7º Domingo de san José

Pliego publicado en El Granito de Arena de febrero de 2021.

Domingo 7º (14 de marzo de 2021)

PADRE EN LA SOMBRA

Oración inicial

V. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

V. Jesús mío, no te vayas de mí, que me muero sin Ti. Madre mía Inmaculada, enséñame la vida interior. Padre mío san José lléname de espíritu reparador y nazareno.

R. Madre Inmaculada y patriarca san José, los que mejor supieron y saborearon el Corazón de Jesús en la tierra, dadnos parte en vuestras intimidades.

Lectura evangélica (Lc 2,41-51)

Por las fiestas de Pascua iban sus padres todos los años a Jerusalén. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban atónitos ante su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: —Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. Él replicó: —¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les dijo. Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

Dolores y gozos de san José

Glorioso Patriarca san José, por el dolor que experimentaste cuando perdiste a Jesús, y por el gozo que sentiste al encontrarlo en el Templo entre los doctores, admirado de todos, te pido la gracia de saber encontrar a Jesús frecuentando los Sacramentos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Texto del papa Francisco y de san Manuel González

Del papa Francisco en Patris corde

«Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir. Quizás por esta razón la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Solo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz.

Dios mismo amó al hombre con amor casto, dejándolo libre incluso para equivocarse y ponerse en contra suya. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida. La felicidad de José no está en la lógica del autosacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino solo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza» (n. 7).

De los escritos de san Manuel González (Pláticas a las hermanas)

«San José, después de Jesús y María es la persona de más confianza del Señor. Dios Padre le confía su Hijo y el Espíritu Santo su Esposa. ¡Qué seguro estaría el Señor del cariño, de la pureza, fidelidad y nobleza de San José cuando le entregó Su tesoro más rico en naturaleza y gracia; sabía muy bien que se la devolvería limpísima e inmaculada. Por eso se la entrega sin más recomendaciones. Estaba seguro de la gran fidelidad de ese varón justo. ¡Qué alegría si se pudiera confiar alguna vez en nuestro cariño de una manera parecida!» (14/4/1931, pp. 101-102).

Súplica final

V. Sé siempre, san José, nuestro protector.

R. Glorioso patriarca san José, que tuviste la dicha de ganar y dar el pan de cada día a Jesús en Nazaret, ¡que la tenga yo de ganar y dar la compañía de cada hora a Jesús Sacramentado!

V. Ruega por nosotros, san José.

R. Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración (Papa Francisco)

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal.

Amén

Publicado en 7 Domingos de San José, El Granito de Arena.

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