4º Domingo de san José

Pliego publicado en El Granito de Arena de febrero de 2021.

Domingo 4º (21 de febrero de 2021)

PADRE EN LA ACOGIDA 

Oración inicial

V. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

V. Jesús mío, no te vayas de mí, que me muero sin Ti. Madre mía Inmaculada, enséñame la vida interior. Padre mío san José lléname de espíritu reparador y nazareno.

R. Madre Inmaculada y patriarca san José, los que mejor supieron y saborearon el Corazón de Jesús en la tierra, dadnos parte en vuestras intimidades.

Lectura evangélica (Lc 2,22-35)

Y, cuando llegó el día de su purificación, de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; y para hacer la ofrenda que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones. Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. Movido por el mismo Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, según tu palabra, dejas libre y en paz a tu siervo, porque mis ojos han visto a tu salvador, que has dispuesto ante todos los pueblos como luz revelada a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel. El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, la madre: —Mira, éste está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será una bandera discutida y así quedarán patentes los pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón.

Dolores y gozos de san José

Glorioso Patriarca san José, por el dolor que experimentaste al oír en el templo que Simeón profetizaba la Pasión de Jesús, y por el gozo que sentiste al saber que por ella salvaría a los hombres, te pido que me alcances la gracia de conocer el mérito de la cruz y de amarla. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Texto del papa Francisco y de san Manuel González

Del papa Francisco en Patris corde

«José acogió a María sin poner condiciones previas. Confió en las palabras del ángel. La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Y, en su duda de cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio.

La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Solo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo. José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Solo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia» (n. 4).

De los escritos de san Manuel González (Pláticas a las hermanas)

«Toda la grandeza suya viene de la proximidad con Jesús. (…) Fuera de todas las acciones buenas de su vida oculta… vemos que su nombre y grandeza se lo da el haber hecho de Padre de Jesús, su proximidad con Él. Saquemos de aquí nosotros, ya que tenemos siempre esa hambre de grandeza, de ser más querido, más estimado… saquemos de esto acercarnos mucho a Jesús y tendremos la verdadera grandeza» (30/1/1931, p. 92).

Súplica final

V. Sé siempre, san José, nuestro protector.

R. Glorioso patriarca san José, que tuviste la dicha de ganar y dar el pan de cada día a Jesús en Nazaret, ¡que la tenga yo de ganar y dar la compañía de cada hora a Jesús Sacramentado!

V. Ruega por nosotros, san José.

R. Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración (Papa Francisco)

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal.

Amén

Publicado en 7 Domingos de San José, El Granito de Arena.

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