Así viven y mueren los amigos de san Manuel

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2021.

Ya han conocido cara a cara a san Manuel

En este pasado mes de marzo han partido a la Casa del Padre dos sacerdotes muy cercanos a El Granito de Arena y amigos fieles de san Manuel. Son ellos Mons. Rafael Palmero Ramos (+8/3/2021), que fue obispo de Palencia entre 1996 y 2005, y D. Domingo Muñoz León (+11/3/2021), sacerdote, eximio exegeta y durante décadas colaborador de estas páginas.

Cuando Don Rafael Palmero fue nombrado obispo de Palencia, no tenía un conocimiento profundo de san Manuel González ni de sus Obras. Fue poco a poco conociendo y encariñándose con uno y otras a través de su trato con las Misioneras Eucarísticas de Nazaret y de manera muy especial por medio de los escritos de san Manuel.

Tuvo especial empeño en propagarlos y darlos a conocer, y él fue el iniciador e impulsor de las Obras Completas. Los tres primeros volúmenes se hicieron en su tiempo a finales del siglo pasado. Y un IV volumen con las cartas, por razones diversas, se ha demorado hasta ahora. En el transcurso de estos años ha manifestado en muchas ocasiones su deseo de que llegara a ser realidad. ¡Cuántas veces preguntó ¿cuándo salen las cartas?! Y ha sido una gracia de Dios el que hayamos podido darle esa satisfacción enviándole uno de los primeros ejemplares, el pasado mes de septiembre.

Escribió sobre san Manuel varios libritos, entre ellos: 15 días con Don Manuel González, el Obispo de la Eucaristía, una breve biografía: Beato D. Manuel González. El Obispo de la Eucaristía y Camino abierto, referido al carisma eucarístico reparador del que san Manuel fue depositario. Su deseo de dar a conocer la vida y la espiritualidad de san Manuel González le llevó a dar muchas conferencias.

Debemos mucho a D. Rafael en lo referente a la beatificación de D. Manuel. El milagro que le llevó a esta fue hecho en 1953, es decir 13 años después de morir. Sin embargo la beatificación no se llevó a cabo hasta 2001. Una de las razones fue que se trataba de una enfermedad en sí curable, peritonitis, y haberle puesto mucha penicilina a la enferma. El milagro, sin embargo, radicaba en la curación instantánea tras decir el médico que moriría sin remedio. Ante el temor de un rechazo en Roma, el postulador no quería presentar esta curación milagrosa, y fue D. Rafael quien se lo pidió personalmente.

En la ceremonia de beatificación, en Roma, ante el papa Juan Pablo II, a D. Rafael le correspondió hacer la petición. Se le notaba inundado de gozo y pidiendo ya la canonización. Cuando llegó el momento de esta, el año 2016, no se encontraba bien de salud, pero a Roma se fue en viaje de ida y vuelta rápida. Quería tener siempre a mano reliquias, estampas y novenas para dar a los que le visitaban. ¡Cuántas repartió!

Don Rafael fue siempre un hombre de profunda fe y devoción a Jesús Eucaristía, pero al encontrarse con san Manuel González, y ponerse en contacto con su vida y su doctrina, iba creciendo su admiración, su cercanía y su devoción. Al igual que san Manuel, pidió «ser enterrado junto a un Sagrario», para seguir diciendo a cuantos pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No dejadlo abandonado! Sus restos mortales descansan en la capilla del Sagrario de la Catedral de Alicante, esperando la resurrección.

D. Domingo Muñoz León
El jueves 11 de marzo, a los 90 años de edad, D. Domingo Muñoz León partía a la Casa el Padre. Toda su vida fue una entrega incondicional a su sacerdocio. Su nombre se asocia, principalmente, al estudio de la Biblia, en concreto a los escritos joánicos. En efecto, fue él uno de los artífices de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española.

Su firma durante más de 25 años en El Granito de Arena hablan de la Providencia divina y de la sencillez y el anhelo evangelizador de D. Domingo. En 1988 acompañó a un grupo de sacerdotes a la casa de las Misioneras Eucarísticas en Madrid. La hermana responsable, en cuanto se lo presentaron, conociendo su labor como biblista y exegeta, le pidió colaboración. El primer artículo firmado por él fue publicado en abril de 1988 y tenía la forma de consultorio bíblico, respondiendo a las preguntas que los lectores hacían llegar al respecto. Con el paso del tiempo fueron muchos los temas tratados. El último artículo que publicó El Granito, cuando él mismo así lo pidió ya que quería dedicarse a varios libros que tenía solicitados, fue el de octubre de 2013. En ese número, además, fue él quien escribió la necrológica de D. Andrés Molina Prieto, gran amigo suyo y también colaborador de El Granito. En esta amistad, posiblemente radicó el conocimiento y devoción que tuvo siempre hacia san Manuel.

Su buen espíritu y entrega a la voluntad de Dios fueron siempre un distintivo suyo. En una ocasión llamó por teléfono para decir que lo iban a operar de cáncer. Al oír de esta parte del teléfono una exclamación de dolor, contestó con toda sencillez y serenidad: «¡Nada! No pasará más que lo que Dios quiera». Y su vida ha sido larga y muy fructífera para gloria de Dios. D. Domingo, que a tantos ayudó a conocer y acercarse a Dios, nos siga acompañando, ahora desde la Casa del Padre, en esta labor editorial.

Ana Mª Palacios, m.e.n. y Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.

Amigo, sacerdote y biblista
En estos momentos de profunda tristeza por la pérdida de un buen amigo solo encuentro consuelo en estas palabras de Séneca: «Si hubieras perdido a un amigo –la mayor de todas las pérdidas–, deberías poner mayor esfuerzo en alegrarte por haberlo poseído, que en afligirte por haberlo perdido» (Ep. 99, 3)… Y eso hago desde que Domingo pasó a gozar de la presencia del Padre. A lo largo de una amistad de casi 30 años siempre admiré en él su gran sencillez y su profunda humildad, pese a los cargos que desempeñó dentro de la Iglesia y pese a la valía de sus escritos publicados. Prueba de esa sencillez es que poseía el título de Monseñor y, sin embargo, jamás hizo constancia de él en lugar alguno. Por ello, en el prólogo que escribió para mi último libro, y que está en vías de publicación, hago constar ese título… Creo que es de justicia. Descanse en paz el amigo, el buen sacerdote y el gran biblista.

Manuel Ángel Puga
Publicado en El Granito de Arena, San Manuel González, San Manuel González García.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *