El Evangelio a la lámpara del Sagrario

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de junio de 2020

Letanías a Jesús Eucaristía (I)

En junio, mes del Corazón de Jesús, mes en el que la Iglesia celebra la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, ofrecemos una serie de alabanzas a Jesús Eucaristía, entresacadas de los escritos de san Manuel y que nos invitan a adorarle con las mismas palabras con que él lo hacía. En el próximo número ofreceremos una segunda serie.
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El Evangelio a la lámpara del Sagrario (Mes de María, Ángelus)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de mayo de 2020

Acercarnos a María, de la mano de san Manuel

Mayo, mes de las flores, mes de María, es tiempo propicio para acercarnos, con ternura a nuestra Madre. Junto a san Manuel, que todo lo comprendió y contempló en el Evangelio, a la luz de la lámpara del Sagrario, nos acercamos a la Anunciación y a la oración del Ángelus.

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El Evangelio a la lámpara del Sagrario (26/4/20, Domingo III de Pascua)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de abril de 2020

Lc 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo.

«Practicar obras de caridad y misericordia con rectitud de intención, o sea, mirando más al gusto de Jesús que a la misma necesidad socorrida, es excelentísimo modo de orar. Y de ese modo terminó la oración de los discípulos, a saber: ejerciendo la caridad de admirable manera. “En esto llegaron –dice el evangelista– cerca de la aldea a donde iban, y Él hizo ademán de pasar adelante. Mas le detuvieron por fuerza, diciendo: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde, y ya va el día de caída». Entró, pues, con ellos…”. ¡Qué gradación! El orar echando de menos a Jesús lo invita a acercarse. El orar hablando afanosamente y cariñosamente de Él y con Él lo invita a hablar y a acompañar, pero veladamente. El orar obrando el gran mandamiento de Jesús, el amarse los unos a los otros, y con la delicada insistencia del «quédate con nosotros, que ya es tarde», lo obliga a entrar y a quedarse y a comer con ellos y a darse a conocer… ¡Bendita y mil veces bendita virtud de la oración, que has trocado las negruras de la incredulidad y las amarguras de la desilusión en las claridades y dulzuras de la vista, posesión e intimidad de Jesús resucitado!» (OO.CC. I, n. 975-976).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.

El Evangelio a la lámpara del Sagrario (19/4/20, Domingo II de Pascua)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de abril de 2020

Jn 20,19-31: A los ocho días llegó Jesús

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo.

«Desde el momento de la Encarnación, yo puedo llamar al Hijo de Dios, hecho hombre, mi Hermano, y cuando después lo oiga predicar, le puedo llamar mi Maestro, y cuando lo vea hacer milagros, mi Médico, y cuando lo vea morir en la Cruz, mi Redentor, y cuando lo vea resucitar y subir al cielo, mi prenda de resurrección y de gloria, y cuando en la Misa de cada mañana lo vea bajar al altar, como sacerdote y víctima, renovar su sacrificio y su muerte, incorporándome a él y a ella, me sentiré invitado y casi irremisiblemente empujado al sacrificio y a la muerte de mí y de lo mío para recibir en la consumación del sacrificio suyo y mío la Comunión de la vida divina, que muriendo Él por mí y muriendo yo con Él hemos ganado» (OO.CC. I, n. 1338).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.

El Evangelio a la lámpara del Sagrario (12/4/20, Pascua de resurrección)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de abril de 2020

Jn 20,1-9: Él había de resucitar de entre los muertos

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo.

«¡Aleluya! ¡Aleluya! Resucitó. No está aquí. Si la Iglesia con esos dos gritos de júbilo acompañó ese anuncio de los ángeles del sepulcro, ¿con cuántos sería menester acompañar el anuncio de los ángeles del Sagrario: ¡Resucitó! ¡Está aquí…!? Y ¿con cuántos gritos de dolor y de indignación deberían acompañar este otro anuncio que están haciendo constantemente los ángeles de los Sagrarios abandonados… Está aquí y nadie quiere estar con Él?» (OO.CC. II, n. 2877).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.

El Evangelio a la lámpara del Sagrario (5/4/20, Domingo de Ramos)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de abril de 2020

Mt 26,14–27,66: Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo.

«Yo encuentro en el sencillo y extraño aparato del triunfo de Jesús en ese día un motivo de mucho consuelo y aliento para los despreciados y tenidos en menos por el mundo. Jesús escoge para trono de su gran triunfo una borriquilla dócil… Pobrecillos, ignorantes, seres sin lucimiento, escasos de luces, de dinero, de habilidad, ínfimos del pueblo y todos los que despectivamente el mundo llama «burros» ¡alegraos!, ¡con toda vuestra insignificancia llevada en paz, y precisamente por ella podéis ser escogidos para tronos y coronas de Jesucristo, Rey inmortal de los siglos…! Un consejo a las almas que no quieren o no pueden llevar cruz: Vuestro no poder o no querer procede de que habéis olvidado que antes del Viernes Santo está el Jueves Santo: Esto es, que antes del calvario está el Cenáculo» (OO.CC. II, n. 2862-2863).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.

El Evangelio a la lámpara del Sagrario (29/3/20, Domingo V de Cuaresma)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de marzo de 2020

Jn 11,3-45: Yo soy la resurrección y la vida

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo.

