Con corazón agradecido (junio 2017)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2017.

¡Salvado de la papelera!

A lo largo del año pasado -2016- mi madre, de 88 años, sufrió una rotura de vértebra dolorosísima. Tardaron bastante en diagnosticarle el problema por lo que lo pasó fatal y, finalmente, tuvo que someterse a una operación que nos preocupaba mucho dada su edad.

Tengo que decir que desde que comenzó esa prueba recé mucho. Pedía ayuda a la Virgen en su advocación de la Medalla Milagrosa, pues mi madre había sido alumna del colegio de las Hijas de la Caridad y pensaba que no dejaría de echarle una mano. También acudí a la intercesión del beato Álvaro del Portillo al que conocí en vida. La encomendaba en la Santa Misa, en el Rosario…Pasaban los días y no se apreciaba una mejoría sustancial en su estado de postración.

Una mañana esperaba en la estación de Nuevos Ministerios el tren de cercanías para ir a mi trabajo en la Universidad Autónoma de Madrid. De repente me llamó la atención un papel en el suelo al lado –¡lógico!– de una papelera. Me fijé un poco más y comprobé que lo que parecía un papel no lo era. Me agaché y pude ver que se trataba de una pequeña estampa plastificada del beato Manuel González con una reliquia, pues en el reverso de la estampa aparecía una «tela usada» por él. Pensé que cualquiera podría tirarla a la papelera y la recogí.

Un encuentro providencial
Yo sabía algo de la vida del beato Manuel González: que había formado parte de los Seises de la Catedral de Sevilla, que había fundado las Marías de los Sagrarios y que estaba enterrado en la Catedral de Palencia. Aunque no recuerdo ahora lo que dice su lápida, lo había leído en alguna ocasión y me había parecido impresionante su amor a la Eucaristía. Consideré aquel encuentro en la estación de Nuevos Ministerios como algo providencial.

A partir de ese momento empecé a pedir por mi madre a san Manuel González. Le decía: «Yo te he salvado de la papelera así que tienes que hacerme este favor». Y esa fue mi oración durante algún tiempo. ¡Y las cosas empezaron a mejorar!

Actualmente mi madre no tiene dolores, ha recuperado la movilidad perdida y también el ánimo. Yo conservo la estampa y considero a san Manuel González uno de mis amigos en el Cielo. Recurro a él en las dificultades y siempre le hago notar –para ganarme su favor– que ¡yo lo salvé de la papelera!

Regina Gaya Sicilia
Madrid, 2 de mayo de 2017
Publicado en Con corazón agradecido, El Granito de Arena.

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