NUEVA SECCIÓN: «Su afmo. P. in C. J.»

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2021.

Haz lo tuyo y deja lo demás al Señor
Cartas de san Manuel González a Dña. Pura Vila

«Su afectísimo padre desde el Corazón de Jesús» o, con abreviaturas, «Su afmo. P. in C.J.». No es fácil traducir esta expresión que es la que habitualmente usaría san Manuel al concluir sus cartas y que hemos querido que sea la que dé título a esta sección del El Granito de Arena, ideada para aprovechar al máximo la lectura de todas las epístolas que escribió. Con el afecto, el amor paternal de sacerdote y no queriendo más que ser reflejo de todo aquello que encierra el Corazón de Jesús, D. Manuel escribió muchísimas cartas a sus contemporáneos llenas de consejos, reflexiones, palabras de ánimo, etc., que ahora podemos leer y meditar nosotros, casi un siglo después.

Tras comprobar las pocas cartas que se han conservado de las primeras Marías de los Sagrarios, comienzo esta sección comentando las que D. Manuel dirigió a una de ellas: Dña. Purificación Vila Linares.

Virtuosísima dama
Natural de Sanlúcar de Barrameda, emparentada con el cardenal Spínola (su esposo fue sobrino de D. Marcelo), quedó viuda con dos hijas jóvenes. No sabemos desde cuándo fue María de los Sagrarios, pero sí que su hermana Mercedes, que fue religiosa esclava concepcionista del Sagrado Corazón, recibió del arcipreste de Huelva su medalla y el encargo de acompañar el Sagrario del pueblo de Niebla, de modo que hay que presumir que también Purificación fuese de las primeras, no onubenses, en unirse a las Marías.

Madre, María, catequista…
Fueron 49 las cartas que ella entregó para la causa de canonización, la primera de 1914 y la última en 1939, de modo que corresponden prácticamente a toda la vida de san Manuel como sacerdote y obispo. Dña. Pura fue no solo María activa, preocupándose por el Sagrario de la humilde barriada de Bonanza, siendo además una madre de familia volcada en sus hijas, a las que tuvo que criar siendo viuda al mismo tiempo que cuidaba a su madre, también fue catequista y sacó adelante muchas obras sociales en Sanlúcar de Barrameda, ciudad que reconocería su labor con los más humildes distinguiéndola como hija predilecta y colocando una placa en su memoria que todavía hoy puede verse en la calle Bolsa 6, de esta localidad, la casa en la que vivió.

D. Manuel fue, durante años, su director espiritual y en las cartas en las que se refiere a su alma y a sus prácticas de piedad no faltan sabrosos consejos (a la madre, a la catequista, a la María) en los que se manifiesta la visión que de la ascética tiene nuestro santo, esa ascética que es «como una ciencia que fija y enseña principios, como un arte que da reglas o como un modo de vivir, no tiene otro fin que poner al alma en disposición de dar a Dios la mayor gloria por medio del ejercicio de las virtudes» (OO.CC. I, n. 180); y así «la dominación de ese egoísmo y de su turbulenta familia por medio de las virtudes opuestas, con el auxilio de la gracia de Dios, ése es el arte, y la ciencia, y la vida de la ascética ¡El vencimiento habitual de sí mismo! ¡Morirse a todo afecto desordenado!» (OO.CC. I, n. 186).

En efecto muchos de los comentarios que hace D. Manuel en las cartas que escribe a Dña. Pura durante los años en que fue su director espiritual, inciden en ese aspecto que debe ser tan fundamental en la vida de cualquier cristiano, vivir cada día, en las cuestiones más ordinarias, en una permanente pero feliz lucha contra lo que nos separa de Dios, pues cada batalla que ganemos significará acercarnos más a Él:

¿Qué hará esta Cuaresma? Pues lo mismo exactamente que debe hacer todos los días, pero muy fiel y rectamente hecho. Se conoce que el enemigo trata de tentarla a V. con frecuencia con desalientos y tedios de su vida ordinaria. Muy bueno es que después de haber cumplido y hecho muy bien todas nuestras obras buenas, nos tengamos por siervos inútiles, como nos recomienda el Señor, pero eso no quiere decir que hemos de cambiar de obras o de prácticas o hacer cosas extraordinarias o convertirnos en impecables, sino que lo que hay que cambiar o mejorar es el modo de hacerlas y la intención que las dirige (OO.CC. IV, n. 5404).

Incluso las acciones caritativas hacia los necesitados, que tan importantes son, e importantes fueron siempre para san Manuel, están en un segundo plano, cuando se trata de vivir esa ascética del cristiano:

…le digo que ante todo su alma es el primer pobre que ha de socorrer y solo por un caso desusado y extraordinario deje o disminuya su oración. Dé V. al Señor su parte entera y Él le multiplicará el tiempo y las fuerzas para los demás (OO.CC. IV, n. 5401).