«Y omitiendo centenares de casos, ¡qué contraste tan solemne entre Lázaro sepultado y Jesús diciendo ante su sepulcro: «Yo soy la resurrección y la vida… ¡Lázaro, sal fuera!» y entre tantos paralíticos y muertos, Jesús exclamando: «Yo te digo: levántate y anda», y entre los rugidos de la envidia de los fariseos y los temblores de la cobardía de Pilatos preguntando: ¿Tú eres rey?, la serena majestad de Jesús diciendo: «Tú lo has dicho: Rey soy Yo». Entre los hombres ¡cuántas veces el «yo soy… yo digo…», es la fórmula de las bonitas mentiras, de la vanidad y del orgullo! En la boca de Jesús es la expresión majestuosa de la Verdad y del Poder de Dios enseñando y redimiendo a los hombres» (OO.CC. I, n. 1593).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.

El Evangelio a la lámpara del Sagrario (22/3/20, Domingo IV de Cuaresma)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de marzo de 2020

Jn 9,1.6-9.13-17.34-38: Él fue, se lavó y volvió con vista

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo

«“¿Tú crees en el Hijo de Dios?” (Jn 9,35) No recibas con extrañeza esta mi pregunta, sacerdote mío. Y si no puedes reprimirla déjame que te diga que más pena me causa a Mí hacerla que extrañeza a ti recibirla. ¡Tengo que hacer esa pregunta a tantos y tantas veces! Me veo tratado por muchos de mis bautizados y hasta de mis preferidos de modo tan distinto de como debe ser tratado el Hijo de Dios, que da lugar a que les vuelva a preguntar como a aquel cieguecito de Siloé que, después de curado, no sabía quién era el hombre aquel que le había devuelto la vista: ¿Tú crees en el Hijo de Dios? Pero con esta gran diferencia: que el ciego del milagro podía tener motivos legítimos para no conocerme, ¡ciego de nacimiento, ignorante, obligado a mendigar su sustento, sin una mano que lo hubiera traído a Mí y sin una voz caritativa que de Mí le hubiera hablado!… ¡Pero los otros, los nacidos en familias y pueblos cristianos, los agasajados por mi Corazón, los instruidos en mi Ley, ésos… deben estar enterados de quién es el hombre aquel! ¡Y, sin embargo, ni aun como hombre me tratan!» (OO.CC. I, n. 573).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.

El Evangelio a la lámpara del Sagrario (15/3/20, Domingo III de Cuaresma)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de marzo de 2020

Jn 4,5-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo

«¡La gracia! Ese ser divino que nos hace hijos de Dios y herederos de su gloria, que trueca la ruin arcilla de nuestro ser natural en el rico oro del ser sobrenatural, esa virtud divina que da valor de obras y merecimientos de Dios a nuestras pobres obras, que hace de enemigos de Dios y amigos del demonio, amigos e hijos de Dios y enemigos formidables del demonio… ¡La gracia! ¡Cuánto vale y cuán poco se conoce y se estima!

¡Cuántas veces puede repetir Jesús desde su Sagrario fuente de todas las gracias, la queja que desde el brocal del pozo de Jacob dirigía a la pobre Samaritana: «Si conocieras el don de Dios!». En vez de pedirte Yo a ti agua, tú me pedirías el agua que salta hasta la vida eterna y que quien la bebe no padecerá sed de otras aguas ni de otros goces eternamente. “Señor, dame de esta agua y no tendré más sed…”» (OO.CC. I, n. 1007).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.

El Evangelio a la lámpara del Sagrario (8/3/20, Domingo II de Cuaresma)

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de marzo de 2020

Mt 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol

Pensamientos de san Manuel González para orar con las lecturas de este domingo

«El mismo Sacrificio en el Calvario y en el Altar, el mismo sacerdote, Jesús, la misma Víctima, Jesús, (el sacerdote no es un sucesor de Jesús, es su ministro; con Él y por Él, ofrece y se ofrece). Y veo, por último, en torno de esas Misas, el cielo, la tierra y los abismos esperando, recibiendo, agradeciendo… El cielo, cerrado desde el primer pecado de Adán hasta el momento de morir Jesús, abierto de par en par y por sus puertas entrando riadas de almas selladas con gotas de Sangre del Sacrificio, y ocupando las sillas vacantes que dejaron los ángeles rebeldes, y en el fondo y a derecha del Padre, Jesús, el Hijo de todas sus complacencias, con su humanidad sacrificada, con sus cicatrices resplandecientes…

La tierra, antes del Calvario, erial de piedras y espinas, cloaca de podredumbres, gusanera inmunda, trocándose en jardines preciosos con toda clase de flores de virtudes y de frutos de buenas obras, en hogares de refugio para todos los afligidos y perseguidos, en viveros de hombres nuevos, recios, aspirantes a la perfección más alta.

Los infiernos, el Seno de Abraham, en el que generaciones de justos esperaban ansiosos la hora nona del Calvario de Jesús, vacío; el purgatorio, abriendo anchas escalas para dar salida en dirección del cielo a innumerables almas teñidas con gotas de Sangre del cáliz consagrado. Y por encima de cielos, tierras y abismos, veo al Padre celestial tantos siglos airado con los hombres pecadores y ahora rebosante de gozo, mirando a su Hijo ofrecido en cada Misa de la tierra, multiplicando indefinidamente sobre ella el eco de la voz que se oyó en el Tabor: “He aquí a mi Hijo muy amado en el que tengo mis complacencias”» (OO.CC. III, n. 5289).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.