Nacidas para eucaristizar (marzo 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2021.

Vida y misión compartida

El 4 de marzo de 1910 san Manuel fundó en Huelva la primera de las ramas de la Familia Eucarística Reparadora: las Marías de los Sagrarios Calvarios (hoy UNER). Fueron pasando los años. La Obra continuó creciendo y extendiéndose rápidamente. Y el 3 de mayo de 1921, del tallo robusto de aquellas primeras Marías reunidas en torno al Sagrario de la Parroquia San Pedro de Huelva, nació una flor. La florecilla fue malagueña, y se llamó Nazaret.

Nos unimos con gran alegría a la celebración del 111º aniversario de fundación de la Unión Eucarística Reparadora, y en estas páginas queremos compartir algunos testimonios que revelan este caminar en comunión, miembros de la UNER y Misioneras Eucarísticas de Nazaret, en sintonía carismática y misionera, como miembros de una misma y hermosa familia fundada por san Manuel González.

Flor con vocación de raíz
Para describir la vocación y misión de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret en relación a las otras ramas de la Familia Eucarística Reparadora, nuestro fundador usó la imagen de la flor: «Las Marías Nazarenas vienen a ser como la flor de la Obra de las Marías». Es una flor llamada a multiplicar la semilla del carisma, a ser presencia y compañía alegre y generosa. Su misión principal es formar, mantener y propagar los grupos de la Obra. Pero, dice san Manuel, aun «siendo flor y conservando los oficios indicados de ésta, prefiere vivir como raíz que dé jugo sin producir ruido ni esperar nada. ¡Como Jesús en su vida de Hostia!». Además, quiso que nuestras casas de «Nazaret» tuvieran estas tres características: «1º Casa madre de la Obra. 2º Escuela de Marías, y 3º Secretariado para la propaganda y organización» (OO.CC. I, n. 64). Podríamos decir, en resumen, que nuestras comunidades están llamadas a ofrecer a todos, y especialmente a los miembros de la UNER, una casa acogedora, una escuela de formación y un taller apostólico y misionero donde poder prepararse para salir a eucaristizar el mundo.

Puertas abiertas
Cada uno de los Nazaret, por tanto, ha de ser hogar de puertas abiertas para acoger a todos, con sencillez y alegría. Y esto brota de la vivencia eucarística, porque en nuestras casas se ha de reflejar lo que somos y hacemos, como expresa la Hna. Mª Lourdes Caminero León, del Nazaret de Sevilla: «Me siento Misionera Eucarística de Nazaret en todo lo que hago. Actualmente acompaño grupos UNER, formación de otros grupos, evangelización. No puedo separar mi «ser» de mi «hacer». Y puedo decir que mi vocación la vivo en todo, tanto si es el trabajo de casa, como cualquier otra tarea. Todo tiene que ser un reflejo de mi amor a Jesús Eucaristía».

También la Hna. Mª del Rocío Peñafiel percibe este aprendizaje nazareno que, forjado en las cosas pequeñas de la vida cotidiana, se ofrece al mundo: «En Nazaret aprendí que en nuestra vida se debe integrar todo en el Todo. Que hay que dar una respuesta a los desafíos que se nos presenten, y que para ello debemos ser mujeres de oración y de encuentro, encuentro continuo y gradual con el Señor, con nosotras mismas, con la comunidad, con la UNER, con la Iglesia y la sociedad. Actualmente, en el Nazaret de Guayaquil, acompaño grupos de la RIE, pre-JER, JER y UNER. Con las hermanas compartimos el apostolado, el trabajo con la UNER y el gran deseo de extender el carisma eucarístico-reparador».

Escuela de formación
San Manuel habla de Nazaret como una casa y una escuela. En esta escuela se forman los apóstoles para salir a anunciar el evangelio vivo de la Eucaristía. Es la experiencia de Hna. Mª Carolina Razo Estrada: «Actualmente comparto los temas carismáticos en algunos centros UNER de la provincia de Jaén. Desde mi etapa de formación, siempre he visto que en nuestra congregación no se escatiman esfuerzos y medios para llevar a cabo el sueño del fundador: «Su fin es vivir sólo para ser Marías y formar y conservar núcleos de Marías enteradas, de almas selectas, por los pueblos que visitan y en los que ejercen un suave y constante apostolado de amistad, ejemplo y oración» (OO.CC. I, n. 64)».

Compartiendo vivencias vocacionales de las hermanas, vemos que algunas de ellas tuvieron contacto con esta escuela nazarena desde muy pequeñas, por haber pertenecido a la RIE o a la JER. Así nació, por ejemplo, la vocación de la Hna. Mª Teresa Rodríguez Narganes, del Nazaret de Cáceres, que conoció el carisma siendo Niña Reparadora, y hoy, como Misionera Eucarística de Nazaret, no duda en seguir saliendo al encuentro de los demás para compartir esta buena noticia: «El aspecto que más me atrae de nuestro carisma es el descubrir que todo un Dios se ha hecho hombre y me salva porque me ama. No es indiferente a la lejanía de los hombres, ya que por nosotros se ha quedado en la Eucaristía y muchas veces no respondemos a su amor. Por eso creo que disfruto de poder acompañar grupos de Marías o cualquier otro grupo, y decirles: “¿Puede hacer algo más por ti el Señor?”».

Misión compartida
En tercer lugar, nuestras casas han de ser un punto de encuentro y, también, de envío misionero. Allí se preparan y organizan juntos, consagradas y laicos (niños, jóvenes, adultos), para llevar al mundo el don recibido. Es una gran riqueza poder vivir la misión compartida, cada uno en su estado de vida, nos ayuda a crecer en comunión y a poner al servicio de los demás lo que somos y tenemos. Desde México, y haciendo memoria de su camino misionero, la Hna. Mª Sirenia Delgado García nos cuenta: «He tenido la oportunidad desde el inicio de la formación hasta hoy de compartir y acompañar las diferentes ramas de la Familia Eucarística Reparadora y esta ha sido la experiencia carismática por excelencia en mi vocación. Aprender de su cultura y sus costumbres, de su fe y su cariño, me entregaron mucho más de lo que yo pude ofrecerles. ¡Hermosa misión! “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal 115)».

Finalizando este artículo, me gustaría aportar un testimonio personal en relación a la UNER. Siendo yo una joven comprometida en diversos ámbitos de la pastoral, un día llegué a una reunión de la revista que se hacía en nuestro decanato y una señora me dijo: «Vamos a saludar al Dueño de casa», y fuimos a hacer una oración ante el Sagrario. Este sencillo gesto me impactó muchísimo, y me hizo descubrir esa presencia eucarística de la que yo, hasta ese momento, no había caído en la cuenta. El nombre de esa señora es Gloria, y pertenecía al grupo UNER de la Parroquia Sagrada Familia, de Santo Tomé, en Argentina. Por medio de este recuerdo agradecido, quisiera que estas líneas sean un homenaje y un canto de gratitud por tantas limosnas de cariño a Jesús Sacramentado que las Marías de los Sagrarios y los Discípulos de San Juan han ofrecido a lo largo de su historia, y lo siguen haciendo actualmente, en tantos pueblos y ciudades del mundo. Gracias amigos de la UNER, mensajeros fieles y valientes del gran legado que nos dejó san Manuel, que anunciáis con alegría el evangelio vivo de la Eucaristía en cada uno de vuestros ambientes y con cada persona que os encontráis. ¡Feliz aniversario!

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, Nacidas para eucaristizar, San Manuel González, San Manuel González García.

Un comentario

  1. Hna Ma. Andrea,
    Gloria leyó tu nota y está muy emocionada porque nunca pensó que un gesto tan cotidiano en ella podría haber tenido un efecto así en otros… Ella te tiene entre sus mejores recuerdos y te envía un caluroso saludos junto con montones de bendiciones!!

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