Editorial (diciembre 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2020.

Certeza plena de la cercanía divina

Quienes lean estas líneas en la versión impresa de El Granito de Arena, seguramente estarán pensando «vaya si ha llegado tarde este mes la revista». Y no se equivocan. Nos parece justo dar una explicación a nuestros lectores y evitar que se echen culpas a personas ajenas (como la imprenta, correos, etc.).

El lunes 16 de noviembre pasado la casa de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret de Madrid, sede de El Granito, tuvo la ingrata visita del covid-19, dando positivo la tercera parte de la comunidad. Entre las contagiadas se encontraban (se encuentran a fecha 30 de noviembre, cuando se escriben estas líneas) la directora, la responsable de administración y una redactora. Gracias a Dios, los síntomas han sido leves, si bien toda la comunidad continúa en aislamiento total y las contagiadas aún deben cumplir con el confinamiento total en sus habitaciones, para evitar una nueva expansión del brote dentro del convento.

Es muy posible que muchos de nuestros lectores hayan pasado por esta misma situación o incluso más dura, sea por contagio personal, sea por enfermedad de seres queridos. Desde El Granito y la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret, en todo momento hemos orado, ofrecido e intercedido por tantas personas, cercanas o no, conocidas o desconocidas, para quienes la pandemia es un motivo de desasosiego, dolor, incertidumbre e, incluso, lejanía y muerte.

El brote declarado en esta comunidad, sin embargo, nos ha dado ocasión de sentirnos más cercanos a estas personas. Estamos viviendo, en cierto modo, sus dolores y sentimientos. No es agradable pasar por este momento pero nos ha dado ocasión para hacer oración con nuestras vidas y dolores, con nuestros desasosiegos e incertidumbres. Hemos tenido ocasión de decir «te comprendo» sin necesidad de articular palabras. Nos ha regalado Dios la gracia de completar en nuestras carnes lo que falta a la pasión de Cristo (cf. Col 1,24). No es algo que hubiésemos pedido. Sí lo es, en cambio, la gracia de creer con toda certeza que nuestros dolores no son una desgracia ineludible y vacía sino ocasión de descubrir hasta qué punto la cercanía de Dios es real y operante.

Hemos comprobado, en este tiempo, cuán pobres y necesitados somos y cuán cercano y paciente es Dios. Teníamos dinero pero necesitábamos quién pudiera ir a comprarnos el pan a diario. Y hemos visto en la mano tendida (¡con una bolsa de pan fresco!) la generosidad de Dios que inundaba el corazón de quien lo trajo todos los días, incluso bajo la lluvia. Teníamos médicos que vinieron a asegurarse que los síntomas no iban a peor pero necesitábamos la disponibilidad del farmacéutico para venir, una y mil veces, a traernos las medicinas. También en esa mano Dios se dejaba ver, como en la parábola del buen samaritano. Cada vez que sonó el timbre en este tiempo nuestro corazón ha dado un vuelco de emocionada gratitud. Nuevamente Dios viene a vernos, a ser paciente y generoso con nosotros, a demostrarnos su cercanía.

Los lectores de El Granito que por diversas circunstancias ya sabían esta noticia (porque han llamado por un pedido, por ejemplo) han sido también ocasión para que Dios ore en ellos, se solidaricen con nuestra editorial y congregación y sean canal por donde el Señor nos ha hecho llegar su amor.

¡Gracias, queridos lectores por vuestra paciencia y por vuestra cercanía! ¡Gracias por ayudarnos a vivir este tiempo de Adviento recién comenzado de una forma nueva, con la certeza imborrable de la cercanía de Dios! El Niño nacido en Belén, necesitado de todo, nos conceda hacer realidad nuestros silenciosos deseos para esta Navidad, hechos oración y ofrecimiento: ¡Muy feliz Navidad, muy llena de Dios y su cercanía amorosa!

Publicado en Editorial, El Granito de Arena.

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