Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (febrero de 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2021.

San Manuel ha hecho mucho por mí

«Sé muy fiel. Sé el pincelillo de Jesús. Tú no pintes nunca nada, sino que Él pinte por ti lo que quiera. Pide al Espíritu Santo trato personal con Jesús, y si fuera posible, continuo. Que todo te sirva para amar más a Jesús» (OO.CC. IV, n. 7128). Bien podría haber dirigido san Manuel estas palabras a Lorena Álvarez Rivero, a quien entrevistamos este mes, que desde pequeña ha conocido el carisma eucarístico reparador y siempre ha buscado hacer de él su camino. Ella es venezolana, tiene 47 años y es maestra de educación inicial.


Querida Lorena, después de tantos años vinculada a la UNER y acompañando a los niños y jóvenes de la RIE y la JER, ¿cómo expresarías tu experiencia de formar parte de la Familia Eucarística Reparadora?
La FER es mi vida y el carisma eucarístico reparador mi forma de vivir. En este movimiento de la Iglesia encontré una bonita familia carismática, donde he vivido muchas cosas buenas, donde he aprendido y sigo aprendiendo a amar a Jesús Eucaristía y a mis hermanos. Tantas veces lo pienso y me parece increíble que a pesar de la distancia y de que a algunas personas, aun sin conocerlas personalmente, las siento cercanas, y solo me basta saber que son parte de la UNER para percibir que nos conocemos. Considero que esto es porque vivimos el mismo ideal y caminamos en la misma dirección, que es la santidad de todos, tal como nos lo enseñó de tantas formas don Manuel.

En esta Familia Eucarística sentí la llamada de Dios a través del carisma heredado de san Manuel González, por lo que quitar la UNER de mi vida sería como quedarme sin nada, ya que gran parte de mis experiencias en la vida están vinculadas a esta familia.

¿Cómo se expresa en tu vida cotidiana que el carisma eucarístico reparador es tu forma de vivir?, ¿te gustaría contarnos un poco más acerca de esto?
Este carisma es mi forma de vivir porque todo lo que planifico lo hago en torno a la UNER, ya sea en mi entorno familiar o de amistades. Hago mi agenda de vida eclesial y según eso estructuro todo lo demás. Todo gira en torno al amor de Jesús, y al dar y buscar la compañía del amor para ese Amor tan mal correspondido en torno a la Eucaristía, en los diferentes ámbitos en los que estoy presente.

Esto se expresa también en mis apostolados, ya que soy catequista de confirmación y a los jóvenes que se me confían los llevo al amor de Jesús íntimo en el Sagrario, no importa que no sean parte de la JER, con que se encuentren con Jesús y se enamoren de Él, yo creo que es un logro para la gloria de Dios. Jesús Eucaristía es el mejor regalo que les puedo dar.

Por otro lado, en mi trabajo como maestra de educación inicial, al grupo de niños que me encomiendan cada año les enseño el gran amor que Jesús tiene por los niños, que siempre los espera, que es Alguien con quien pueden contar. Sé que algo siempre se siembra en ellos. A mis compañeros de trabajo y amistades también les ayudo a ver cómo el mayor problema que tenemos en la vida, es el abandono de Jesús. Y así con todas las personas con las que me relaciono.

En este sentido, nuestro carisma es para mí una fuente de esperanza y allí encuentro la respuesta de la reparación al abandono en nuestro tiempo. Creo que esta enseñanza nos la ha dejado san Manuel en la oración de «Madre que no nos cansemos»: «cuando el desaliento nos asalta, aunque tuviéramos incluso que empezar de nuevo»… y así, frente a tantas adversidades ahora con la pandemia, que parece muy poco lo que podemos hacer, ¡que no nos cansemos! Qué mejor fuente que pedirle a María que no nos cansemos de seguir adelante siempre, de la mano de Jesús que todo lo puede. Esto le da sentido a mi vida y hace nuevas todas las cosas, allí tengo día a día mi unión con Jesús y María. Por eso siempre mantengo la esperanza en medio de todo lo que sucede, así he salido siempre adelante en medio de situaciones muy difíciles que he tenido que enfrentar. En Jesús tengo puesta toda mi esperanza.

