotros elegido ni los habríamos valorado de manera positiva. Descubrimos que es verdad: Dios sabe escribir recto en nuestra historia a través de renglones con frecuencia torcidos.

Torcido habría podido parecer el primer destino del sacerdote Manuel González. ¡Vaya manera de empezar el ministerio!: ninguneado por la gente, y con un templo, incluido su Sagrario, que echaban hacia atrás. Y ahí le esperaba el Señor para meterse en el hondón de su alma y marcar toda su vida personal y ministerial. Como decía ayer el señor arzobispo, en la Eucaristía está todo, porque está el Señor vivo, el Jesús de los Evangelios, muerto y resucitado, está esperándonos en el Sagrario. Y cuando el encuentro con el Señor es auténtico uno no puede dejar de querer transmitirlo, contagiarlo a los demás. Y a eso se dedicó el sacerdote Manuel en cuerpo y alma.

Poco podía pensar el bueno de don Manuel en esos momentos que hoy estaríamos hablando de él. Poco podía pensar que su obra iba a prolongarse durante tantos años y que había de producir tantos frutos en la Iglesia, poco podía pensar que llegaría a los altares y que un grupo de mujeres, un día como hoy, estarían reconociendo que sus vidas han sido moldeadas por el carisma que recibió en Palomares del Río, un pueblecito que, como Nazaret, no aparecía para nada en las páginas de la historia.

¡Qué incomparables los designios del Señor! Elige lo pequeño, lo que no cuenta para confundir a lo que cuenta. Y ello en lugares, pero sobre todo en personas. Nuestra fragilidad es el instrumento elegido por Él para llevar adelante su obra. Los pobres necesitamos encontrar en la vida un camino, una verdad, una vida. Los ricos creen que ya poseen todo lo que necesitan. Hasta que les llegue el momento de experimentar su vulnerabilidad y entonces necesiten encontrar personas que antes se han encontrado con Aquel que ha sido el camino seguro que han seguido para encontrar la verdadera vida.

Elegidas…
Elegidas por el Señor para mostrar a quien os quiera ver y escuchar que el Jesús del Sagrario es la respuesta a la búsqueda de cada ser humano que con frecuencia le lleva a recorrer caminos tortuosos que no ofrecen lo que prometen.

Elegidas desde antes de la creación del mundo para anhelar recorrer el camino de la santidad cogidas de la mano a san Manuel, que os lleva a pasar horas ante el Sagrario, también queriendo reparar el poco caso que hacemos a su presencia en Él aquellos que nos llamamos discípulos y amigos suyos.

Elegidas para que, rebosando en vosotras la gracia, los hombres den gloria al Padre del Cielo que se ha dignado quedarse con el Hijo y el Espíritu Santo en cada Sagrario, desde el que irradia su luz esplendorosa y la calidez de su ternura y amor a quienes desde nuestra pobreza nos acercamos a él con el deseo de que colme el anhelo de nuestro corazón.

Elegidas para encontrar en la Congregación de las Hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret el espacio que Dios ha querido para vosotras, el lugar en el que vivir el Evangelio hecho vida en las relaciones fraternas de la comunidad a la que sois destinadas.

Elegidas para vivir en permanente éxodo, saliendo de vosotras mismas, convencidas de que vuestra vida es de los demás, para que los demás puedan encontrar el camino, la verdad y la vida que les aguarda en la Eucaristía. Y ello con total disponibilidad, allí donde seáis enviadas, porque os sabéis Misioneras Eucarísticas de Nazaret.

Cuanto pidáis en mi Nombre
«Lo que pidáis en mi Nombre yo lo haré». Pedir en el nombre del Señor es pedir tan unidas a Él que sus sentimientos sean los vuestros; sus deseos, los vuestros; sus preferencias las vuestras; sus anhelos los vuestros. Entonces, ¿cómo no va a escuchar el Padre lo que le pidáis, si el Padre va a reconocer en vuestra petición el deseo del Hijo amado?

Hoy es un día para que reboséis de alegría y gratitud por el don que el Señor os ha hecho al elegiros para tener una especial intimidad con vosotras. Hoy es un día para pedir que el Señor no se fíe de vosotras. Entendedme bien. El Señor sabe que si nos deja de su mano la armamos. Que no se fíe tanto de vosotras que os deje solas ni un momento. Que mantenga su fidelidad como solo Él sabe hacerlo.

Nosotros nos unimos a vosotras en vuestro sentimiento de gozo y gratitud y en vuestra plegaria. Plegaria por todas y cada una de las hermanas de la Congregación. Si me lo permitís, de modo especial por todas las que han formado a lo largo de la historia el Nazaret de Valencia (no nombro las que he conocido, que no son pocas, pero las tengo especialmente presentes en esta celebración centenaria).

«Lo que pidáis en mi Nombre yo lo haré». En tu nombre Señor pedimos que sigas tocando el corazón de jóvenes dispuestas a entregarse a ti en este carisma eucarístico misionero.

«Lo que pidáis en mi Nombre yo lo haré». En tu Nombre, Señor, los sacerdotes que estamos concelebrando, en nombre de nuestra comunidad parroquial, te pedimos que no te canses de derramar tu abundante gracia sobre estas Hermanas que forman en la actualidad el Nazaret de Valencia. Y que, si es tu voluntad, nunca falte en nuestra Iglesia en Valencia la presencia de hermanas que con su vida nos recuerden constantemente que «no te dejemos solo» en esta presencia tuya en cada uno de los Sagrarios.

David Santapau Gorrea, Pbro.
Publicado en Centenario MEN, La FER en el mundo, San Manuel González, San Manuel González García.

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