«Su afmo. P. in C. J.» (marzo 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2021.

«…y lo demás no te importe un comino»
El abandono en las manos de Dios

Sin duda una de las palabras que más veces encontramos en el léxico de san Manuel González es «abandono». Como él la usaba siempre para referirse al abandono de la presencia de Jesús en el Sagrario, no la empleaba con el significado que tiene en la literatura ascética, la del abandono en manos de Dios. Sin embargo, supo captar también la importancia de ese saber dejar las cosas en manos de Dios y no dejó de practicarlo y de recomendarlo.

En el primer artículo de esta serie, sobre la correspondencia que mantuvo durante muchísimos años con la Sra. Purificación Vila, «Haz tú lo tuyo y deja lo demás al Señor», ya aparece este mensaje que san Manuel quiso transmitir a quienes le escribían por estar abrumados por las mil tareas apostólicas que tenían que realizar, o porque su vida de piedad distaba de ser perfecta.

Para referirse al abandono en las manos del Señor, él recurría a una expresión muy popular: «que no te importe un comino», que sin embargo solo usará en sus cartas; seguramente porque no encontró correcto usarla como consejo espiritual en la redacción de cualquiera de los textos que mandó a imprenta. No sabemos bien el origen de esta expresión en español, y si se refiere a la insignificancia de la planta culinaria que lleva ese nombre, o a la pequeñísima isla de Comino en el Mediterráneo. En cualquier caso, la usamos para expresar que hay una cosa que no merece en absoluto nuestra atención.

La primera vez que encontramos esa frase en las cartas que se conservan de san Manuel, es en una de 1916 que dirige a la mencionada Dña. Pura Vila. Viene a ser la conclusión del consejo que le daba en aquella ocasión:

«Lo que importa es que cada vez lo busque más a Él y le importe un comino todo lo demás. Echémonos en sus brazos como los niños de pecho en los de sus Madres y estemos seguros de que Él velará por nosotros como si no tuviera más hijos que atender» (OO.CC IV, n. 5464).

Ejercitar las virtudes
Varios años después volvió a usar esta expresión coloquial. Es en otra carta a una persona a la que dirigió espiritualmente, Amalia Cavestany Anduaga, quién conservó y entregó para la causa de canonización unas 30 cartas, la primera de 1915 y la última de 1937. Como en la ocasión anterior, también aquí, al mismo tiempo que recomendaba a Amalia que dejara de pensar en esas preocupaciones que solo lograban apartarla de Dios, san Manuel le recordaba la importancia de buscarle ejercitando las virtudes que nos acercan a Él:

«Aprieta en la humildad contigo misma y en la indulgencia con los que te rodean, y lo demás no te importe un comino» (OO.CC. IV, n. 5742), le escribirá en 1928.

Llegamos a 1932. Aquel verano san Manuel había dejado Ronda pensando en pasar unos días en Elorrio y regresar después a su diócesis, o quizá incluso a Málaga. Sin embargo, un giro en la situación política de España hizo que, en vez del ansiado retorno, se le impusiera una prohibición de volver, ni siquiera a Ronda, donde permanecía su familia. La correspondencia de aquellos días de otoño desde la casa Lariz con personas de su diócesis es muy abundante. Varias cartas van dirigidas a aquellas primeras Marías Nazarenas de Málaga. A una de ellas, M.ª Mercedes Ruiz, tan recordada por las Misioneras Eucarísticas como primera maestra de novicias de la congregación, le escribía en esos días diciéndole:

«Una bendición de descanso a la sombra del Pastorcico para que olvidada de las mil cosas que te molestan la memoria y no te importan un comino, recobres fuerzas de confianza y paciencia para seguir tu caminito de aspirante a hostia» (OO.CC. IV, n. 6035).

Precisamente en aquellos días, a mediados de septiembre de 1932, D. Manuel estaba escribiendo el prólogo de un libro que vería la luz al año siguiente, Nuestro barro, una obra en la que dedica varios párrafos a recordar la importancia de abandonarse en manos de Dios. Se trata de una serie de consejos que recoge, a modo de recetas, denominándolos, con bastante buen humor, «ejercicios de despreocupación en honor de San Ahora», y cuyo contenido se puede resumir con otra de frase de ese libro «a toda fantasía y a toda inquietud y a todo lo que no debas ahora hacer, querer o pensar: ¿a mí que me importa? o más breve, ¿a mí qué?” (OO.CC. II, n. 3063). Creo que bien podríamos contestar «a mí me importa un comino».

