Nuevo Directorio para la catequesis (noviembre 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2020.

Catequesis y evangelización

Nunca podremos dar por concluida la encomienda de Jesús de ir por todo el mundo y anunciar la Buena Noticia a todas las gentes (cf. Mt 28,19; Mc 16,15). El mandato misionero es siempre actual, siempre nuevo. Por este motivo no podemos asistir como espectadores a la misión evangelizadora de la Iglesia sino que somos llamados a participar de ella activamente.

El verdadero agente de la evangelización es el Espíritu Santo, y toda la Iglesia, dejándose mover por sus inspiraciones, colabora en la noble tarea de dar a conocer a Jesús y su misterio: «Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio. Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podrá hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado» (EN 75).

Criterios y orientaciones
Desde el Concilio Vaticano II en su decreto Ad Gentes (1965), hasta Evangelii Gaudium (2013) y el Directorio para la catequesis (2020), pasando por numerosos documentos de la Iglesia universal o de las distintas conferencias episcopales, la Iglesia, que es madre que se preocupa por engendrar nuevos hijos en la fe, nos ha dado criterios, pautas, orientaciones y estímulo para actualizar en cada momento la obra de la evangelización. La expresión «nueva evangelización» utilizada en un primer momento por san Juan Pablo II y enriquecida por Benedicto XVI en el Sínodo para la Nueva Evangelización, nos señala el deseo constante de la Iglesia de abordar el tema de la evangelización con responsabilidad y acierto, ya que la «Iglesia existe para evangelizar» (EN 14).

Esta obra de la evangelización adquiere matices distintos dependiendo del contexto histórico y social que rodea tanto al destinatario de la acción evangelizadora como al agente de la evangelización. Pero lo que no cambia es la estructura procesual de este itinerario evangelizador.

En este sentido es muy iluminadora y rica la definición de evangelización que los obispos españoles dieron, ya hace unos años, en el documento Catequesis de la comunidad: «Se entiende por evangelización el proceso total mediante el cual la Iglesia, Pueblo de Dios, movida por el Espíritu; anuncia al mundo el Evangelio del Reino de Dios; da testimonio entre los hombres de la nueva manera de ser y de vivir que él inaugura; educa en la fe a los que se convierten a él; celebra en la comunidad de los que creen en él –mediante los sacramentos– la presencia del Señor Jesús y el don del Espíritu, e impregna y transforma con su fuerza todo el orden temporal» (nn. 24-29).

Fases de la evangelización
Toda evangelización, por tanto, comienza por un primer anuncio de la fe, por un despertar en el destinatario un deseo por el Dios revelado en Jesucristo con vistas a una conversión. Tras este primer anuncio del Evangelio, comienza el momento de formación, de iniciación en los misterios de la fe, en los que el conocimiento de Jesús y su Iglesia son fundamentales para expresar nuestro compromiso de fe en la recepción de los sacramentos. Esta etapa catequética da lugar a la etapa pastoral en donde el creyente, incorporado a la comunidad, celebra y vive su fe, se sigue formando y actualiza su compromiso misionero y social (cf. DC 31-37).

Este proceso evangelizador sigue siendo válido a pesar de las grandes interferencias que la secularización y la sacramentalización han incorporado al mismo. Por eso, la catequesis es más, si cabe, fundamental en orden a la evangelización. Por la catequesis somos iniciados en la fe de la Iglesia y los catequistas son aquellos mistagogos y acompañantes que nos introducen en una aventura apasionante, la de hacer nuestra la misión de la Iglesia.

La evangelización se sitúa según el nuevo Directorio, en tres ámbitos en los cuales la Iglesia está llamada a evangelizar: las personas que participan de la pastoral ordinaria, las personas bautizadas que conociendo a Jesús no viven las exigencias del Bautismo y las personas que no conocen a Cristo o lo han rechazado (cf. DC 41). En todos estos ámbitos la catequesis adquiere una importancia extrema.

Grandes líneas maestras
El papa Francisco en Evangelii Gaudium (nn. 164-166) nos recordaba las dos grandes líneas que tiene que adoptar la catequesis en este momento eclesial, líneas recogidas en el actual Directorio: «La catequesis kerigmática, que toca el corazón mismo de la fe y contiene la esencia del mensaje cristiano, es una catequesis que hace presente la acción del Espíritu Santo y comunica el amor salvífico de Dios en Jesucristo que continúa entregándose para dar la plenitud de vida a cada persona. Las diversas formulaciones del kerygma, abiertas siempre a una mayor profundización, son también otras puertas importantes de entrada al misterio. La catequesis como iniciación mistagógica introduce al creyente en la experiencia viva de la comunidad cristiana, lugar auténtico de la vida de fe. Tal experiencia formativa es progresiva y dinámica, rica de signos y lenguajes, favorables para la integración de todas las dimensiones de la persona. Todo esto se refiere directamente a la conocida intuición, bien arraigada en la reflexión catequética y en la pastoral eclesial, de la inspiración catecumenal de la catequesis, que se hace cada vez más urgente recuperar» (DC 2).

Así pues, el Directorio insiste en algunos acentos que resitúan la catequesis en el proceso evangelizador según el contexto actual. Sigue dándole la primacía al Espíritu Santo que actúa en la Iglesia y en el mundo, recuerda que la fe nace de un acto de amor hacia Jesús, vivo en la Iglesia, da mucha importancia al rol de la comunidad como aquella que acoge y hace madurar al cristiano, y por último reconoce que los procesos de iniciación son, de veras, un proceso espiritual de comunión con Dios (cf. DC 4).

Tal como afirmó tan claramente san Manuel González, la catequesis está al servicio de la evangelización y al servicio de la vivencia última que nos configura como cristianos, el encuentro con Cristo: «Poner los niños tan cerca de Jesús que aprendan de Él en el Evangelio y en el Sagrario, todo el catecismo, no ya de memoria», sino de conocimiento, de cariño y de imitación (cf. OO.CC. III, n. 4257).

Sergio Pérez Baena, Pbro.
Publicado en El Granito de Arena, Nuevo Directorio para la catequesis.

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