Historias de familia: Posdata (diciembre 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2020.

«Dulce como un mantecado de Pascua. Escritos de san Manuel González en tiempo de Navidad

Tuvo siempre la costumbre san Manuel de escribir durante las navidades y el principio de año a las personas con las que mantenía correspondencia. Cuando escribía en el tiempo de Adviento solía incluir alguna reflexión que, en su fondo, siempre contenía un consejo para vivir bien la Navidad. Hemos entresacado varios párrafos de cartas, publicadas en el volumen IV de sus Obras completas, que contienen algunos de estos consejos y buenos deseos navideños.
La mayor parte de ellas corresponden a los años difíciles de su destierro, sin poder regresar a su sede malacitana, y de la guerra, y nos pueden servir como jugosa meditación en estos días de fiestas en torno a ese belén donde Dios nos ha nacido, hijo de María.

A sus hijas, las Nazarenas
En la Nochebuena de 1932, desde su destierro en Madrid, dirigiéndose a sus hijas las Marías nazarenas en Málaga, escribirá unas hermosas palabras en las que juega con las contradicciones del nacimiento de Jesús: «A mis queridas HH. Nazarenas envía de aguinaldo luz como la que alumbró la cueva de Belén, calor como el que sentía la Madre con el contacto del Hijo y el Hijo con los besos de su Madre, riquezas de las que guardaba el pesebre; paz como la que allí se cantaba y gozaba, silencio como el que allí se oía y todo lo que allí se veía, oía, gustaba y olía» (OO.CC. IV, n. 6079).
Años después, siendo ya obispo de Palencia en 1935, volverá a escribir en estas fechas a sus hijas de Nazaret, les aconsejaba la contemplación del misterio de la Navidad: «Pido y deseo para vosotras como medio de que os enteréis del Sagrario por dentro, el que os enteréis de las interioridades de Belén: su pesebre, sus pajas de desecho de animales, sus oscuridades, su ausencia de toda limpieza fuera de la que llevaba la Sagrada Familia, sus fríos, sus desamparos, etc., etc. Quien se entere bien de eso ¿cómo y de qué se quejará? ¿cuándo se engreirá? ¿por qué motivo pondrá mala cara? ¿qué sacrificio rehusará…?» (OO.CC. IV, n. 6540).
Y es que, como días antes había escrito a una de estas hijas suyas: «Te quiero con mucha paz y borrachita de alegría de Belén. Eso pido para ti como aguinaldo con mi bendición» (OO.CC. IV, n. 6538).

A Marías de los Sagrarios
Transcurrido un año, el día de Navidad de 1936, cuando la guerra civil española llevaba desde julio azotando el país, escribía a una María de los Sagrarios: «Niño mío Jesús, que te puedas recrear siempre en mí como te recreas en los niños. En las santas Navidades de 1936, una paz recién salida del portalito de Belén. Unas caricias del Niño con la sonrisa de María y de José, para que olvides lo triste y saborees que, teniendo a Jesús, lo tienes todo y sin Él todo falta y con Él todo sobra» (OO.CC. IV, n. 6631).
En 1938, a Isabel Gallego, María de los Sagrarios y maestra en un pueblo de los Pirineos le animaba a aprovechar las vacaciones de Navidad: «Ahora a pasar unos diítas muy cerca de la cuna de Belén, oliendo, viendo, oyendo y practicando lo que allí hay y a prepararte un año 39 de mucha paz, mucha unión con Jesús, grande apostolado buscándole y formándole Marías y niñas Reparadoras que lo sientan» (OO.CC. IV, n. 6941).
En aquellos mismos días recomendaba a una religiosa reparadora: «Pide al Niño de Belén que tanto sabe de padecimientos y soledades que te traiga el regalo de saberte acompañar de Él y saberlo acompañar tú» (OO.CC. IV, n. 6937).

Su última Navidad
Y llegamos a la última Navidad que san Manuel González pasó en la tierra. Era 1939, enfermo ya, la víspera de aquella Nochebuena pudo todavía escribir una carta a Pepita Segovia, deseándole «que el Divino Niño la colme de sus dones más selectos, los que Él reserva para sus íntimos» (OO.CC. IV, n. 7092).
Será esta la última carta que firmaría. San Manuel no deseaba aquí, a la directora de la Institución Teresiana, salud o buena suerte, pedía para ella al Niño Dios unos presentes especiales: los que nacen de la cruz, que aun siendo los mejores, no son sin embargo los que habitualmente deseamos y buscamos, pero él, que había conocido esos regalos, estaba persuadido de que los dones de Dios son siempre «una bendición dulce como mantecado de Pascua ¡Santas Navidades!» (OO.CC. IV, n. 7089).

Aurora Mª López Medina
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia.

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