Orar con el obispo del Sagrario abandonado (enero 2021)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2021.

«Jacob engendró a José, el esposo de María,
de la cual nació Jesús, llamado Cristo» (Mt 1,16)

Afirma san Manuel: «El medio siempre eficaz para hacer de las almas piadosas, almas sublimes, y de una parroquia muerta, una parroquia viva, es la devoción sólida, afectuosa y expansiva al Sagrado Corazón de Jesús, vivo en el Sagrario y en él buscado, comido, consolado, imitado y amado hasta volverse loco. Y al que aun le quedare un poquito de duda diré lo que santa Teresa, recomendando la eficacia de la devoción a san José: ¡que haga la prueba!» (OO.CC. II, n. 1745).

He aquí las claves para una parroquia viva: devoción al Sagrado Corazón de Jesús, amor a Jesús vivo en el Sagrario y comido en la Eucaristía, y devoción a san José. Es la receta que ofrece san Manuel González a cualquier sacerdote y laico que desee una comunidad parroquial viva y expansiva, tal como recomienda en su libro Lo que puede un cura hoy. Bien sabemos que lo escrito en este libro es todo experiencia pastoral. Es lo que vivió en la parroquia de San Pedro, de Huelva, cuando era arcipreste de esa ciudad y contaba solo con 33 años. Son vivencias profundas que permanecen con total actualidad, que emanan y transmiten la gozosa esperanza de una siembra abundante de Evangelio.

El papa Francisco nos ha regalado el pasado 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, la Carta apostólica Patris corde, con motivo del 150º aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia universal.

La devoción a san José atraviesa la Historia de la Iglesia. San Manuel también acudía a él con frecuencia y lo nombra asiduamente en sus escritos, proponiendo, en especial, que su imagen esté presente en los templos junto a la imagen de María Inmaculada: «Se representa por la cristalera del lado del Evangelio con María Inmaculada y san José presentando en medio de una floresta, que rodea a la parroquia de una aldea al Niño Jesús, que da su Corazón a cambio del que el pueblo cristiano, presidido por su sacerdote, le ofrece» (OO.CC. III, n. 5209).

Oremos, delante de Jesús Sacramentado, dándole gracias por habernos dejado en san José, su padre en esta tierra, el modelo de un hombre justo, santo, orante, trabajador, humilde y custodio de la Virgen Santa y del Niño Dios.

Oración inicial
Dios, rico en misericordia y compasión, que confiaste los primeros pasos de tu Hijo, el Verbo encarnado, a la fiel custodia de san José, haz que, imitando su ejemplo, cada bautizado viva en plena confianza en ti, como él se entregó a cumplir tu voluntad, y que toda la Iglesia, bajo su patrocinio, busque y promueva la salvación de todos los hombres. PNSJ.

Escuchamos la Palabra
Mt 1,16-18. 21-24a.

Meditación de la Palabra
Es justo y necesario hoy, en la Iglesia, crecer en esta devoción a san José. Su gran misión fue custodiar a la Virgen y a Jesús. Custodia y acompaña a Jesús en su crecimiento en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres. El papa Francisco comenta este episodio del Evangelio según san Mateo con estas palabras: «El personaje central es José, novio: quería mucho a su prometida esposa, y ella se había ido al encuentro de su prima para ayudarle, y cuando regresa se veían los primeros signos de la maternidad». José sufre y piensa: “Esta mujer es buena, yo la conozco. Es una mujer de Dios. Pero ¿qué me ha hecho? ¡No es posible!”. José, en el momento más oscuro, carga sobre sí el problema. Y al final llega el Señor: le envía el ángel. Digamos con confianza, en los malos momentos: “Señor, la historia no comenzó conmigo ni acabará conmigo. Tú estás adelante, yo estoy preparado”. Y así nos ponemos en las manos del Señor» (Homilía, 18/12/2014).

En el inicio de la Carta apostólica Patris corde, Francisco sintetiza muy bien quién es san José: «Sabemos que fue un humilde carpintero, desposado con María; un “hombre justo”, siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley y a través de los cuatro sueños que tuvo. Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio “no había lugar para ellos” (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores y de los Magos, que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos».