¿Cómo comenzó tu amistad con san Manuel y qué significa su presencia para ti?
De pequeña conocí a san Manuel. Lo recuerdo con mucha ilusión, yo estaba jugando en una plaza enfrente de mi casa con unas amigas y llegaron unas chicas de la JER para invitarnos a un grupo que iba a comenzar en la Iglesia. Fue en el año 1986, aceptamos la invitación y fuimos con tres amigas. Era un viernes a las 5 de la tarde. Al principio no era fácil, pues todo era muy confuso para mí, no entendía cómo Jesús, siendo Dios y pudiendo hacerlo todo, estaba solo en la Eucaristía. Sin embargo, cada viernes, a medida que pasaba el tiempo, iba entendiendo un poco más. Comprendí que Jesús me esperaba en el Sagrario, que a su lado mi vida crecía, que se había quedado en la Eucaristía por mí y que quería contar conmigo para dar a conocer su presencia.

Así también conocí a san Manuel, para mí era el gordito de ojos azules o Manolito como le decían los chicos de la JER en mi parroquia. Año tras año me fui acercando más a su vida, obra y escritos, sobre todo a este hermoso carisma que regaló a la Iglesia con su sí a Dios.

Si tuviera que pensar qué es aquello que más admiro de él y lo que me supone poder contar con él, creo que serían muchas cosas, pero lo que más me ha admirado y siempre he tratado de imitar es su chifladura de amor por Jesús sacramentado, el no cansarse de emprender sus apostolados, la pasión con la que se dedicaba a los más necesitados, su vida mística, y singularmente la confianza que tenía en Jesús al emprender sus obras, lo que le permitía proyectar siempre una profunda alegría.

¿De qué formas sientes que él ha obrado en tu vida y te ha hecho crecer?
Es mucho lo que san Manuel ha hecho por mí. Me ha ayudado sobre todo a crecer en la fe y en el amor a Jesús y a los hermanos. Entre las cosas que he podido cambiar en mi vida de su mano, una importante ha sido superar mis miedos y timidez. Antes iba a Misa solo por cumplir el mandamiento, y al grupo de la UNER solo para escuchar, porque no me atrevía a hablar y expresarme. Gracias a él me animé a enfrentar la timidez y lanzarme por los caminos para anunciar a Jesús. Aprendí a estar con Él para adorarlo y a salir para servir, en ese viaje misionero de ida y vuelta al que don Manuel nos invita.

Me ha ayudado también a confiar plenamente en Dios, a mantener la esperanza y conservar la alegría a pesar de las adversidades, a avivar siempre el fuego de amor de Jesús en la gente que no le conoce y no quedarme de brazos cruzados viendo las cenizas de nuestro mundo cotidiano. Aprendí a comenzar de nuevo si es preciso, y a no cansarme, como dice la oración de «Madre que no nos cansemos».

Descubrí que estaba llamada a eucaristizar, que para mí es llevar a Jesús a la Humanidad con mis palabras, vida y acciones, desde la alegría del servir a Dios en los hermanos.

Siento que san Manuel ha obrado en mí a través de las experiencias que vivo en la FER, que son muchísimas y en muy diversos ámbitos. Experiencias espirituales en las que he aprendido a profundizar y crecer cada vez más en la fe, así como los retiros, convivencias, asambleas, reuniones, encuentros y los diferentes servicios y apostolados que realizamos. He crecido en el carisma muchísimo a través de la experiencia de participar en la beatificación de don Manuel, al hacer la ruta de su vida y visitar los lugares donde él estuvo. También el congreso internacional en Ávila. Todo esto me ha enseñado a reavivar y profundizar en el carisma.
Puedo decir que la presencia de la Familia Eucarística ha sido fundamental para mí en los momentos difíciles y alegres de mi vida, tales como la muerte de mi madre, el nacimiento de mis hijas, sus sacramentos o cuando me gradué. Siempre la FER ha estado conmigo y doy gracias por ello.

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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