Cordialmente, una carta para ti (febrero 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2021.

Valor humano de los cuidados paliativos

Apreciado lector: Como recordarás, pocos días antes de la pasada Navidad y en plena pandemia, el Parlamento español aprobó la debatida Ley de Eutanasia. Había solamente cinco países que tenían legalizada la eutanasia como tal: Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Canadá y Colombia. Ahora ya la han legalizado seis países en todo el mundo… ¿No crees que este dato lo dice todo?
La eutanasia no es aceptada por la gran mayoría de los países del mundo. Y si no es aceptada es porque, además de inhumana, no es la solución a la problemática de los enfermos incurables.

Los enfermos terminales, los que padecen enfermedades incurables o los que han llegado al final del camino de su vida, no necesitan una fría jeringuilla que les inyecte veneno. No es esto lo que necesitan. Todo lo contrario, lo que necesitan es el afecto y el calor de una mano amiga que les consuele y ayude a morir en paz. A esto se le llama humanidad y también caridad cristiana; a esto se le llama cultura de la vida frente a la cultura de la muerte, algo que vienen defendiendo los servicios de cuidados paliativos.

Quizá hayas oído decir, estimado lector, que la eutanasia proporciona una muerte digna. Nada más falso. Morir con dignidad significa morir sintiéndose querido y consolado hasta el último momento. Nada de esto lo proporciona una fría jeringuilla que inyecta veneno. Sobre esta cuestión es bueno recordar lo que afirma el cardenal Robert Sarah: «¡Morir con dignidad es morir amado! Lo demás no es más que una mentira. Las personas de los servicios de cuidados paliativos, que se dedican con una generosidad incansable a disminuir el dolor, acompañar la soledad y querer a las personas, lo saben: es rarísimo que un enfermo pida la eutanasia. Y, si lo hace, su petición esconde alguna carencia». Palabras que ponen al descubierto la realidad de la eutanasia. Palabras que nos permiten saber que la eutanasia no es querida por la inmensa mayoría de los enfermos incurables.

Cercanía con el que sufre
Dice el eminente genetista J. Lejeune, descubridor de la trisomía 21, que la calidad de una civilización se mide por el respeto que muestra hacia las personas más débiles. Pues bien, la respuesta que han dado esos seis países es la eutanasia, es decir, suministrar un veneno para poner fin a la vida del que se muestra más débil. Atrás se ha quedado el amor al prójimo, el espíritu de ayuda al más débil, la caridad cristiana, en una palabra, atrás se quedó el valor humano de los cuidados paliativos. Se ha buscado terminar con la vida del enfermo por la vía más rápida y más económica. Porque, en el fondo, de esto se trata, apreciado lector: de no gastar, de ahorrar dinero, siguiendo una lógica economista.

Pero es muy cierto que nuestra sociedad debería dar mayores muestras de su calidad humana, de su cercanía al enfermo que sufre. Y esto no se logra aplicando la eutanasia, sino mediante el servicio de cuidados paliativos. La eutanasia pone al descubierto, entre otras muchas cosas, una gran preocupación por lo económico, por el dinero, no por el dolor del enfermo. La eutanasia demuestra que lo económico es hoy el valor supremo. Todo lo demás carece de importancia, incluida la propia vida. Hay que deshacerse de las personas que ya no producen y que, además, representan una carga para la Seguridad Social… Injusto final para quienes lo dieron todo a una sociedad que ahora les lleva a una muerte rápida y fría.

Frente a la eutanasia se alzan los cuidados paliativos, los cuales sí proporcionan una muerte digna. Es posible, amigo lector, que algún familiar tuyo haya recibido esos cuidados antes de morir. Y es seguro que, pese a tratarse de una situación muy dolorosa, te ha dejado un buen recuerdo, porque has visto cómo médicos y enfermeras luchaban para disminuir el sufrimiento del enfermo y para alargar al máximo su vida… Esto sí es proporcionar una muerte digna y revestida de valor humano.

Nadie pone en duda que la Medicina ha de estar al servicio del enfermo, es decir, ha de procurar curarle y alargar su vida lo más posible. Los médicos, al igual que todo el personal sanitario, están llamados a proteger la vida humana y a disminuir el sufrimiento que cause la enfermedad. Y todo esto se logra mediante los cuidados paliativos, mediante la Medicina Paliativa, no mediante una inyección que ponga fin a la vida de un ser humano, en contra de un mandamiento: «No matarás».

Te saluda cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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