Varias veces tuvo que insistir san Manuel en esta cuestión a aquellas buenas almas que perdían la paz cuando flaqueaban en sus prácticas de piedad, fracasaban en el apostolado que se les confiaba, o temían no poder sobrellevar el peso de la cruz. Cuando la religiosa hermana María Sagrario del Corazón de Jesús, a.d.c., se preocupaba por su frialdad en el trato con María Inmaculada, le escribía:

«…llámala, háblale, habla de Ella, cuenta con Ella sin que te importe un comino el vacío o miedo que sientas por dentro; esto pasará y quedará una ternura inefable a tu Madre» (OO.CC. IV, n. 6630).

«Ríete de todo lo demás»
En otras ocasiones es un «ríete de todo lo demás» la expresión que utilizaba san Manuel para referirse al abandono en las manos de Dios, porque ese librarnos de los miedos en la vida espiritual propios de quienes no somos más que personas humanas, nos proporciona la alegría de estar un poco más cerca de Él. Y de este modo podemos ver como escribía en otra carta a M.ª Mercedes Ruiz:

«Despreocupada de tus pasado y futuro, ocupada en hacer y decir en la hora presente lo que el C. de Jesús quiera y te dé, anda descansando y descansa andando sobre la certeza de la Misericordia de Él empeñada en lucirse en las miserias tuyas, y después… ríete de todo» (OO.CC. IV, n. 6020).

También de aquellos días es una carta a una religiosa Hija de la Caridad de Santa Ana, Carmen Royo Comas, en la que podemos leer:

«Un poquito de ese olor [a santidad] te vendrá bien para hacerte valiente y no perder la paz entre esas zozobras y amenazas de los de afuera y de tus enemigos de dentro. Ríete de tus tentaciones y despreocúpate de ellas en absoluto; piensa solo en tener buena cara con todos, aunque la procesión ande por dentro y en no buscarte jamás sino buscar solo a tu Jesús solo y su gusto y no el tuyo. Háblale muy afectuosamente aunque estés seca y no se te ocurra nada; pídele como mendiga una limosnita de paz, pureza, humildad y gusto de estar y hablar con Él» (OO.CC. IV, n. 6109).

También aconsejaba esa confianza alegre en Jesús a una madre de familia, María Govantes Soto, a la que decía en 1934:

«Con el gusto de siempre recibo y contesto tu carta y como siempre quitándote miedos. Habla tú con Jesús tus cosas, cuéntaselas como si no las supiera y después espera confiada la respuesta, que no te faltará, ¡es tan atento! Muchas veces hace Él que esté el alma desprovista de directores y consejeros cercanos para ponerla en necesidad de buscarlo y oírlo a Él más. Sigue, pues, tu caminito muy pegadito a tu Jesús y ríete de todos los miedos» (OO.CC. IV, n. 6344).

Vivir el abandono
San Manuel no solo aconsejó el abandono en las manos de Dios a las personas que le confiaban su alma en la dirección espiritual, también vivió ese abandono confiado. Seguro que fueron muchas las veces en que se encomendó a «San Ahora», y nos queda constancia de ello en una de sus cartas, cuando al conocer en Turín en el otoño de 1932 que no regresaría a su diócesis, escribió a su hermana y a su sobrina:

«…decido lo mismo que tenía decidido: vivir al día y dejar lo de mañana y pasado a Él. Amén. Amén» (OO.CC. IV, n. 6058).

Siempre, pero especialmente en momentos de agobios y tribulaciones, la confianza en Dios distingue a los santos. Adquirir el hábito de abandonarnos en las manos de Dios hasta el punto de que todo lo que no nos acerque a Él nos «importe un comino» y de saber que estando cerca de Él «ríete de lo demás», o sea convertirse en devotos de «San Ahora», si no nos hace santos (que es probable que sí), al menos contribuirá a la disminución del número, cada vez más creciente de «los angustiados de neurastenia y los obstinados en llevarlo todo por delante» (OO.CC. II, n. 3063), ¡que no es poco!

Aurora M.ª López Medina
Publicado en Cartas de san Manuel, El Granito de Arena, OOCC San Manuel González.

Un comentario

  1. Hermoso artículo!! Muchas gracias!!! O será tal vez que estaba necesitando palabras y consejos como estos de san Manuel y recordarme la «devoción a san Ahora»….
    Gracias otra vez!!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *