111º Aniversario de la fundación de la FER

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2021.

Almas íntegramente cristianas

El 4 de marzo de 1910, ante el Sagrario de la parroquia mayor de San Pedro, en Huelva, un joven sacerdote, D. Manuel González, hacía una invitación poco común a las feligresas reunidas para participar del retiro mensual. Queremos, hoy, entrevistar literariamente a este ya santo sacerdote y obispo, fundador de El Granito de Arena, que tanto habló, predicó, escribió e hizo vida con el único fin de eucaristizar el mundo.

Querido D. Manuel, queremos pedirle, hoy, cuando ha transcurrido más de un siglo desde aquel 4 de marzo en que nació la Obra de las Tres Marías para los Sagrarios Calvarios, que nos repita aquella invitación que animó a tantas almas durante este tiempo. ¿Qué dijo en aquella tarde del primer viernes de Cuaresma?
«Vais a permitirme, señoras, que yo que invoco muchas veces la solicitud de vuestra caridad en favor de los niños pobres y de todos los pobres abandonados, invoque hoy vuestra atención primero, y vuestra cooperación después, en favor del más abandonado de todos los pobres: ¡El Santísimo Sacramento! Hay pueblos en los que se pasan semanas, meses sin que se abra el Sagrario y otros en los que no comulga nadie ni nadie visita al Santísimo Sacramento. En esos pueblos, muchos de sus habitantes ni saben ya que hay Sagrarios, ni qué es comulgar, y llegan al fin de su vida sin haber hecho la primera Comunión.

Y he aquí, hermanas mías, para lo que yo os pedía la coopera­ción de vuestra caridad. Yo no os pido ahora dinero para los niños pobres. Ni auxilio para los enfermos. Ni trabajo para los cesantes. Ni consuelo para los afligidos. Yo os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado; un poco de calor para esos Sagrarios tan abandonados. Yo os pido, por el amor de María Inmaculada, Madre de ese Hijo tan despreciado, y por el amor de ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de esos Sagrarios abandonados. ¿Cómo? Para proveer de Marías adoradoras los Sagrarios desiertos, convertidos hoy en Calvarios por la ingratitud y el abandono de los cristianos. La Obra, pues, se dedicará, como a su objeto esencial y necesario, a procurar que no haya Tabernáculo sin sus tres Marías que trabajen para que se abra el Sagrario y se visite al Santísimo diariamente» (OO.CC. I, nn. 56. 59).

¿Cuáles son los frutos que más valora Ud. de la Obra en estos más de 100 años de andadura?
«¿Quién puede medir lo que por su ejemplo, por su constante ir y venir al Sagrario, por su vivir oculto y callado como el de la Hostia del Sagrario, y por su buscar ante todo y a pesar de todos, como las Marías del sepulcro, al Jesús que fue crucificado, y por las bendiciones del Padre celestial, agradecido a lo que se hace por su Hijo? ¿Quién puede medir, repito, lo que ha llovido y llueve sobre pueblos y obras y hombres, que con ellas nada tienen que ver, de orientaciones, rectificaciones de procedimientos, destrucción de moldes y resabios jansenistas, fecundidades e industrias de celo, preparación y perfeccionamiento de elementos de acción católica, de eucaristización, perdóneseme la palabra, de hombres, obras y ambiente? Tan cierto estoy y tan lleno de gratitud al Padre celestial por las expansiones que ha querido dar a la Obra de la reparación de los Sagrarios de su Hijo, que hoy, al llegar esta conmemoración, más alegría me da la expansión que contemplo del espíritu de las Marías, que la de su organización, con estar ya tan arraigada y extendida» (El Granito de Arena, 4/3/1935, n. 656-657, p. 139).

Constatamos en nuestros días que son numerosos los movimientos y asociaciones eclesiales, ¿cómo ha de ser la relación de la Unión Eucarística Reparadora con estas diversas realidades eclesiales?
«El fin que persigue es oponer al mal del abandono del Sagrario el bien de la compañía del mismo con Comuniones y Visitas por esa intención ofrecidas y buscadas, y de vidas íntegramente cristianas como alimentadas y embellecidas por la Eucaristía conocida, amada, imitada y compadecida. Por eso quise llamarla Obra de reparación eucarística ambulante. Yo soñaba y sigo soñando con una Obra, que en vez de formar redil aparte de los demás rediles o agrupaciones piadosas, fuese no sólo compatible con ellas, sino portadora, restauradora y robustecedora de un espíritu intensamente eucarístico en todas ellas» (Aunque todos… yo no12, p. 115).

Seguramente en más de una ocasión, querido san Manuel, ha temido (o tristemente constatado) que podría desvirtuarse el fin de la Obra. ¿Cómo se puede verificar la autenticidad de la Obra y la coherencia de vida de sus miembros?
«Por el espíritu eucarístico, silencioso, abnegado, reparador de las Marías, llámense como se llamen, posean lo que posean… [ocupado] en calentar y reparar Sagrarios abandonados o poco frecuentados con calor de inmolaciones ofrecidas en silencio, de apostolados menudos, y aparentemente insignificantes para buscar Comuniones y, a base de ellas, formar el espíritu eucarístico y como tal sólidamente piadoso de los que las reciban, de vidas, en una palabra, consagradas a dar y buscar organizada y permanentemente al Corazón de Jesús Sacramentado reparación de su abandono exterior e interior en sus tres grandes manifestaciones eucarísticas de Misa, Comunión y Presencia real permanente por la compañía de presencia, de compasión, de imitación y de confianza» (Aunque todos… yo no12, p. 116).

¿Cómo sueña Ud. a cada uno de los miembros de la Familia Eucarística Reparadora?
Como se lo escribí al P. Teófilo Arana, dominico, refiriéndome a las Marías de su diócesis: «Marías enteradas, sólidamente formadas en la piedad eucarística y, por tanto, sabiendo lo que significa un Sagrario abandonado. Con Marías así preparadas se puede hacer mucho, muchísimo en la batalla que hay que reñir con el abandono en que los hombres dejan a Jesús Sacramentado. Me gusta mucho que no decaiga el espíritu» (OO.CC. IV, n. 6912).

Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n., por la recopilación e interpretación del sentir de san Manuel
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, San Manuel González, San Manuel González García.

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