Misioneros Eucarísticos Diocesanos

Quiénes son:
Así presenta Don Manuel gonzález esta obra:
"No os la presentamos como panacea de todos los males espirituales, morales y económicos que padecen nuestros pueblos, pero sí como principio o condición de remedio".
Podemos aseguraros que casi desde que comenzamos la Visita de los pueblos, nos la está reclamando nuestro corazón de padre ansioso de llegar con remedios oportunos a los males que aquejan a sus hijos.

Fin
Remediar los tres abandonos más perjudiciales de un pueblo, el de Jesucristo sacramentado, el del cura y el de las almas, mediante la formación y el sostenimiento de núcleos de almas sólidamente piadosas que desagravien y acompañen al primero, auxilien al segundo y aproximen al uno y al otro a las terceras.

Piedad y Acción
Los pueblos, por muy perdidos y extraviados que estén, si tienen núcleo piadoso, son pueblos de esperanza; tarde o temprano volverán. Los que no lo tienen, no volverán, prácticamente son irredimibles. Dios no acostumbra a salvar sin intercesores ni apóstoles, y las almas piadosas de un pueblo son sus intercesores y sus apóstoles.
A crear esos núcleos, que con toda propiedad pueden llamarse vitales y necesarios en una buena organización cristiana, vinieron al mundo las Marías y los Discípulos de San Juan; y su ideal, ya en muchos pueblos realizado, es poner al pie de cada Sagrario tres creyentes, por lo menos, que con el aroma de su piedad y desagravio recreen al abandonado y despreciado Corazón de Jesús y purifiquen y embalsamen el ambiente moral de los pueblos de esos Sagrarios.

Piedad Dirigida
Pero si esa piedad ha de ser sólida, ilustrada y difusiva, necesita dirección.
Y aquí tenemos que deplorar un gravísimo mal de nuestra época que está corroyendo la piedad existente e impidiéndola nacer: la falta o escasez de directores espirituales.

El Misionero Director
Urge, pues, llevar a los pueblos, no tanto ya misioneros que conviertan a pecadores empedernidos, cuanto directores espirituales que atraigan, afinen y avaloren las almas sencillas y dóciles.
La acción del misionero es la de la lluvia torrencial; la del director espiritual, la de la llovizna; aquélla, moja; ésta, remoja la tierra; aquélla es mucha agua, pero que se va; ésta, es poca agua, pero que se queda.
Sí, urge enviar guías a los pueblos, a esas personas de ordinario desconocidas, pero que están llamadas a dar ellas solas al Corazón de Jesús toda la gloria que debía darle el pueblo entero.
Y a eso va esta obra de Misioneros eucarísticos diocesanos.
Fin de esta obra en pocas palabras: Proveer a los pueblos, por lo menos trimestralmente, de un sacerdote para formar y sostener núcleos de almas piadosas.

Organización
Con el fin de aprovechar fuerzas de obras ya establecidas y acreditadas por sus frutos, queremos encargar esta Obra a la de los Discípulos de San Juan para los Sagrarios-Calvarios y singularmente a su sección de sacerdotes.
Y tenemos por garantía de acierto en este asunto la constancia, abnegación y celo eucarístico con que esta Obra viene atendiendo a la compañía de los Sagrarios abandonados de la diócesis y particularmente el espíritu de sacrificio con que está procurando cada mes Vigilias ambulantes ante esos Sagrarios.
Otra razón que nos ha movido es que esta Obra de los Misioneros, más que distinta de la Obra de las Marías y Discípulos de San Juan, es su complemento y perfección.
Los sacerdotes, pues, elegidos para Misioneros deberán ser Discípulos de San Juan, y como tales deben tener su Sagrario abandonado o poco frecuentado que acompañar espiritualmente con su misa y visita diarias y gozar de los privilegios y gracias concedidas a aquéllos.
Como es obra ésta de los Misioneros Eucarísticos Diocesanos que consideramos tan eficaz y trascendental en la renovación de nuestra diócesis, y a la que, aun sin nacer, queremos con toda nuestra alma, nos reservamos la dirección de la misma así como la elección de sus miembros de entre los sacerdotes Discípulos que nos ofrezcan, atendidos sus aptitudes, cargos y demás prendas que son menester.
Nos, pues, señalaremos el orden y tiempo de las visitas que han de hacerse y recibiremos la cuenta de los resultados de las mismas.
Para que auxilien, nombraremos un secretario que lleve registros y forme estadísticas de la Obra y un Tesorero que administre las nóminas y donativos con que ha de sostenerse aquélla.
Esperamos que las bendiciones del Corazón de Jesús y las larguezas de la caridad de los fieles no faltarán a una Obra tan de gloria para Él y de tanto provecho para los pueblos.
Mensualmente, o más pronto, si fuese necesario, previa una citación del secretario se celebrarán reuniones para mutua edificación y aprovechamiento y adelanto de la Obra.
Cada Misionero llevará una libreta en la que vaya registrando los frutos y dificultades de sus misiones.
Estas reuniones terminarán siempre ante el Sagrario para ofrecer como homenaje de agradecimiento y desagravio a Jesús sacramentado los frutos obtenidos y las obras realizadas o proyectadas y obtener sobre unos y otras sus bendiciones."