2ª día de la Semana de oración por la unidad de los cristianos (2018)

Para orar en comunión con las Iglesias.

Y no ya como esclavo, sino como algo más, como hermano muy querido

Lecturas para este día:
(Génesis 1, 26-28) Dios creó al ser humano a su imagen
(Salmo 10, 1-10) Señor, ¿por qué permaneces lejos y te ocultas en tiempo de angustia?
(Filemón) Y no ya como esclavo, sino como algo más, como hermano muy querido
(Lucas 10, 25-37) La parábola del buen samaritano

El tráfico de seres humanos es una forma de esclavitud de nuestros días en el que se engaña o se fuerza a las víctimas a trabajos sexuales, al trabajo infantil y a dar sus órganos para el beneficio de los explotadores. Es una industria global y multimillonaria. Es también un problema creciente en el Caribe. Las Iglesias reformadas del Caribe han unido sus fuerzas con el Consejo para la Misión Mundial y el Consejo para la Misión de América del Norte y el Caribe para educar a las comunidades cristianas a poner fin al flagelo que supone el tráfico de seres humanos.

Reflexión
Una de las primeras cosas que aprendemos acerca de Dios en la Biblia hebrea y cristiana es que Dios creó al ser humano a su imagen. Sin embargo, esta verdad profunda y hermosa ha sido con frecuencia oscurecida o negada a lo largo de la historia humana. En el Imperio romano, por ejemplo, se negaba la dignidad de los que eran esclavos. El mensaje del evangelio es completamente distinto a esto. Jesús desafió las normas sociales que devaluaban la dignidad humana de los samaritanos, indicando al samaritano como el «prójimo» de aquel que había sido asaltado camino de Jericó –un prójimo que debe ser
amado, según la Ley–. Y Pablo, valiente en Cristo, habla del esclavo Onésimo como de un «hermano muy querido», transgrediendo las normas sociales de su época y afirmando la humanidad de Onésimo.
El amor cristiano debe ser siempre un amor valiente que se atreve a cruzar fronteras, reconociendo en los demás una dignidad igual a la nuestra. Como san Pablo, los cristianos deben ser «suficientemente valientes en Cristo» para levantar una voz unánime que reconozca claramente como sus prójimos y sus hermanos y hermanas muy queridos a las víctimas del tráfico humano y de este modo trabajar juntos para poner fin a la esclavitud de los tiempos modernos.

Oración

Dios misericordioso,
muestras tu cercanía a los que son víctimas del tráfico de seres humanos,
asegurándoles que conoces su situación y que escuchas su grito.
Que tu Iglesia, manteniéndose unida, pueda luchar con compasión y valor
para que llegue ese día en el que nadie será explotado
y en el que todos podrán ser libres para vivir en paz unas vidas dignas.
Esto pedimos en nombre del Dios trino que puede hacer
infinitamente más de lo que podemos pedir o imaginar.

Publicado en El Granito de Arena, Iglesia hoy.

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