Nacidas para eucaristizar (julio-agosto 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2021.

Llamadas a servir a la Madre Iglesia con todo el corazón. 61º aniversario de aprobación pontificia de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret

Seguimos recorriendo y viviendo con intensidad cada momento de nuestro Bienio jubilar, y en este camino de gratitud, gozo y esperanza celebraremos, el próximo 30 de agosto, el 61º aniversario de la aprobación pontificia de nuestra Congregación y de sus Constituciones. Un acontecimiento que nos recuerda, como nos enseñaba san Manuel, que estamos llamadas a «servir a la Madre Iglesia con todo el corazón», conformarnos a su sentir, amarla y, con ella, por ella y en ella, al mundo entero.
Ahora bien, ¿cómo se vivió en Nazaret aquel 30 de agosto de 1960, cuando se supo que la Santa Sede aprobaba nuestro Instituto como Congregación religiosa apostólica de Derecho pontificio? Nos cuenta la Hna. Mª Delfina: «Cuando yo ingresé como postulante, en 1955, Nazaret era un Sodalicio, después se fueron dando pasos hasta llegar a la aprobación pontificia definitiva, cinco años después. Aquel acontecimiento supuso para nosotras una explosión de júbilo y gratitud al Señor. Fueron momentos de mucha alegría para todas».

Una explosión de júbilo
Por su parte, la Hna. Mª Antonia Moreno nos comparte: «Como yo entré en el año 1965, no viví el momento de la aprobación, pero sí recuerdo que las hermanas habían compuesto una canción, que cantaban cada año con gran entusiasmo: “30 de agosto es el día que eligió nuestro Señor para dar luz y color…”. Sentir y vivir con la Iglesia es fundamental, pues somos bautizadas en la Iglesia y es la Iglesia quien recibe nuestros votos».

Ciertamente, la aprobación pontificia es de gran importancia para la Congregación. Ha sido algo muy esperado desde la fundación, y un motivo de gratitud para todas, como expresa la Hna. Mª Lourdes del Pozo, «tanto para las hermanas que, desde los inicios, fueron dando los pasos respectivos, como para las que lo han ido transmitiendo a lo largo de estos años. Esta aprobación es la seguridad de saber que la Iglesia acepta y aprueba nuestra Congregación, y que aprueba también el carisma, lo que nos da la certeza de saber que hoy es necesario en la Iglesia y en el mundo. Es también exigencia de defender la doctrina, siendo fiel a sus enseñanzas, defendiéndolas y propagándolas desde nuestro carisma específico».

Horizontes de universalidad
Sabernos hijas de la Iglesia amplía nuestra mirada, nos hace experimentar un sentido profundo de ser hermanas de todos, en la realidad concreta donde somos enviadas. Es la experiencia de nuestra Hna. Zuly Mª, que nos hace llegar su testimonio desde Venezuela: «Que nuestra Congregación sea de Derecho pontificio implica que ha sido guiada y confirmada por el Espíritu Santo, y la Iglesia, siendo dócil a ese mismo Espíritu, lo reconoce. Me da la certeza de que me muestra el camino por el cual puedo alcanzar la salvación junto con el resto de hermanos que formamos el pueblo de Dios; de ahí la responsabilidad de crecer cada día como verdadera cristiana Misionera Eucarística de Nazaret, vivir en comunión compartiendo el don que he recibido en lo concreto de la vida. El saberme hija de la Iglesia amplía mis horizontes a la universalidad, consciente de que tengo una identidad específica que se me ha dado como semilla y que debo cultivar con responsabilidad, hasta dar fruto para que otros gocen también de dicha gracia».

