Nacidas para eucaristizar (diciembre 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2020.

Al encuentro del hermano

La Eucaristía nos impulsa a hacernos «pan partido» para los demás, y nos mueve a trabajar por un mundo más justo y fraterno. Como en la multiplicación de los panes y los peces, también hoy, ante la muchedumbre hambrienta, Jesús nos sigue diciendo: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14,16). Nuestra vida, polarizada por el encuentro con el Señor, está llamada a amasar y hornear en la oración, y a ofrecer a todas las personas que encontramos en el apostolado, los panes humildes y sencillos de la escucha, de la cercanía y del amor misericordioso de Dios.

Esta es una invitación para todos los cristianos: «En verdad, la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo» (Benedicto XVI); y en nosotras, Misioneras Eucarísticas de Nazaret, ha de resonar de una manera especial. En los siguientes testimonios, compartimos algunos de esos ecos de vida.

Acompañar y compartir
«Me habló de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret un acompañante espiritual; el sacerdote palentino D. Primitivo Romo de los Ríos, muerto en olor de santidad a los 28 años. Me animó, me ayudó a discernir para entrar en Nazaret. Todas las tardes visitaba a Jesús en el sagrario de la capilla de mi pueblo. También me impactó y me entusiasmó cuando leí Qué hace y qué dice…, me ayudó bastante a descubrir el carisma y la presencia de Jesús en la Eucaristía, que vive con nosotros continuamente y comparte nuestra vida.

Actualmente llevo la Comunión a los enfermos y en algunos pueblos con otras hermanas, realizo la celebración de la Palabra y atiendo a la gente. También llevo a cabo el apostolado que yo llamo “De los bastones y de los perros”, porque aprovecho para entablar conversación con las personas que se apoyan en bastón (como yo), o sacan de paseo a su perro.

De mi vida misionera conservo muchos recuerdos. Cuando estaba en Quillabamba (Perú) dirigía la escuela parroquial de alfabetización y Corte y confección con profesores voluntarios. Un día, en el tiempo del recreo, me dice un adulto de alfabetización: “Madrecita, ahí en el aula de ingeniería, están trabajando mucho esas mujeres”. Era el aula de Corte y confección, con muchos papelorios, reglas y trazos en la pizarra. También fue una gracia la experiencia que para mí supuso la dedicación a un joven ex-drogadicto huido de su casa desde hacía tres años, finalmente escribió a su madre, que vino a buscarlo para llevarlo de nuevo con su familia. En otra ocasión, en una escuela del campo, un padre dominico en clase de religión hablaba a los más pequeños de Dios como Padre y Creador, que tantas cosas buenas y hermosas nos regala. Luego los invitó a salir fuera donde abundaban las flores y a traer una flor. Ya de regreso, les hace olerlas, tocarlas, contemplar sus colores y con un pétalo en la mano pregunta: “¿Qué ven aquí?”, y un minúsculo teólogo, responde: “La carita de Dios”» (Mª Delfina Quirós Díaz, m.e.n. Nazaret de Oviedo, España).

Nunca lo había soñado
«Nací en Palencia, y desde pequeña tuve bastante contacto con las hermanas pues iba todos los domingos a Nazaret a las reuniones de formación y a jugar. Luego, de joven, acompañaba a las hermanas los domingos, con otras amigas, en sus viajes apostólicos a los pueblos. Esto, poco a poco, me hizo ver para mi vida un camino con el que nunca soñé y fue afianzando mi vocación nazarena, hasta que a los 19 años, el 12 de octubre de 1963 ingresé en el noviciado para seguir conociendo, amando y reparando a Jesús en sus abandonos de Sagrario. En septiembre de 1983 fui destinada a Venezuela a la casa de formación que se estaba abriendo en Carayaca. Eso dio un giro grande a mi vida pues me encontré con una realidad totalmente desconocida para mí. Aquí empieza una nueva vida misionera. El trabajo con los más pobres y necesitados, las catequesis, el comedor para niños, los cursos de formación para la juventud desocupada y mujeres.

Conocí la solidaridad de la gente ante las necesidades de los demás y aprendí a prescindir y no echar de menos muchas cosas que antes me parecían imprescindibles. En Carayaca viví catorce años dedicada a la formación de postulantes y novicias principalmente. En 1998 me trasladaron a Coro donde trabajé como delegada de la pastoral familiar de todo el Estado Falcón, ayudada de un equipo de colaboradores laicos hasta el año 2006 que regresé a España. Fue una experiencia muy enriquecedora para mi vida humana y religiosa. Nunca me he arrepentido de haber elegido este camino, a pesar de los altibajos de la vida. He sido y sigo siendo muy feliz, pero reconozco que una parte de esta felicidad se la debo a mis padres y hermanos, que desde el primer momento que dije que quería ser Nazarena me apoyaron, me animaron y siempre estuvieron a mi lado sacrificándose para que yo pudiera cumplir mi misión allí donde el Señor me iba llevando. ¡Gracias Nazaret por estos cien años de compañía reparadora a Jesús Eucaristía!» (Mª del Carmen Mañueco Alonso, m.e.n. Nazaret de Zaragoza, España).

Vivir la fraternidad
«Desde los 9 años más o menos empecé a ir a Nazaret, teníamos reuniones con las hermanas y poco a poco fue calando en mí el espíritu Nazareno. Hna. Mª Pilar Bilbao fue la que más nos ayudó hasta que entré en Nazaret a los 15 años. Y aquí estoy. Muchos años he estado trabajando en nuestras librerías, donde el principal apostolado es escuchar y aconsejar a las personas que se acercan. Ahora mi apostolado es el de la oración. Jesús para mí es Amigo, porque puedo compartir con Él todo sin que me hagan daño sus correcciones, porque las dice para mi bien; Camino, porque va delante para que no pierda el rumbo; y Salvador, porque ha dado su vida por mí y estoy muy agradecida por el amor que me tiene. Y en el atardecer de mi vida es bueno tener un Amigo que me acompaña siempre y un Camino que me hace llegar a la meta donde me espera mi Salvador. Mi mensaje para los jóvenes es que se enamoren de Jesús, que lean cada día un poquito de los Evangelios, que lo vayan haciendo vida y lo demás vendrá solo, ya el Espíritu se encargará de ello. En este tiempo jubilar, espero que sepamos vivir la fraternidad, que tengamos vida de oración y que no nos olvidemos de la consigna de san Manuel: “La mayor fidelidad, el mayor silencio –el de dentro, que es el que más cuesta a veces–, y la mayor obediencia”» (Mª Gloria García Martínez de Aguirre, m.e.n. Nazaret de Las Palmas de Gran Canaria, España).

Un viaje de ida y vuelta
«Me emociona la palabra de nuestro Padre en su libro Qué hace y qué dice: “Está”. Experimentar su presencia real, cercana, de Amigo, que intento descubrir también en el hermano. Me duele el hermano pobre, sufriente, sin Dios. Y me duele la realidad del abandono como raíz de todos los males. Esto me mueve a intentar que mi vida sea “viaje de ida y vuelta”. En nuestra comunidad tenemos como prioridad la misión eucaristizadora, especialmente en el acompañamiento de los grupos UNER, JER y RIE. Y en lo que hacemos procuramos anunciar el Evangelio de la Eucaristía. Nazaret es casa y escuela para la FER. Aquí se realizan las reuniones de coordinadores de los grupos y otros encuentros, convivencias, o visitas para el acompañamiento personal. Y en general para cuantos vienen buscando ayuda material o espiritual.

Guardo como un regalo del Señor, la experiencia de la misión realizada en la sierra peruana, en el poblado de Santa Cruz perteneciente al Callejón de Huaylas. Era el mes de febrero del año 1980. Llegamos hasta el poblado, primero en camión y el último tramo sin carretera, a caballo. Yo llevaba a Jesús Eucaristía pues, además de poder comulgar, la misión tenía por centro la presencia de Jesús. El sacerdote celebraba la Eucaristía una vez al año, por la fiesta patronal, pues tenía a su cargo 17 parroquias diseminadas por la sierra. En esta ocasión nos visitó para clausurar la misión que duró 15 días. Como la zona era muy precaria, el lugar más digno para Jesús fue la habitación que nos había preparado para las misioneras (una postulante y yo).

Con la colcha de la cama hicimos una división en el cuarto e improvisamos un altar. A la tarde, cuando la gente regresaba de las faenas del campo, nos congregábamos en una ermita, a la que acudían todos los habitantes del poblado: hombres, mujeres y niños. Junto a Jesús, rezábamos y dábamos catequesis, alabábamos al Señor con los cantos sencillos de ellos. Allí nos daban las 10 de la noche pues nos costaba arrancar para llevarnos a Jesús a la casa. Sus frases siguen resonando en mi recuerdo: “Madrecita, no se lleve todavía al Señor, déjenoslo un ratito más”. El día de la fiesta, el sacerdote fue temprano, confesaron y comulgaron. Su fe sencilla, pero llena de amor al Dios vivo, me enseñó a valorar el tesoro que es la presencia eucarística y mi vocación. Las palabras de la despedida siguen resonando en mis oídos: “Madrecita, ¿volverá? ¡no se olvide de nosotros, que también necesitamos a Dios!”. No pude volver, pues a los pocos meses me destinaron a Argentina. Mi deseo: abrir comunidades pobres entre los pobres, según el pedido del Papa en “Querida Amazonia”» (Mª Antonia Moreno Arboleda, m.e.n. Nazaret de Guayaquil, Ecuador).

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, Nacidas para eucaristizar, San Manuel González, San Manuel González García.

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