Como tantas almas, también Dña. Pura sentía la inquietud de las tentaciones y confiaba esos sentimientos a su director espiritual que le respondía:

Adelante sin desmayos. Mientras vivamos aquí, hemos de sentir tentaciones y rebeliones de lo de abajo contra lo de arriba, pero el Señor no nos enseñó a pedir que nos quitara las tentaciones, sino que no nos dejara caer. De modo que ¡a no dejarse caer! y, si en algo se cae, no olvide que los santos no fueron los que nunca cayeron, sino los que siempre se levantaron (OO.CC. IV, n. 5413).

Mientras las distracciones y sequedades sean involuntarias, lejos de desmerecer gana V. con ellas. Dios manda hacer no sentir las cosas buenas […] Horrorícese lo que quiera pero no pierda la paz. Es tan natural en nosotros el caer, que lo que debe extrañarnos es no caer (OO.CC. IV, n. 5420).

Cuando Doña Pura, que como se ha dicho era María activa y encargada de varias tareas pastorales, le escribía contándole cómo ante las contrariedades y disgustos en esas obras de piedad que emprendía y que le hacían volver a casa llorando, pensaba en dejarlo todo «porque me parece que más ofendo a Dios con mis turbaciones y mis impaciencias que le sirvo con mis pobrísimos trabajos», su director espiritual le contestará:

Si el temor a las imperfecciones nos debiera apartar de las obras en que las cometemos, deberían meternos en un fanal: no haríamos nada. La perfección está en luchar con las imperfecciones no con las obras o en suprimirlas (OO.CC. IV, n. 5422).

Cartas de ida y vuelta
Varias de las cartas que se conservan de las que intercambiaron D. Manuel y Dña. Purificación Vila son cartas de ida y vuelta, que enviaba ella dejando espacio para que su director espiritual le contestara. Gracias a esto conocemos las circunstancias para las cuales pedía consejo. Especialmente curiosos resultan unos párrafos en los que pregunta a D. Manuel acerca de su labor como catequista. Dña. Pura comienza lamentándose: «nunca he tenido más mala suerte que este año –escribirá– tengo catorce o quince niños que se preparan para la Primera Comunión, todos son torpes, esta vez ninguno sabe nada y yo dispongo de poco tiempo. Qué hago ¿los dejo? y si no los dejo ¿qué es lo menos que pueden aprender para hacer la Primera Comunión?». D. Manuel contestará, en un interlineado, a sus dos preguntas, muy divertida resulta la respuesta que da a la primera ¿dejarlos?:

De ningún modo. El Señor también es Padre de los torpes. [Deben] Distinguir pan de pan, saber que hay Dios uno y trino, que da la gloria a los buenos y el infierno a los malos y que cuando se comulga, se toma al Señor. La inocencia del alma suplirá la falta de ciencia (OO.CC. IV, n. 5428).

Obispo y director de alma
No dejó de dirigir su alma cuando se convirtió en obispo, en aquellos momentos le pedirá que empiece a ejercer como María activa en la zona de Bonanza. Desde Málaga le seguirá instando a llevar una vida más cerca de Jesús, y a vencer los escrúpulos que quitan la paz y la alegría:

Lo que importa es que cada vez lo busque más a Él y le importe un comino todo lo demás…(OO.CC. IV, n. 5464).

¿Está haciendo algo especial este mes del Amo? Yo la quisiera este mes más eucarística, si cabe, más deseosa de unirse a Él en el Sagrario; de ofrecerle con generosidad cosas que le cuesten, y de hacerlo todo puramente por darle gusto. En esto de adelgazar y purificar la intención nunca se trabaja bastante y siempre se puede adelantar más (OO.CC. IV, n. 5492).

Bendigo ante todo al Amo porque le va poniendo ese fondo de amargo disgusto de cuanto no es Él. Yo no la quiero triste ni melancólica ni Él tampoco; pero la queremos alegre porque lo tenemos a Él en el Sagrario, porque Él se digna dejarse acompañar y desagraviar y solazar con todo lo que le hagamos, digamos, pensemos y deseemos con buena intención y porque Él ha querido hacerse nuestro todo si nosotros hacemos de Él nuestro único y por tanto, nada ni nadie nos puede dañar de verdad porque nada ni nadie nos puede separar de Él si no queremos. De modo que ¡a apoyarse cada vez más en el Sagrario y a hacerse cada [vez] más hostia para ser mejor admitida y regalada allí! Y así vengan tristezas y desolaciones y el infierno con todos sus tormentos. Así la quiero y así pido que sea. A otra cosa (OO.CC. IV, n. 5497).

Apruebo desde luego los tres deseos con que quiere comenzar el año nuevo y pido con ganas al Amo se los realice. Se los quiero repetir aquí para que no se le olviden 1º deseo de no cometer ni aun faltas veniales 2º de amor eucarístico cada vez más intenso y 3º de servir a Dios en la persona de sus pobres. Muy bien y que así sea. Yo a mi vez insisto en que todo eso lo conseguirá si conserva su paz a través de todas las dificultades y aún caídas no dejando el «tú haz lo tuyo». Hay que vivir colgado de la voluntad del S.C. en cada hora como se cuelga una cosa de un clavo. No hay que buscar ni más apoyo ni más arrimo que ese dulce clavito. Así ¡cuánta paz y cuánto adelanto! (OO.CC. IV, n. 5508).

¿No se acuerda ya del tú haz lo tuyo y deja al Amo el cuidado y la gloria? Le voy a poner como práctica para esta Cuaresma una sola cosa: que diga siempre que le asalte un temor, una preocupación, algo que no pertenezca a la obra que en aquella hora le esté pidiendo el Amo, esta palabra: ¿a mí qué me importa eso ahora? ¡Tengo tantas ganas de verla y sentirla en paz habitual! y ¿no lo voy a conseguir? Con eso solo que haga, la tendrá. Voy a pedir para V. despreocupación; así, ocupada siempre, preocupada, nunca, ¿estamos? (OO.CC. IV, n. 5525).

Con ese «haz lo tuyo» y deja lo demás al Señor, que repetía a Dña. Pura Vila y ahora nos repite a nosotros, san Manuel pone de manifiesto la importancia de la confianza en Dios que forma parte del primero de los mandamientos, amar a Dios sobre todas las cosas. Amarle significa también dejarnos conducir por Él hacer lo que nos pide: «lo nuestro», lo ordinario, lo que está en nuestras manos, con la seguridad de que Él que nos ama sabe más y es quien hace el resto. Ese abandono en Dios es una buena fórmula para estar en paz, y así se lo hará ver san Manuel en varias ocasiones:

Por lo que me cuenta y yo veo, entiendo que el Amo la quiere purificada en todo, hasta en su cariño de madre y así me explico las penas que de ese lado le vienen hace tiempo. Acéptelas para este fin y V. ganará Dios y su alma. Ese es su único negocio y su única atención. Lo demás en tanto en cuanto y nada más. Pida y trabaje por no ver ni buscar en todo lo suyo natural y sobrenatural más que eso: gloria para Él y negación para V. Ver así las cosas es verlas de verdad y marchar segura y en paz. Pídale este regalito a la Madre Inmaculada y al Niño negado de Belén (OO.CC. IV, n. 5602).

El regalo más pedido
Esa paz era el regalo que habitualmente pedía para ella en las cartas de felicitación que puntualmente le enviará en el día de su onomástica, el 2 de febrero. La última la recibiría en febrero de 1939. Son muy bonitas las palabras que san Manuel usa para describir el hermosísimo día de la Purificación de nuestra Señora, como por ejemplo esta que corresponde al año 1935:

Como felicitación de su hermoso día, le deseo y pido para V. la intimidad con Jesús que tuvo el Anciano Simeón, para que así como el Santo Anciano pudo gozarse teniendo al Divino Niño en sus brazos, como premio a su fidelidad, así V. tenga tal intimidad con el Jesús del Sagrario que viva siempre en su corazón y en él tenga sus complacencias (OO.CC. IV, n. 6374).

Esta constancia en el recuerdo a las personas que trataba me parece otra pequeña lección que podemos aprender leyendo las cartas de san Manuel; la delicadeza que mostraba felicitando en las navidades, en las onomásticas y otros aniversarios a tantas personas, a pesar del trabajo o de vivir en condiciones precarias, es una muestra del cuidado que siempre puso en esos detalles humanos que él siempre hacía además con visión sobrenatural.

Entre la familia López-Spínola Vila y la de D. Manuel siempre existió una auténtica amistad a imitación de la de Jesús con la familia de Marta, María y Lázaro que con sentido evangélico siempre practicó. En las cartas se aprecia cómo les acompañará en los momentos difíciles y también en las alegrías, como en el nacimiento de la primera nieta «Lourditas», que con el tiempo sería una de las primeras mujeres catedráticas en la Universidad española. Por otro lado también D. Manuel le confiará sus iniciativas apostólicas, y así el 23 de marzo de 1921 le escribe:

…cuando esté más tranquila le daré noticias frescas y concretas de la Obra futura de M.N. que muy en breve vamos a empezar a ensayar con gran modestia (OO.CC. IV, n. 5571).

La lectura de las cartas que dirigió san Manuel a Dña. Pura están repletas de consejos sensatos, sobre cómo perseverar en la oración cuando se hace árida y seca «Dios manda hacer, no sentir, cosas buenas» (OO.CC. IV, n. 5420), o cuando llegan momentos de tribulación «si de la mano de Dios recibimos los bienes ¿por qué no hemos de recibir lo que nos parezca malo?» (OO.CC. IV, n. 5511). También sobre cómo practicar la caridad con aquellos con los que tenemos roces, «haga todos los días alguna oración u obra buena por esa persona. ¡No faltaba más!» (OO.CC. IV, n. 5575), unos consejos que siempre viene bien volver a escuchar.

Aurora Mª López Medina
Agradeciendo la colaboración de mi amiga sanluqueña la Dra. Elena López Barba
Publicado en Cartas de san Manuel, El Granito de Arena, OOCC San Manuel González.

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