Mirando cómo José custodió a Jesús y protegió a María, acudamos a él con frecuencia para que sea nuestro abogado intercesor: «Por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano, como lo demuestra el hecho de que se le han dedicado numerosas iglesias en todo el mundo; que muchos institutos religiosos, hermandades y grupos eclesiales, se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre; y que desde hace siglos se celebran en su honor diversas representaciones sagradas.

Muchos santos y santas tuvieron gran devoción, entre ellos Teresa de Ávila, quien lo tomó como abogado e intercesor encomendándose mucho a él y recibiendo todas las gracias que le pedía. Alentada por su experiencia, la santa persuadía a otros para que le fueran devotos» (PC 1).

Claves de la Carta apostólica
Francisco le da a san José siete títulos que expresan su relación con el Padre Dios y con Jesús, y cómo vivió su experiencia de creyente. Estos títulos son:

  1. Padre amado: se dejó amar para servir al Mesías.
  2. Padre en la ternura: Jesús vio la ternura de Dios en José.
  3. Padre en la obediencia: en cada circunstancia José supo pronunciar su «fiat», como María en la anunciación.
  4. Padre en la acogida: José acogió a María sin poner condiciones.
  5. Padre de la valentía creativa: José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención.
  6. Padre trabajador: de él, de José, Jesús aprendió el valor de la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.
  7. Padre en la sombra: José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Supo descentrarse para poner a María y a Jesús en el centro de su vida.

Escuchemos nuevamente a san Manuel González
«Madre Inmaculada y patriarca san José, los que mejor supieron y saborearon el Corazón de Jesús en la tierra, dadnos parte en vuestras intimidades. Ángeles de nuestra guarda y de nuestros Sagrarios, dadnos a gustar algo de lo que siente el Corazón sacerdotal de nuestro Jesús ofreciéndose inmolado en nuestras Misas, dándose sin reserva a los comulgantes buenos y malos, y viviendo oculto y callado en nuestros Sagrarios, singularmente en los abandonados» (OO.CC. I, n. 365).

«Marías, ¡lo que se aprende en Belén! ¡Qué buena escuela para vosotras es Belén y qué buenos Maestros Jesús, María y José! Jesús empieza ya a ser el desconocido, el no buscado, el desechado, el fugitivo, de aquellos a quienes amaba y venía a salvar… María y José son los únicos seres humanos que lo conocen, lo acompañan, lo reciben o huyen con Él. Jesús lleva viviendo entre nosotros en su Iglesia y en su Eucaristía veinte siglos y en multitud de Sagrarios y de pueblos sigue siendo el desconocido, el no buscado, el desechado, el fugitivo… Pero con una diferencia grande de su primer día de Belén: que en esos Sagrarios no tiene quien sustituya a sus únicos acompañantes de entonces, María y José… ¡Solo! ¡A los veinte siglos de acompañarnos! Marías, Discípulos de san Juan, ¿os gusta ese oficio? ¡Sustitutos de María y de José cerca de Jesús abandonado en el Portal de tantos Sagrarios! Pues, andad, decid a vuestros sustituidos que os enseñen a pensar, a sentir, a querer, a trabajar como ellos para que con todo eso se sienta acompañado vuestro Jesús hasta el punto ¡oídlo bien! de que casi no eche de menos el abandono de los demás…» (OO.CC. I, n. 706).

Miguel Ángel Arribas, Pbro.

Letanías de san José
San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David
Luz de los Patriarcas
Esposo de la Madre de Dios
Casto guardián de la Virgen
Padre nutricio del Hijo de Dios
Celoso defensor de Cristo
Jefe de la Sagrada Familia
José, justísimo
José, castísimo
José, prudentísimo
José, valentísimo
José, fidelísimo
Espejo de paciencia
Amante de la pobreza
Modelo de trabajadores
Gloria de la vida doméstica
Custodio de Vírgenes
Sostén de las familias
Consuelo de los desgraciados
Esperanza de los enfermos
Patrón de los moribundos
Terror de los demonios
Protector de la Santa Iglesia
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.
V.- Le estableció señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su hacienda.
Oremos: Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a san José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén

Publicado en El Granito de Arena, Orar con el Obispo del Sagrario Abandonado.