Cartelera recomendada (febrero 2021): Morir en paz

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2021.

Incurable no significa incuidable

Basada en hechos reales, Rescate en el Mar Rojo narra la historia de un grupo de espías israelíes que consiguieron salvar a judíos etíopes rescatándolos de los campos de refugiados sudaneses. La película se basa en el libro de Gad Shimron, uno de los agentes secretos que vivió esta operación desde dentro.

Morir en paz

Duración: 29 minutos
Año: 2020
País: España
Género: Drama
Director: Andrés Garrigó
Cómo verla: Gratuita en YouTube
Web: morirenpaz.org

En el tramo final de nuestra vida desearíamos no sufrir, no sentir angustia, estar acompañados, ser tratados con cariño, tener paz. ¿Un sueño? No, es una realidad que Goya producciones ayuda a difundir a través de este proyecto multimedia, sin fin lucrativo. Este gran documental sobre la eutanasia y los cuidados paliativos lleva por nombre Morir en paz.

En estos tiempos de pandemia muchas personas han lamentado la pérdida de seres queridos debido al covid-19 y todos nos hemos hecho más conscientes de la importancia y la necesidad de morir en paz, acompañados y cuidados hasta el final. Todos hemos sentido indignación ante la falta de recursos sanitarios que obligaba a los profesionales a elegir a quién atender y a quién dejar morir, con la consiguiente carga moral y psicológica, como si la vida de unos tuviera más valor que la de otros. En estos tiempos en que tanto las personas como los gobiernos de las naciones luchan por la salud y la vida de todos, paradójicamente, la eutanasia sigue ganando terreno en nuestros países y ya son muchos los que la han despenalizado, convirtiéndola en un derecho más.

Una realidad desconocida
Este documental nos hace reflexionar sobre ello, mostrándonos una perspectiva diferente, abriendo la puerta a una realidad quizás todavía muy desconocida en nuestra sociedad como son los cuidados paliativos.

El hombre fue creado para la vida; nadie quiere morir. Lo estamos viendo en estos momentos de pandemia. Pero, ¿por qué entonces hay personas que lo piden? Este film nos muestra que la demanda de eutanasia nace casi siempre de la ignorancia del bien morir y termina al descubrir que es posible acabar con el sufrimiento sin acabar con el sufriente. El ideal, tal como propone la Iglesia católica, es poner los cuidados paliativos al alcance de todos.

Una concepción antropológica
¿Por qué entonces los gobiernos se empeñan en aprobar leyes que legalicen la eutanasia y el suicidio asistido? La primera respuesta, como nos muestra el documental, puede ser el coste económico, pero en definitiva, lo que hay detrás de estas leyes es una determinada concepción del ser humano y una visión del sufrimiento, el dolor y la muerte.

A este respecto, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado recientemente (el 22 de septiembre de 2020) la carta Samaritanus bonus sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida. En ella, se dice: «Estas leyes niegan los límites éticos y jurídicos de la autodeterminación del sujeto enfermo, oscureciendo de manera preocupante el valor de la vida humana en la enfermedad, el sentido del sufrimiento y el significado del tiempo que precede a la muerte. El dolor y la muerte, de hecho, no pueden ser los criterios últimos que midan la dignidad humana, que es propia de cada persona, por el solo hecho de ser un “ser humano”.

Hoy en día algunos factores limitan la capacidad de captar el valor profundo e intrínseco de toda vida humana: el primero se refiere a un uso equivoco del concepto de “muerte digna” en relación con el de “calidad de vida”. Irrumpe aquí una perspectiva antropológica utilitarista, que viene «vinculada preferentemente a las posibilidades económicas, al “bienestar”, a la belleza y al deleite de la vida física, olvidando otras dimensiones más profundas –relacionales, espirituales y religiosas– de la existencia. En virtud de este principio, la vida es considerada digna solo si tiene un nivel aceptable de calidad, según el juicio del sujeto mismo o de un tercero, en orden a la presencia-ausencia de determinadas funciones psíquicas o físicas, o con frecuencia identificada también con la sola presencia de un malestar psicológico. Según esta perspectiva, cuando la calidad de vida parece pobre, no merece la pena prolongarla. No se reconoce que la vida humana tiene un valor por sí misma.

Un segundo obstáculo que oscurece la percepción de la sacralidad de la vida humana es una errónea comprensión de la “compasión”. Ante un sufrimiento calificado como “insoportable”, se justifica el final de la vida del paciente en nombre de la “compasión”. […] Sería compasivo ayudar al paciente a morir a través de la eutanasia o el suicidio asistido. En realidad, la compasión humana no consiste en provocar la muerte, sino en acoger al enfermo, en sostenerlo en medio de las dificultades, en ofrecerle afecto, atención y medios para aliviar el sufrimiento. […]

Por lo tanto, la eutanasia es un acto homicida que ningún fin puede legitimar y que no tolera ninguna forma de complicidad o colaboración, activa o pasiva. Aquellos que aprueban leyes sobre la eutanasia y el suicidio asistido se hacen, por lo tanto, cómplices del grave pecado que otros llevarán a cabo. Ellos son también culpables de escándalo porque tales leyes contribuyen a deformar la conciencia, también la de los fieles».

Ana Mª Cayuso Prados, m.e.n.
Publicado en Cartelera recomendada, El Granito de Arena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *