Cordialmente, una carta para ti (julio-agosto 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2021.

Aquellas Escuelas del Ave María

Amigo lector: Desde hace algún tiempo vengo leyendo las cartas escritas por nuestro san Manuel. Son las que aparecen en el tomo IV de sus Obras Completas, y que ha sido recientemente publicado. Es un libro que te recomiendo si de verdad deseas conocer al obispo del Sagrario abandonado, ya que a través de sus cartas podemos ver a una persona profundamente humana, sincera, bondadosa e íntima. Tanto es así que quien haya leído sus obras, pero no sus cartas, no puede decir que tenga un conocimiento cabal de san Manuel.
Sus cartas nos permiten conocer de cerca a un hombre que aprendió a superar adversidades y el propio destierro cuando era obispo de Málaga, al igual que superó muchos temores durante la Guerra Civil española siendo obispo de Palencia. Pese a los difíciles tiempos que le tocaron vivir, nuestro santo atesoraba en su interior una gran tranquilidad de espíritu, nacida de su plena confianza en el Sagrado Corazón y en Jesús Eucaristía.

Te confieso, estimado lector, que me llevé una grata sorpresa cuando me encontré con las cartas que san Manuel escribiera al sacerdote D. Andrés Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María y actualmente en proceso de beatificación. Sí, me llevé una grata sorpresa porque yo siempre sentí una especial admiración por el P. Manjón; tanto que en mis primeros pasos por el camino de la docencia me sentía atraído por aquellas innovadoras ideas pedagógicas que inspiraban el funcionamiento de las Escuelas del Ave María.

Educación para todos
Eran unas ideas muy distintas a las que estaban en boga en su tiempo. Por tal razón, son muy acertadas estas palabras de Aurora Mª López Medina, publicadas en El Granito de diciembre de 2020: «¡Qué diferente la enseñanza que propugnaba D. Andrés Manjón a la que se seguía en aquella época, de la letra con sangre entra! ¡Qué generosidad la de querer abrir la educación a todos y no solo a unas élites como se hacía desde algunos colegios, incluso religiosos!». Por esto, y por su elevado concepto de la educación, el P. Manjón ocupa hoy un puesto de honor en la Historia de la Pedagogía. De él es esta valiosa definición de educación: «Educar es perfeccionar la obra predilecta de Dios, que es el hombre, hasta hacerla semejante a Él». ¿Qué más se le puede pedir a la educación, si pretende lograr que el hombre sea semejante a Dios?

Aquellas Escuelas del Ave María se caracterizaban porque, siempre que era posible, se instalaban al aire libre; nada de que los niños permanecieran encerrados en locales antihigiénicos. Por otro lado, sus procedimientos se basaban en juegos infantiles para que los niños aprendieran jugando. Así, la historia se aprendía representando los niños, a modo de juego, los hechos históricos más relevantes. La geometría, trazando en el suelo las distintas figuras geométricas. La geografía, reproduciendo sobre el terreno los diversos accidentes geográficos: montes, llanuras, valles, ríos, lagos, etc.

El P. Manjón estableció las Escuelas del Ave María en el Albaicín de Granada, un barrio habitado en aquel entonces casi exclusivamente por gitanos. Y es lo cierto que no solo consiguió que los hijos de los gitanos aprendieran a leer y escribir, sino que también lo hicieran sus padres y que, además, mejorasen su comportamiento social. Don Andrés llevó a cabo una auténtica revolución social, cuyo resultado fue la elevación del nivel sociocultural de los gitanos. Y todo ello sin olvidar su formación moral y religiosa. La semilla sembrada por el P. Manjón dio su fruto y hoy, cien años después, el Albaicín granadino es un barrio limpio, con blancas casas que tienen cuidados jardines y albergan personas muy amables. Yo lo he visitado, y doy fe de ello.

Con alma de pedagogo
Nada tiene de extraño, lector amigo, que san Manuel se mostrase interesado en aquellos procedimientos que se venían utilizando en las Escuelas del Ave María. Él, que tenía alma de pedagogo, deseaba que sus maestros conociesen la metodología que aplicaba D. Andrés Manjón, razón por la que le dice en una de sus cartas: «Dios le pague a V. el buen acuerdo que ha tenido de publicar el Reglamento del Ave María; es un admirable compendio de sus escritos y obras sobre el particular, muy conveniente para iniciar a mis maestros y maestrillos en el sistema de V. […] Adjunto esa letra para que haga la caridad de ordenar me manden algunos ejemplares que quiero distribuir a aquellos como reglamento y norma de nuestras escuelas» (OO. CC. IV, n. 5365).

Con el deseo de un feliz verano y de que sigas superando las adversidades de esta pandemia, te saluda cordialmente

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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