Cordialmente, una carta para ti (diciembre 2020)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2020.

A pesar de todo, es Navidad

Apreciado lector: Como bien sabes, desde hace años la Navidad ha dejado de ser ocasión de recogimiento espiritual y de unión familiar para convertirse en tiempo de vacaciones, de fiesta y de consumismo. Todos sabemos que la Navidad de nuestros días nada tiene que ver con aquella Navidad que nos contaban nuestros abuelos.
Ysi a esto le añadimos la situación que nos ha creado esta pandemia, nos daremos cuenta de que la Navidad ya no es lo que era. Sin embargo, sigue siendo Navidad. A pesar de todo, es Navidad porque se conmemora lo mismo que antes: el nacimiento del Niño Dios.

Hace algún tiempo te escribí, lector amigo, una carta que titulaba «Los renglones torcidos de Dios». Te la escribí en aquel entonces con motivo de los ataques y discriminaciones que los cristianos padecemos en el mundo, pero de un modo concreto me refería a las crueles torturas y matanzas que estaban teniendo lugar en países como Irak, Paquistán, Egipto, Sudán, Nigeria, etc.

Pues bien, como consecuencia de tales hechos, surgieron movimientos por parte de la Iglesia católica para tratar de conseguir la unión de todos los cristianos del mundo, aunque fuesen de distinto credo. Incluso se creó la Semana de Oración, que cada año celebran los cristianos de todas las iglesias y comunidades eclesiales. A veces tiene que ocurrir algo doloroso para que reaccionemos. «Dios escribe derecho, con renglones torcidos».

Es posible que ahora, cuando una horrible pandemia nos amenaza de muerte, ocurra algo semejante. Es posible que, ante el enorme peligro que representa el coronavirus, muchos vuelvan los ojos hacia Dios y abran las puertas a esa luminosa esperanza que nos trae la Navidad. Es una esperanza de salvación, de renovación cristiana y de recogimiento espiritual. Quienes nos sentimos cristianos de corazón es seguro que aprovecharemos la nueva situación para vivir esta Navidad con más religiosidad, con más fe y con más esperanza que las que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. Y es que «Dios escribe derecho, con renglones torcidos».

Por otra parte, quisiera recordarte, estimado lector, que vivimos en una época en la que resulta muy difícil saber dónde está la verdad y dónde la mentira. Cada día cuesta más trabajo buscar la verdad y distinguirla de la mentira, de la postverdad o del bulo. La manipulación intencionada de la información es hoy moneda corriente. ¿Por qué? Porque se viene imponiendo una concepción relativista de la vida, una concepción que da por hecho que todas las verdades son relativas.

Lo anterior es bastante grave, porque trae como consecuencia que sea difícil hablar de verdades eternas y absolutas, al igual que no podamos decir que una acción sea buena o mala de un modo absoluto, porque todo depende del momento y de las circunstancias en que se ha realizado. Desgraciadamente, el relativismo está invadiendo todos los aspectos de la vida, incluso el ámbito religioso. Verdades que antes se tenían como tales, hoy se ponen en duda o se niegan. Son los nuevos tiempos, en los que el relativismo y el racionalismo pretenden eliminar cualquier vestigio de fe religiosa.

Sin embargo, amigo lector, ante esta crítica situación comprobamos que existen verdades que son innegables y que, por ello, se imponen con fuerza. Y una de esas verdades es que hace poco más de dos mil años, en un humilde portal de Belén, Dios se hizo hombre. Así de sencillo y de grandioso. En aquel humilde portal tuvo lugar el acontecimiento más grande de la historia: el nacimiento del Niño Dios. Ningún otro acontecimiento histórico se le puede comparar, porque lo supera con creces tanto por el hecho en sí como por las múltiples y profundas consecuencias que trajo.

A pesar de las mentiras y de los bulos que actualmente circulan, a pesar del relativismo y del racionalismo imperante, a pesar de quienes pretenden eliminarla, la Navidad sigue siendo una grandiosa verdad histórica y religiosa. A pesar de esta pandemia que padecemos y que nos amenaza de muerte, la Navidad sigue brillando con intensa luz. Y no es, precisamente, por las bombillas de colores que adornan e iluminan nuestras calles, sino que es por la luz que brilla en el corazón de cada cristiano y que está iluminando la llegada del Niño Dios. Esta sí es la verdadera luz de la Navidad.

Con el sincero deseo, amigo lector, de que brille en tu corazón la luz y la alegría de esta Navidad, te felicita cordialmente

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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