La liturgia, encuentro con Cristo (julio-agosto 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2021.

El «arte» del Oficio Divino

La liturgia es el medio por el que se actualiza la obra realizada por Cristo para nuestra Redención. En efecto, el misterio pascual de Cristo Sacerdote «se prolonga a través de su Iglesia, que, sin cesar, alaba al Señor e intercede por la salvación de todo el mundo no solo celebrando la Eucaristía, sino también de otras maneras, principalmente recitando el oficio divino» (SC 83). San Manuel González lo comprendió y enseñó de manera magistral en unos apuntes bajo el epígrafe: «El arte en el Breviario».
En la nomenclatura de su época, la edición abreviada de la Liturgia de las Horas era denominada Breviarium: el oficio divino de la Iglesia por la que se santifica el tiempo. En su exposición, el obispo de Palencia muestra la unión que hay entre la salmodia de las Horas y la Misa: entre los dos quicios y el eje de la jornada (Laudes, Vísperas y Eucaristía). Se podría decir que estas páginas (Obras Completas nn. 5275 ss.) son un avance profético de la teología del Concilio Vaticano II (SC 83-87.90.98.100). Ofrecemos, a continuación, un amplio extracto de los textos mencionados.

Las columnas de la celebración de la Iglesia
La liturgia se apoya sobre cuatro columnas, dos que Jesús Sacerdote por sí mismo construyó y otras dos por mediación de su Iglesia: son aquellas dos, la santa Misa y los siete sacramentos; y éstas, el oficio divino o eclesiástico y los sacramentales. El Sacrificio de Jesús y el oficio divino, directa y primariamente, son para la alabanza y adoración de la augusta Trinidad; e indirectamente y como causa moral, o como irradiación para la santificación de las almas, y los sacramentos y sacramentales al revés.

Sacrificio de alabanza: acción de mediación
Litúrgicamente el oficio divino es inseparable del santo Sacrificio. Si éste es la máxima alabanza a Dios de cada mañana, el oficio es la preparación y la prolongación de esa alabanza por todas las horas del día. Si la Misa se llama Sacrificium laudis, el oficio divino se llama Officium laudis o esto sólo: Laudes.

Tan inseparables para la liturgia son Misa y oficio divino, por razón de su identidad de fin, que al principio de éste y no de aquélla, pone la clasificación de su rito [memoria, fiesta, etc.], para que la misma solemnidad envuelva Misa y oficio como una misma acción.

Si el Altar es el lugar en donde Jesús por el sacerdote realiza la acción de la máxima gloria de Dios por la máxima adoración, acción de gracias, expiación e impetración que vale la oblación real de su Sacrificio, el breviario es el instrumento con que el sacerdote por Jesús armoniza y acompaña, celebra y canta la gran alabanza de aquella acción suprema sacerdotal.

El oficio es más que lección que instruye y ejemplo que alienta, canto sacado por la gran maestra, la Iglesia, de tres grandes inspiraciones: de la inspiración auténtica y directa de Dios en sus salmos, cánticos, trenos y trozos de Escritura; de la inspiración de la Santidad en sus historias abreviadas, comentarios y homilías doctrinales; y de la inspiración de la musa popular cristiana en muchos de sus himnos, antífonas y melodías. ¿Conocéis arte más opulento en inspiración?

Ese canto de alabanza, que va siempre dirigido a la Trinidad Santísima por nuestro Señor Jesucristo, es a la par un canto de triunfo del Rey sacrificado Jesús que contigo vive y reina… Y tiene su copla (el motivo de la alabanza contenido en la oración propia, las lecciones, las antífonas propias y todo lo propio) y su estribillo (todo lo común).

Oficios comunes

  • El oficio de común de apóstoles es el himno de alabanza por el triunfo del Rey inmolado en la longanimidad del Apóstol: dar y darse: «Este es mi mayor precepto… Mayor caridad nadie tiene sino Él… Iban alegres porque…».
  • El oficio de mártires, el himno por el triunfo del Rey Hostia en la fortaleza de sus soldados: «lucharé hasta la muerte por la ley de Dios…».
  • El oficio del confesor pontífice [o de pastores], el de la alabanza por el triunfo del Rey–Sacerdote sumo en el sacerdocio, ejercido fielmente por el hombre, cuya plenitud está en el pontífice: «He aquí al gran sacerdote…». El oficio de confesor no pontífice [o común de santos], el himno por el triunfo del Rey divino en la fidelidad de sus siervos: «Señor, cinco talentos me diste… Levántate, siervo bueno y fiel…». ¡Qué misterio!, la Iglesia ante los montones de libros de sabiduría celestial de santo Tomás, los de tierra y los de granos recogidos por san Isidro Labrador, y los de harapos, mendrugos y piojos de san Benito J. Labre canta la misma alabanza a Dios, el mismo cinco talentos, y el levántate, siervo bueno y fiel…
  • El oficio de vírgenes es la alabanza a Dios por el triunfo del Rey del Amor en la pureza triunfante en una mujer: «Qué hermosa, casta y limpia es esta generación».
  • El de vírgenes mártires, la alabanza por el contraste de la debilidad del sexo venciendo el doble enemigo de su pureza y de su fe: «Recibe la palma que has merecido…».
  • El de no vírgenes [o santas mujeres] es la alabanza a Dios por el triunfo de su Hijo Rey en los obstáculos, frutos y premios de la piedad: «Domando la carne con ayunos y alimentándose con oración…».
  • El oficio de dedicación de Iglesia es la alabanza por el triunfo de Jesús en la hermosura, utilidad e indefectibilidad que por su sacrificio ha dado a las tres casas de Dios: la del cielo: «Ciudad celeste de Jerusalén…»; la edificada como templo vivo en el alma y cuerpo del justo: «Templo del Espíritu Santo…»; «Zaqueo hoy me hospedaré en tu casa…»; y la material o templo visible: «En tu casa impera la santidad».
  • El oficio común de fiestas de la bienaventurada Virgen María es la alabanza por el mayor de los triunfos de Jesús Rey, principalmente en la preservación del pecado y en la mediación universal de Ella y en los méritos, motivos y frutos de la misma, particularmente en su virginidad maternidad divina, fidelidad y patrocinio. «Santa María, Madre de Dios, intercede por nosotros…». El oficio común de difuntos es el himno de la vida, la alabanza a Dios por ser el Autor de toda la vida: «Para quien todas las cosas tienen vida…», la vida natural y sobrenatural, temporal y eterna, de darla, aumentarla, quitarla y devolverla, o sea, Autor del nacimiento, desarrollo, muerte y resurrección… ¡El gran himno, en una palabra, al Rey de la Cruz, triunfador de la muerte!

La mente concuerda sabiamente con la voz
Todo este arte se reduce a recitar o cantar, como pide la Iglesia, digna, atenta y devotamente. ¡Se lo merece tanto aquel divino canto y este nuestro divino oficio…! Dos reglas, de arte geográfico la una y de arte gramatical la otra, explican y facilitan esa petición. Dejo aparte el gran arte musical del Motu Proprio de Pío X.

Hablando el lenguaje de una especie de geografía espiritual, lo primero que tenemos que hacer […] para ejercer bien nuestro oficio de cantores de Dios es orientarnos. […] Respecto a mi situación al rezar: Yo rezo con Jesús, o mejor, Jesús reza por medio de mí, de mi boca…, rezo en nombre de toda la Iglesia de la tierra; ¡la Iglesia reza también por mi boca! y rezo, o mejor, rezamos, Jesús sacerdote, la Iglesia y yo ante la Trinidad augusta, ante la Iglesia del cielo… Los de allá y los de acá nos unimos en mi breviario para cantar el himno siempre nuevo de la alabanza y de la adoración.

Cantate Domino canticum novum… Cantad al Señor un cántico nuevo… Se reduce a esta sola palabra: rezar con prosodia.

Esos asteriscos en los versículos, para paladear, esas comas para respirar, esos puntos y aparte para reposar, y los demás signos ortográficos atendidos con una prosodia consciente, ¡cuántos atropellos y decapitaciones y truncamientos de palabras y distracciones y rutinas y profanaciones evitarían, y qué aroma de alabanza y de piedad exhalarían para mí y para los que me oyen y para todos los que esperan mi oración…! Como que uno de los grandes méritos del canto gregoriano es el respeto que guarda a la prosodia […].

Sapienter, ¡en las dos acepciones del verbo! Sápere: saber y saborear. ¡Conozcamos el arte de nuestro breviario! ¡Saboreemos el arte de nuestro breviario! ¡Cantemos con arte!

En la actualidad
Esta enseñanza, recepción del Movimiento Litúrgico en España, preparaba la teología y la pastoral del Concilio Vaticano II que pediría a los pastores «que las Horas principales, especialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en la Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda, asimismo, que los laicos recen el oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e inclusive en particular» (SC 100).

Publicado en El Granito de Arena, La liturgia.

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