Algunas de nuestras hermanas que están en formación nos comparten también cómo van descubriendo y ampliando este horizonte de fraternidad universal: «Aunque no haya vivido el 30 de agosto de 1960, puedo decir que en las comunidades donde el Señor me ha enviado, cada año hemos procurado revivir este acontecimiento tan especial. Sentirme hija de mi Madre la Iglesia significa en mí que en esta aventura nazarena no estamos solas, que pertenecemos y formamos parte del cuerpo eclesial, y esto me impulsa a vivir la vocación con gozo y responsabilidad» (Mª Carolina German). «San Manuel González nos transmitió muy bien el amor a la Iglesia porque él también lo vivió y por eso es un ejemplo para mí. Intento expresarlo sobre todo en tratar de hacer vida el espíritu de comunión, que es obra del Espíritu Santo, pero que necesita nuestra disposición, y lo hago mediante la oración, el interés por el otro, la atención, las obras y gestos concretos que manifiestan esa unión que nos hace alegrarnos por los acontecimientos alegres a nivel eclesial y sufrir con los sufrimientos de la Iglesia» (Mª Jesica Forti).

Un sello de pertenencia
Quien esté leyendo estas líneas, podría en este momento cerrar sus ojos y traer a la memoria y al corazón algún recuerdo en el que haya experimentado esa alegría profunda de sentirse parte de la Iglesia. Una celebración eucarística, un encuentro, un retiro, una peregrinación… ¡cuántos modos de vivir esta comunión! Por ejemplo, nuestra Hna. Teodosa Mª lo experimentó fuertemente en un viaje a Roma, y nos cuenta: «Fuimos a Roma con un grupo de hermanas, a participar en un encuentro. Al empezar a vislumbrar la cúpula Vaticana, fue una sensación profunda de pertenencia a la Iglesia. Y, cuando ya estábamos cerca de la Plaza de San Pedro, nos detuvimos y empezamos a rezar el Credo. Realmente fue una manera diferente y de sentir profundamente la eclesialidad a medida que íbamos recitando juntas, en ese lugar tan especial, nuestra Profesión de fe. Recordamos que Nuestro Padre también lo hacía siempre que viajaba a Roma».

Vivir la comunión desde el carisma específico es otro de los aspectos que nos confirma y nos impulsa a seguir respondiendo a la vocación recibida. Es el testimonio de nuestra Hna. Ana Mª Cayuso: «Una de las grandes experiencias de sentirme Iglesia la tuve cuando era novicia, en los encuentros de formación en el inter–noviciado, en los que forjamos una gran amistad y compartimos nuestras inquietudes vocacionales con otros novicios de distintas congregaciones. Fue muy palpable cómo cada congregación está llamada a una tarea–misión específica, pero entre todos, en la variedad de carismas, mostramos al mundo la belleza del Reino. Estamos llamadas a colaborar con otros carismas para que el rostro de Cristo resplandezca en su plenitud».

Finalizamos este artículo dando gracias al Señor por tantas bendiciones que ha concedido a Nazaret, particularmente el don de la aprobación pontificia. Y en este marco, recordamos de manera especial a las hermanas que nos han precedido y que han cimentado las bases de nuestra Congregación. Como ellas, queremos seguir respondiendo con generosidad a la llamada de Dios. Hoy como ayer, reafirmamos nuestro anhelo de seguir a Jesús Eucaristía en una donación total a Él y a la Iglesia, por la profesión y práctica de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, asumidos con voto público y vida común. María, Madre de la Iglesia, ¡ruega por nosotras!

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, Nacidas para eucaristizar, San Manuel González, San Manuel González García.

Un comentario

  1. Cerré mis ojos y traje a mi memoria el día que me entregó mi cordón mi párroco y asesor de la Obra en Lima – Perú, P. Armando Briceño; no solamente a mi, a varios hermanos también luego de la formación recordando a las hermanas que lo hicieron, viendo en San Manuel a un cura de nuestro tiempo, un varón santo digno de imitar; y sentir la hermosura de su apostolado y la pequeñez de mi barro en el esfuerzo cotidiano de ser un Juanito, peruano. Muchas gracias HERMANITAS por su apostolado, ah, algo más 30 de agosto es el día de la patrona de América Sana Rosita de Lima, a ella nos encomendamos y muchas, muchas gracias por su apostolado. Manuel Antonio Castro Morán

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *