Editorial (julio-agosto 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena especial, de julio-agosto de 2021.

Transfigurados para la misión

El 6 de agosto la Iglesia universal celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor. No es, sin embargo, el único día que escuchamos este Evangelio en la celebración eucarística. También el segundo Domingo de Cuaresma se proclama este pasaje. Son, por tanto, dos ocasiones en las que estamos invitados a reflexionar, meditar y orar con este texto.En este mes de agosto, además, el Hemisferio norte se encuentra en pleno verano, con los estudiantes y también muchos trabajadores de vacaciones, con familias aprovechando para estar más tiempo juntas y disfrutar de nuevos lugares. Son tiempos de distensión, de convivencia alegre, de aprovechar para descansar del trajín cotidiano, muchas veces estresante.

También en el Hemisferio sur, donde residen algunos cientos de lectores de El Granito, puede darse la situación de encontrarse en un tiempo de vacaciones (si bien invernales). El todo caso, la Transfiguración del Señor es siempre ocasión propicia para meditar, orar y, sobre todo, comprender el mensaje que Dios quiere hacernos llegar.

Por un lado, el Evangelio (este año estamos leyendo mayoritariamente el texto de san Marcos) nos muestra a Jesús que se transfigura delante de tres de sus apóstoles: Pedro, Santiago y Juan. El imponente espectáculo que se les presenta ante sus ojos los asusta y, a la vez, se oye la voz clara del Padre invitando a la escucha del Hijo.

¡Cuántas veces podemos decir nosotros, miembros de la Familia Eucarística Reparadora, que hemos vivido esta misma experiencia de los apóstoles! Como bien lo expresó san Manuel González, nuestro fundador: «¡Bendito, bendito el Sagrario de nuestras transfiguraciones!» (OO.CC. I, n. 447).

Es en el Sagrario donde nuestro encuentro con Jesús nos permite contemplarlo glorioso (¡allí está su Cuerpo glorioso y resucitado!) y sentir clara la voz del Padre que nos invita a la escucha. Es en el Sagrario donde, quizás con cierto temor, podemos descubrir la inmensidad del amor de Dios, que no dudó en escoger unos elementos tan sencillos como el pan y el vino para quedarse perennemente entre nosotros. Es en el Sagrario donde podemos descubrir que nuestra vida forma parte de un eterno plan de salvación universal, porque «Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tim 2,4).

Pero, fundamentalmente, es en el Sagrario donde nosotros mismos somos transfigurados a imagen de Jesús, para ser sus anunciadores, para ser testigos de la verdad, para ser sembradores de paz y esperanza en un mundo que tantas veces llora desesperado. Nuestros muchos momentos de Sagrario, lo sabemos, no pretenden hacernos estatuas contemplativas e indiferentes sino que nos mueven irresistiblemente a la misión, al anuncio de la mejor de las noticias, es decir, de la única Buena Noticia que necesita ser anunciada.

Es el encuentro con Jesucristo sacramentado y transfigurado el que movió a los grandes santos de todos los tiempos a dejarlo todo para seguirlo más de cerca. Es el encuentro con Jesucristo sacramentado y transfigurado el que hoy, día a día, instante a instante, sigue impulsando a los cristianos enamorados de Cristo a la misión.

Que celebrar la Transfiguración del Señor nos conforme, como Familia Eucarística Reparadora, en testigos alegres y agradecidos en medio de estos tiempos en los que tanta dificultad encuentran nuestros hermanos para vislumbrar signos de esperanza.

Publicado en centenario MEN, Editorial, El Granito de Arena.

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