Solemne apertura del templo jubilar en Málaga

Necesitamos el alimento de la Eucaristía

El viernes 30 de octubre, a las 19.30, tuvo lugar la solemne apertura de la puerta santa del santuario Nuestra Señora de la Victoria, en Málaga. De esta forma, ya se ha abierto oficialmente en toda España el Jubileo con motivo del centenario de la fundación de las Misioneras Eucarísticas.

La Eucaristía, a la que asistieron, 120 personas para respetar las normas de aforo impuestas en ese momento, fue presidida por Mons. Jesús Esteban Catalá Ibáñez, obispo de Málaga. También concelebraron numerosos sacerdotes. Entre las religiosas asistentes se encontraban las Misioneras Eucarísticas de Villa Nazaret y hermanas de la comunidad de Valencia, así como la Hna. Mª del Valle Camino Gago, vicaria general de la congregación, y Hna. Marta Mª Carreras Mainar, consejera general. La Misa, que fue retransmitida en directo a través del canal de Facebook de Nazarenas Málaga, aún puede seguirse en dicho canal.

Fue, en todo sentido un momento de profunda gratitud a Dios, por el don de su misericordia infinita, y de cordial encuentro y fraternidad. Al concluir la celebración, se procedió a la entronización de una reliquia de san Manuel en la capilla que guarda una imagen suya.

Ofrecemos, a continuación, un resumen de la homilía de Mons. Catalá.

Necesitamos la Eucaristía
Hemos escuchado la narración sobre el profeta Elías, que es perseguido a muerte; y en esa huida quedó dormido, pero un ángel lo tocó y dijo: «Levántate y come» (1Re 19,5). El alimento que tomó el profeta Elías es signo de la Eucaristía, que nos nutre y da fuerzas para proseguir el camino de la vida, en medio de las dificultades. Necesitamos el alimento eucarístico del Cuerpo y de la Sangre del Señor para seguir nuestro camino desde el desierto hacia el encuentro personal con Dios. En ese encuentro nos confirma a cada uno en nuestra misión, como confirmó a Elías en su misión profética.

Queridas hermanas Nazarenas, san Manuel González, vuestro fundador, fue un enamorado y un adorador ferviente de la Eucaristía. Él comió el pan eucarístico y recibió fuerzas para seguir el camino que Dios le había trazado en su vida como pastor de almas. Vosotras sois «Misioneras eucarísticas», que os alimentáis del pan del Cielo, que es pan de eternidad. Los cristianos necesitamos el alimento eucarístico para el camino de la vida y para ser testigos vivos del Evangelio.

El Señor os ha llamado a la misión de anunciarle, para que sea conocido y amado, sobre todo en el santísimo Sacramento del altar. En fidelidad a vuestro carisma sois adoradoras de la Eucaristía para «cristificar» y «eucaristizar» la vida; estos neologismos quieren expresar la centralidad de Cristo y de la Eucaristía en la vida del fiel cristiano para transformar su vida y el mundo; implica participar en el banquete eucarístico, en el que Cristo ha ofrecido su Cuerpo y su Sangre, y después comprometerse a imitación del Señor. Hoy damos gracias a Dios por el centenario del nacimiento de la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret, fundada por san Manuel González el 3 de mayo de 1921.

Estaba previsto haber hecho la Apertura de este Año Santo en dicha fecha, pero, por razones de la pandemia, lo hemos trasladado a hoy. Damos inicio, pues, a este Año jubilar concedido por la Santa Sede. Y lo hacemos en el santuario de la Virgen de la Victoria, declarado para ello templo jubilar con otros tres templos más: Palomares del Río, Huelva y la catedral de Palencia; además de los oratorios de las comunidades de las Hermanas Nazarenas.

Se nos ha recordado en la monición de entrada que el Año Jubilar pretende ser una renovación y una esperanza. Pedimos al Señor que renueve a las religiosas Nazarenas; que vuelvan a renacer después de cien años para mantener fresco y fecundo el carisma que recibieron del Espíritu a través de san Manuel González. Y también pedimos a Dios que las llene de esperanza.

Y esta misma petición la hacemos para todos los fieles, de manera que seamos renovados interiormente y profundicemos cada vez más en el misterio eucarístico; que participemos activamente y gocemos de este celestial banquete; que disfrutemos del regalo eucarístico; que avivemos la esperanza cristiana.

Invitación a los párrocos
Deseo ahora hacer una petición a mis hermanos sacerdotes. El Señor nos ha regalado este Año Jubilar para ganar la indulgencia plenaria en este santuario de nuestra Patrona. Os animo a que vengáis con vuestras comunidades parroquiales. Y no solo me refiero al mes de mayo, que ya es tradicional la peregrinación de parroquias y arciprestazgos a este santuario. Disponemos de un Año Jubilar y ojalá peregrinaran al santuario todas las parroquias de la diócesis. Transmitid al resto de los sacerdotes esta solicitud de vuestro hermano, obispo y pastor.

Las Hermanas «Nazarenas» sufrieron, como su fundador y como los cristianos de esa época, los avatares difíciles de la persecución religiosa durante la Segunda República.

Desde sus comienzos han ofrecido sus servicios a nuestra diócesis a través de la acogida en su casa de espiritualidad y desde la librería; han promovido retiros espirituales, han realizado catequesis, animación litúrgica, misiones populares; siempre con el deseo de «eucaristizar» , como decía san Manuel: «Volver al pueblo loco de amor por Jesucristo Sacramentado». Ellas se han ofrecido sobre todo en la plegaria, en oblación y en la adoración eucarística.

Queridas Hermanas Nazarenas, os felicitamos por este gran acontecimiento de cien años de existencia dedicada al Señor y por vuestra presencia entre nosotros, que ha enriquecido la diócesis malacitana con vuestro carisma.

El Evangelio de san Juan, proclamado en esta celebración, narra la vocación de los primeros discípulos, que deseaban conocer dónde vivía el Maestro (cf. Jn 1,38). El Maestro nos invita a todos a realizar la hermosa experiencia de seguirle, de conocerle personalmente, de vivir con Él, de compartir las ilusiones y el gozo de la misión. Agradeciendo la presencia de las Hermanas Nazarenas en estos cien años, pedimos al Señor que las mantenga en la fidelidad al carisma fundacional. Y rogamos a nuestra Patrona, la Virgen de la Victoria, que las proteja bajo su manto maternal y las cuide como hijas queridas. Amén.

Mons. Jesús Catalá Ibáñez
Publicado en El Granito de Arena, La FER en el mundo, Nacidas para eucaristizar.

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