Cordialmente, una carta para ti (febrero 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2021.

El Granito, ayer y hoy

Estimado lector: Como bien sabes, el día 8 de noviembre del año 1907 se publicó el primer número de la revista que tienes en tus manos… ¿No sientes algo especial al pensar que estás leyendo una revista que cuenta con más de cien años de vida? ¿Verdad que esto ya le concede un cierto carisma? ¿De cuántas revistas se puede decir lo mismo?

Es verdad que aquel primer número no tenía más que ocho simples páginas. Tuvo, pues, El Granito de Arena un origen humilde, pero con los años se convirtió en una revista de prestigio, y que hoy se lee en muchos países del mundo. Humilde de cuna, pero noble por sus ideales.

El fundador de El Granito, nuestro san Manuel, era consciente de esos orígenes humildes cuando dice que aquellas ocho páginas no tenían «pretensiones de pasar por Revista ilustrada, ni científica, ni sociológica, ni por nada de esas cosas que suelen ser las revistas que corren por esos mundos de Dios y del diablo». No, no tenía grandes pretensiones El Granito de Arena, pero sí tenía el noble deseo y la firme voluntad de «querer llegar a muchos corazones que estaban fríos o quemándose en fuegos inútiles o peligrosos». ¡Y vaya que si lo consiguió, apreciado lector!

En efecto, cuando comenzaba el décimo cuarto año de la aparición de El Granito de Arena, con enorme satisfacción escribía su fundador: «¡Vaya si está contento El Granito cuando mira en torno suyo a la familia que ha formado! Miles de manos ocupadas en obras buenas de Dios y de los pobres,… miles de ojos clavados en las puertecitas doradas de los Sagrarios Calvarios,… miles de inteligencias no buscando más luz que la de la Comunión de la mañana, ni más consejo que los que se reciben en la visita íntima del Sagrario». Y para que esa alegría fuese aún mayor, hay que añadir que El Granito de Arena jamás buscó beneficio económico alguno, sino todo lo contrario. San Manuel había establecido que todo lo que se diera de más de las tres pesetas al año, que era el precio de la suscripción, se invirtiese en ayuda a las Escuelas del Sagrado Corazón de Jesús y de la Acción Eucarística. Es más, también tenía establecido que ningún suscriptor fuese dado de baja por no pagar la cuota, con tal de que cada año manifestase que leía El Granito, pero que no podía pagarlo… Los ideales de san Manuel estaban muy lejos del dinero.

Vocación de gratuidad
Hoy, amigo lector, más de un siglo después de su fundación, El Granito de Arena sigue siendo fiel a la vocación de gratuidad que movió a san Manuel. Como sabes, las personas interesadas en recibir gratuitamente El Granito no han tenido más que solicitarlo, siguiendo los pasos que figuraban en la página 6 del número correspondiente al pasado mes de noviembre. Pero no solo en el aspecto de la gratuidad, sino en todo lo demás El Granito de hoy quiere ser fiel a los anhelos que sentía su santo fundador.

Por tal razón, desea «contener el empuje de las olas», es decir, contener todo lo que amenaza nuestra vida cristiana: el egoísmo, la falta de fe, la inmoralidad, los ataques a la vida humana (aborto y eutanasia), el acoso al cristianismo, etc. Y esto hay que hacerlo con valentía, sin miedo, porque, como afirma el cardenal Robert Sarah, «tenemos miedo de los medios, miedo de la opinión pública, ¡miedo de nuestros propios hermanos!».

Además, El Granito de Arena desea ser «elemento de edificación», esto es, quiere edificar una cultura de la vida, opuesta a la cultura de la muerte; quiere edificar una sociedad que tenga plena confianza en Dios y que permanezca unida por la caridad y la Comunión eucarística; quiere edificar una nueva mentalidad que nos permita comprender que no basta con hacer el bien, sino que también es necesario evitar el avance del mal. En definitiva, quiere edificar todo aquello que pueda redundar en beneficio de la Iglesia, en general, y de la Eucaristía, en particular.

Lograr que las personas sean más humanas, más cristianas y que tengan una visión eucarística de la vida es el sueño dorado de El Granito de hoy. Y este sueño será realidad, lector amigo, cuando todos nosotros nos acerquemos al Sagrario, a Jesús Eucaristía. Esto hará posible que no se repita aquella amarga situación, a la que se refería san Manuel cuando escribió: «Sí, sí, hay que pensar en repoblar nuestros Sagrarios, porque, aunque nos cueste mucho decirlo, padecen soledades horribles y espantosas cual yo creo que no las han padecido desde que en la tierra se levantan templos católicos» (OO. CC. I, n. 34).

Con el deseo de que los Sagrarios jamás vuelvan a estar abandonados, te saluda cordialmente

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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