EXCLUSIVO: 7 domingos de san José – 1º Domingo

Pliego publicado en El Granito de Arena de febrero de 2021.

Siete domingos de san José con san Manuel González y el papa Francisco

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Desde antiguo la Iglesia honró a san José de numerosas formas. Una de ellas es la devoción de los siete domingos de san José, que se celebran el primer día de las siete semanas previas al 19 de marzo. Este año, por tanto, comienzan el 31 de enero. Con motivo del Año de San José que estamos viviendo, en el 150º aniversario de la proclamación de san José como Patrono de la Iglesia universal, deseamos ofrecer a nuestros lectores un guión para la realización de esta devoción, que invita a la contemplación de los dolores y gozos de san José, a partir de pasajes evangélicos, escritos de san Manuel y extractos de la Carta apostólica Patris corde, del papa Francisco.

Pidamos al Señor por toda la Iglesia, por las familias y especialmente por los sacerdotes y las vocaciones al ministerio sacerdotal.  Al igual que pedimos para toda la Familia Eucarística Reparadora la vida de intimidad, silencio, oración y entrega de san José.

Desde la Familia Eucarística Reparadora nos unimos así al Año de San José pidiéndole al Santo abundantes gracias de santidad. Deseamos para todos lo que san Manuel deseó a su discípula Josefa Segovia (primera directora general de la Institución Teresiana): «A Pepita Segovia en el día VIII del Patrocinio de San José una bendición que le lleve tres cosas muy buenas: 1º. el trato íntimo y confiado de san José con Jesús, 2º. el olvido de sí para no pensar más que en Él, y 3º. la alegría de que cuanto haga y sufra sea alimento y gusto de Jesús y de su Madre Inmaculada».

Domingo 1º (31 de enero de 2021)

PADRE AMADO

Oración inicial

V. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

V. Jesús mío, no te vayas de mí, que me muero sin Ti. Madre mía Inmaculada, enséñame la vida interior. Padre mío san José lléname de espíritu reparador y nazareno.

R. Madre Inmaculada y patriarca san José, los que mejor supieron y saborearon el Corazón de Jesús en la tierra, dadnos parte en vuestras intimidades.

Lectura evangélica (Mt 1,18-21, 24-25)

El nacimiento de Jesucristo sucedió así: su madre, María, estaba prometida a José, y antes del matrimonio, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, decidió repudiarla en secreto. Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: —José, hijo de David, no tengas reparo en acoger a María como esposa tuya, pues lo que ha concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y acogió a María como esposa. Pero no tuvo relaciones con ella hasta que dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús

Dolores y gozos de san José

Glorioso Patriarca san José, por el dolor que experimentaste al ver y no comprender el misterioso estado de tu esposa, y por el gozo que sentiste al anunciarte el ángel que había concebido por obra del Espíritu Santo, te pedimos nos alcances la gracia de no juzgar nunca al prójimo. Amén

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Texto del papa Francisco y de san Manuel González

Del papa Francisco en Patris corde

«Por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano, como lo demuestra el hecho de que se le han dedicado numerosas iglesias en todo el mundo; que muchos institutos religiosos, hermandades y grupos eclesiales se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre; y que desde hace siglos se celebran en su honor diversas representaciones sagradas. Muchos santos y santas le tuvieron una gran devoción, entre ellos Teresa de Ávila, quien lo tomó como abogado e intercesor, encomendándose mucho a él y recibiendo todas las gracias que le pedía. Alentada por su experiencia, la santa persuadía a otros para que le fueran devotos.

La confianza del pueblo en san José se resume en la expresión “Ite ad Ioseph”, que hace referencia al tiempo de hambruna en Egipto, cuando la gente le pedía pan al faraón y él les respondía: «Vayan donde José y hagan lo que él les diga» (Gn 41,55). Se trataba de José el hijo de Jacob, a quien sus hermanos vendieron por envidia (cf. Gn 37,11-28) y que –siguiendo el relato bíblico– se convirtió posteriormente en virrey de Egipto (cf. Gn 41,41-44). Como descendiente de David (cf. Mt 1,16.20), de cuya raíz debía brotar Jesús según la promesa hecha a David por el profeta Natán (cf. 2Sam 7), y como esposo de María de Nazaret, san José es la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento» (n. 1).

De los escritos de san Manuel González (Pláticas a las hermanas)

«La grandeza de este santo siempre ha sido la misma… ¡Qué grandeza la suya! y ¡cuánta confianza le merecería al Señor puesto que le encargó tan sublime misión! Pero tomemos este dato, esta enseñanza de su vida. Toda la grandeza suya viene de la proximidad con Jesús. Si quitamos del escenario de su vida a Jesús, ya le quitamos su grandeza. Se quedaba sólo el obrero de Nazaret» (30/1/1931, pp. 91-92).

Súplica final

V. Sé siempre, san José, nuestro protector.

R. Glorioso patriarca san José, que tuviste la dicha de ganar y dar el pan de cada día a Jesús en Nazaret, ¡que la tenga yo de ganar y dar la compañía de cada hora a Jesús Sacramentado!

V. Ruega por nosotros, san José.

R. Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración (Papa Francisco)

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal.

Amén

Publicado en 7 Domingos de San José, El Granito de Arena.

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