Nuevo Directorio para la catequesis (julio-agosto 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2021.

La fe de la Iglesia: El Catecismo

Nadie cree solitariamente. El creyente es siempre miembro de la Iglesia. Cada creyente recibe la noticia de la fe a través de otro creyente que ha creído antes que él. La Iglesia es la comunidad de los creyentes, de los discípulos misioneros que, porque han visto, han creído. Esto es lo que caracteriza más profundamente a la Iglesia: haber transmitido y ofrecido sin cesar, desde el tiempo de los Apóstoles y de generación en generación, la fe en Jesucristo y, por ellos, la comunión de vida y amor con Dios a todos los hombres.
En el seno de la Iglesia, los creyentes dan testimonio de su fe con palabras y obras: todos los que creen en Jesucristo constituyen dentro de la Iglesia una gran comunidad de fe. Pero ante todo la Iglesia es como el «nosotros», que abarca a todos y cada uno de los creyentes. La fe de cada creyente, dentro de la Iglesia, es una participación viva de la fe de la Iglesia, porque es la Iglesia, la comunidad católica de los creyentes, fundada en Cristo y en los Apóstoles, el único sujeto que no puede fallar en la fe.

Por eso, para el cristiano, decir «yo creo» es lo mismo que decir: «yo me adhiero a la fe de la Iglesia, creo en la Iglesia y con la Iglesia»; dicho de otro modo, es lo mismo que incorporarse a la tradición viva de la fe que surge de Cristo y de los Apóstoles y llega hasta nosotros en la vida comunitaria de la Iglesia. El cristiano, por el hecho de su Bautismo, queda adherido a la fe de la Iglesia, comunidad de fe. Por el don y la gracia del Espíritu Santo que ha recibido está unido a Cristo y llamado a seguirlo.

Interiorización y personalización de la fe
El catequista, como cristiano que es, está llamado a vivir un proceso de interiorización y personalización que le lleve a pasar del «yo creo» al «creemos». De este modo estará en disposición de proponer la fe eclesial, más allá de experiencias personales, porque como catequista ha de transmitir la fe de la Iglesia. Posiblemente el catequista en el ejercicio de su ministerio irá profundizando en esta fe eclesial y será capaz de ir dando aquello que se le ha sido dado. Desde antiguo, como podemos contemplar en el Nuevo Testamento, la comunidad ha ido elaborando fórmulas cortas y concisas para profesar, celebrar y testimoniar la fe. Estas fórmulas dieron paso a las primeras síntesis de fe y compendios que ya encontramos en el s. IV. Más adelante, con el Concilio de Trento, fueron apareciendo distintos Catecismos que servían para la transmisión de la fe. En ellos la Iglesia fue presentando de manera orgánica y sistemática la fe que nos une y en ellos la catequesis tiene una fuente insustituible no solo de magisterio, sino también de experiencia comunitaria de la fe. El Catecismo de la Iglesia Católica que hoy alimenta la evangelización fue promulgado por san Juan Pablo II en 1992.

El Directorio para la Catequesis, en su capítulo VI (nn. 182-192), nos presenta la importancia del Catecismo porque es un texto oficial del magisterio de la Iglesia que, con autoridad, recoge de forma precisa, a modo de síntesis orgánica, los acontecimientos y verdades salvíficas fundamentales que expresan la fe común del pueblo de Dios, y que constituyen la referencia básica e indispensable para la catequesis (cf. DC 124).

Instrumento de renovación
El Directorio nos presenta el Catecismo como un verdadero instrumento al servicio de la renovación de la catequesis: «El contenido del Catecismo se presenta de tal manera que manifiesta la pedagogía de Dios. La exposición de la doctrina respeta plenamente los caminos de Dios y del hombre y encarna las líneas dominantes de la renovación de la catequesis del siglo XX. La narrativa de la fe en el Catecismo concede un lugar de absoluta importancia a Dios y a la obra de la gracia, que en la distribución de la materia ocupa la mayor parte: esto es ya un anuncio catequético. En la misma línea, todos los demás criterios se presentan al servicio del anuncio fecundo del Evangelio como: la centralidad trinitaria y cristológica, la historia de la salvación, la eclesialidad del mensaje, la jerarquía de las verdades, la importancia de la belleza. En todo esto se puede leer que el propósito del Catecismo es despertar el deseo por Cristo, presentando al Dios deseable que busca el bien del hombre. Por lo tanto, el Catecismo no es una expresión estática de la doctrina, sino un instrumento dinámico, adecuado para inspirar y nutrir el camino de la fe para la vida de cada persona y, como tal, sigue siendo válido para la renovación de la catequesis» (n. 192).

La catequesis es un proceso personal de fe, un camino que nos lleva a sentir con la Iglesia, a apropiarnos de la fe de la Iglesia compendiada en el Catecismo, apoyados en la Escritura y en la tradición de tal modo que nosotros seamos esos catecismos vivos que el mundo lee. Como bien lo expresó san Manuel González: «Sí, ¡todos catequistas!, y más aún, seamos todos ¡catecismos vivos!, ¡que con sólo vernos y oírnos los demás aprendan el catecismo de nuestra bendita religión!» (OO.CC. III, n. 4703).

Sergio Pérez Baena, Pbro.
Publicado en centenario MEN, El Granito de Arena, Nuevo Directorio para la catequesis.

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